El futuro posible entre nosotros

Por Gregorio Pérez Almeida

“Las cosas no podrán continuar como estaban. Una gran parte de la humanidad no puede seguir viviendo en un mundo tan injusto, tan desigual y tan ecocida. Como dice uno de los memes que más han circulado durante la cuarentena: «No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema» La ‘normalidad’ nos trajo la pandemia…” (Ignacio Ramonet)

Mi amigo Roberto Michelín me convenció de leer el artículo de Ignacio Ramonet. Ya estaba interesado cuando el Presidente Nicolás Maduro lo recomendó, pero como le huyo a la intoxicación mediática producida por las fake news -que por cierto Ramonet analiza en detalle-, no lo había hecho, pero la insistencia de mi pana me convenció y en verdad es quizá uno de los artículos más completos que he leído, pero echamos de menos un campo que para nosotros(as) resulta medular: el cultural y educativo.

Las causas y consecuencias económicas y políticas de la pandemia ocupan lo más extenso del artículo y entre las conclusiones del análisis quiero resaltar la del epígrafe y en particular su primera línea: “Las cosas no podrán continuar como estaban”, pero sabe muy bien Ramonet que “deseos no empreñan” y coincide con Atilio Boron, al advertir que:

“…un virus, por perturbador que sea, no sustituye a una revolución… No podemos pecar de inocentes. Las luchas sociales seguirán siendo indispensables. Como dice el historiador británico Neal Ascherson: «Después de la pandemia, el nuevo mundo no surgirá por arte de magia. Habrá que pelear por él»

Habrá que pelear en todos los frentes y con todos los hierros, porque: “pasado el susto, los poderes dominantes, por mucho que se hayan tambaleado, se esforzarán por retomar el control. Con mayor violencia, si cabe. Tratarán de hacernos regresar a la vieja ‘normalidad’. O sea al Estado de las desigualdades permanentes”.

¿Qué hacer para no volver a la “normalidad” e impedir que la restitución capitalista sea con fascismo incluido, como advierte al final del artículo? Son muchos los frentes de batalla, pero el que nos interesa como Contra Escuela de Filosofía, es el frente cultural y educativo, porque este es el campo donde se siembra y cosecha la conciencia necesaria para _re-existir_ al embate capitalista y cambiar el rumbo.

Algo raro está pasando en Venezuela

De la educación que se imparte en el sistema escolar venezolano, tenemos mucho que hablar y hacer si no queremos “volver a la normalidad”, porque esta inédita situación de cuarentena ha hecho evidente, pública y notoriamente, que sigue siendo un sistema escolar apoyado en la transmisión de conocimientos de forma “bancaria” como dice Freire y cuestionaba ya en el siglo 19 Simón Rodríguez. Una escuela que sigue formando “analfabetas de la vida”, pero que son capaces de trabajar en una institución científica y manejar con destreza una Canaima o un TI2020.

Pero, hay algo contradictorio en este momento histórico, porque es evidente que nuestra escuela es bancaria y reproduce patrones de conducta liberales, egoístas y competitivos, pero el pueblo venezolano está dando lecciones al mundo de solidaridad, organización popular y resistencia política, ¿Quiere decir entonces que la incidencia de la escuela en las comunidades venezolanas es nula, que la sociedad venezolana que ha resistido los embates del imperialismo por 21 años siembra la conciencia necesaria para la re-existencia con otros procesos formativos más eficientes que la escuela? Aquí está pasando algo raro…

El futuro posible entre nosotros

En su artículo, Ramonet no aborda el tema cultural y educativo, pero nos da una pista al afirmar que:

“…la espectacular supremacía tecnológica de la que tanto nos ufanábamos, con nuestros teléfonos inteligentes de última generación, los drones futuristas, los robots de ciencia ficción y las biotecnologías innovadoras han servido de poco a la hora de contener el primer impacto de la marea pandémica. Para tres objetivos urgentísimos -desinfectarnos las manos, confeccionar mascarillas y frenar el avance del virus-, la humanidad ha tenido que recurrir a productos y a técnicas viejas de varios siglos atrás”.

¿Qué significa esto? Que el afamado progreso científico y tecnológico de la modernidad capitalista, no puede borrar del “zócalo de su memoria” los conocimientos y saberes ancestrales. Los oculta e invisibiliza, pero están ahí en un rincón del alma de los pueblos y en momentos de crisis civilizacional reflotan como esponjas desde el fondo del mar y en contra de las élites dominantes, auxilian a la humanidad sin distingo de clases, colores de piel y nacionalidades.

Ramonet se refiere a los productos y técnicas de varios siglos atrás, lo dice como europeo que ya no convive con sus ancestros indígenas porque fueron arrasados durante la construcción de la Europa moderna. No es nuestro caso. Con nosotros están los hermanos de los pueblos indígenas que han sobrevivido y re-existido con determinación a la invasión colonialista por más de 500 años.

Cuando digo pueblos indígenas, no estoy hablando del pasado ni de algo lejano, estoy hablando del presente y de algo cercano. Tan presente y cercano como cuando escribo “afrodescendientes” la otra cantera de afinques de re-existencia cultural y educativa en nuestra patria… ¿Será ésta la clave para resolver el enigma del nulo impacto de la escuela capitalista y liberal sobre la mayoría del pueblo venezolano solidario y rebelde?, ¿Será que en nuestra escuela hay mecanismos que no vemos?, ¿Será que en los recreos se desarrolla la contraescuela?

“Las cosas no podrán continuar como están”, es hora de dejar de estudiar filosofía eurocéntrica que no embrutece a nadie, es cierto, pero está hecha para colonizar. Es el momento crucial, definitivo, para rescatar las sabidurías ancestrales y populares venezolanas y latinoamericanas que han re-existido al capitalismo asfixiante y depredador a pesar de la escuela. Escuchemos su palabra y “caminemos con ella”, porque son las portadoras de muchas claves que nos pueden servir para evitar repetir la pandemia neoliberal.

02/05/2020

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