Aclaratorias sencillas para temas complejos

Por Gregorio Pérez Almeida

Me preguntan si estoy proponiendo desechar la filosofía europea y si eso no es un suicidio cultural. Bueno, suicidio no es porque el 99% de los seres humanos no ha leído nunca filosofía y no hay por eso suicidios colectivos y lo de desechar esa filosofía no es nada difícil porque si nos ponemos a buscar podemos montar escuelas de pensamiento filosófico caribeño, náhuatl, andino, indio, chino, africano y tendremos material para estudiar varias décadas. El problema está en que en todas las academias de humanidades y ciencias sociales del mundo se impuso como único canon la mitología filosófica eurocéntrica.

Para dejar las cosas claras, que nunca es suficiente, ¿Qué haremos con esa filosofía?

1) Recuperaremos lo que nos robaron, como hicimos con la Abuela Kueka, pero como ya está intervenido por ellos lo utilizaremos como queramos. Como hacen quienes citan en una misma exposición a Heráclito, Foucoult,  Kant, Nietzsche, Dante, Bauman, Habermas, Marx, ¿Heidegger o Hitler?… (disculpen, es que los confundo)… y rematan con el coreano que está de moda, Byung-Chul Han. Este popurrí filosófico nos dice que la utilidad de un pensamiento no está tanto en él mismo sino en la conciencia del sujeto que lo interpreta, por eso hay marxistas de derecha. O sea, nada nuevo.

2) De lo que recuperemos, tomaremos lo más crítico que nos sirva para nuestra pelea anticolonialista y descolonizadora, por eso hablamos de Marxdefondo, porque fue ese Carlos quien descubrió los mecanismos perversos e inhumanos del sistema capitalista y dejó al aire la ideología escondida en la filosofía europea.

3) Tendremos siempre presente que sus supuestos pensamientos “universales”, son tan locales como nuestro original pan de jamón (¿Sabían que es el único país en la Tierra donde se hace?). Imagínense que impongamos en el mundo que en todas las cenas navideñas debe haber pan de jamón porque es “universal”. Una locura ¿verdad?, pues eso fue lo que pasó con la filosofía eurocéntrica.

La sabiduría que canta con su pueblo

Ya estuvimos un rato con Aquiles Nazoa y comprobamos su sencillez para decir ideas profundas en tan sólo uno de sus escritos. Todo un exponente de una sabiduría popular venezolana que no necesita el corsé académico para sostenerse ni justificarse. El problema es el miedo que nos inocularon sobre el peligro de abandonar el canon eurocéntrico, porque nos parece que caeremos al “vació”, que no es vacío sino llenura de vergüenza intelectual de que te llamen inculto o ignorante.

Menos mal que Aquiles no le paró ni pensó nunca que era filósofo porque se hubiera perdido como tantos otros que persiguieron la quimera del norte, como tampoco hizo Luis Mariano Rivera, otro sabio popular que devolvió en canto las cosas sencillas que su pueblo le había dado. Un ser humano excepcionalmente común y sabio popular que tocó fondo sin Marx viviendo en comunidad en su Canchunchú querido y dejándolo por escrito, clarito, en su poema “Yo para ti”:

 “Mi rancho donde sus árboles / es sombra para el que llegue / donde la fruta que cuelga / es del niño si la quiere / donde no hay puertas ni vallas / que al paso digan espere”

Esta es la subjetividad “comunista” forjada en la pobreza que enseña a compartir los bienes materiales y espirituales, voluntad humana y amorosa que re-existe al capitalismo inhumano y egoísta. Y no se trata de una actitud aislada, sino forjada en la lucha por sobrevivir y participar en la creación de un mundo mejor, porque Luis Mariano fue peón de hacienda, llegó hasta tercer grado y comenzó a leer y escribir a los 38 años y supo reconocer que las causas de sus desdichas personales eran también las de sus iguales.

Luis Mariano no fue intelectual ni orgánico ni hidropónico; fue la voz sabia de su pueblo, pero no porque fuera un tecnólogo popular que resuelven problemas prácticos de la comunidad, sino porque su voz era un grito de alegría en medio de las adversidades de la pobreza “… cuando canto o recito / mi pueblo se alegra / y se emociona / al contacto de mi voz / eso se debe a que mi decir / es su mismo decir / mi voz / su misma voz / y mi saber / el que he aprendido / viviendo su misma luz / su mismo amor / y sentimiento…”

El sabio, si es popular, no impone su verdad, como hacen los filósofos(as), eurocéntricos sino que dice la verdad de su pueblo y la dice sin palabras rebuscadas: “Hago versos para mi pueblo / a mi pueblo le gusta / el sabor de mis versos / habrá algunos que digan / que no tienen sentido / que son necios / esto no importa / lo importante / es que a mi pueblo le gusten”.

Todo lo contrario de las y los profesores de filosofía y del típico intelectual eurocéntrico que conocemos, que siente la superioridad por dentro y nos la echa en cara a cada momento.

Luis Mariano también cantó sus cosas sencillas: “A mí me gusta cantar / canciones para mi pueblo / canciones que tengan gracia / y alegría por dentro / canciones que digan algo / que arranquen del sentimiento / canciones tontas no busco / para cantarle a mi pueblo / en mi cantar sólo busco / cantar las cosas sencillas / que tengan sabor eterno… / cantando así mis canciones / cantándole así a mi pueblo / el mensaje de mi canto / se la graba en el recuerdo…”

Cosas sencillas con condimento crítico, como en su canto a los “Negritos de Cerizola”, que a su regreso a Carúpano le cuentan que quizá no vivan más en la casa solariega de Don Octavio con sus frescos techos de teja, sino en una de “esas moles de cemento / que el “progreso” ha impuesto / que aprisionan / la alegría del niño / y hacen incomunicativo / el trato humano…”

La sabiduría de Luis Mariano, como la de Aquiles Nazoa, está peleada con las injusticias e inequidades de la sociedad capitalista, por eso dice:

“En mi corazón / no obstante cantar las cosas puras y sencillas / con sentido amor / hay un espacio para la rebeldía…

30/04/2020

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