García Linera y el Estado en Transición.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

Referiremos en las siguientes líneas al texto de Álvaro García Linera “El Estado en Transición. Bloque de poder y punto de bifurcación”. Como es bien conocido este autor ha producido una vasta obra intelectual desde el marxismo que busca comprender y explicar la lucha del pueblo boliviano y latinoamericano; lucha que ha acompañado, no solo desde lo intelectual, sino con una  trayectoria militante en las filas de la revolución. Entre su prolífica producción escogimos este texto, el cual proporciona claves para la revisión y estudio de procesos de Estado en transición que bien pudieran ayudar a descifrar contextos y devenires más allá del boliviano; por tal razón nuestra reseña referirá solamente a las claves teórico-metodológicas que se encuadran en su análisis.       

Partimos de la definición que García Linera realiza sobre el Estado, el cual es entendido como “una estructura de relaciones políticas territorializadas” que producen la materialización de la legitimidad de esas relaciones y de la dominación, se caracteriza principalmente por constituir un proceso histórico político en construcción permanente, lo que le otorga una condición de constante movimiento. Ahora bien, existen tiempos históricos, que pueden ser cortos o largos, en los cuales el devenir del Estado se percibe estable, casi quieto, y esto es porque su movimiento se encuentra acotado a un marco de relativa previsibilidad, sus procedimientos y jerarquías muestran efectividad en el sostenimiento de las relaciones que lo conforman y por tanto fluyen de manera predecible, esos son los momentos donde la “relación-Estado” transita por la “estabilidad”.

Pero a los momentos de estabilidad se le contraponen momentos donde las jerarquías, hábitos y procedimientos del Estado se ven afectados por una merma de su estructura de relaciones políticas de dominación y legitimidad, es allí cuando es posible estar ante un Estado en transición, es decir la posibilidad del surgimiento de otra forma de relación-Estado; es la ocasión donde se hace presente fundamentalmente la incertidumbre en el todo social, y una nueva estructura estatal se asoma como necesidad para recomponer la anterior relación o dar paso a una nueva estructura de relaciones. El Estado en transición viene a ser entonces una estructura política en fragua que pretende, o recomponer la relación fracturada sobre una nueva materialización de la legitimidad, o bien fundarse en una diferente estructura de relaciones que conduzcan a otra participación del poder y por ende a otro mapa de relaciones.

Adentrándose más, García Linera nos comparte que el Estado tiene varias dimensiones; la primera de ellas es aquella donde los bloques y clases sociales ejercen por medio de su fuerza política su capacidad de influir, en mayor o menor medida, sobre las decisiones gubernamentales; otra estaría constituida por la maquinaria institucional propiamente dicha, en la cual las decisiones se materializan en forma de normas, procedimientos, políticas públicas, hábitos burocráticos, tramites, etc., conformando entre ambas una “… relación material de dominación y conducción política”; y finalmente, una dimensión donde el Estado se presenta como idea colectiva que refleja el signo de la época y toma forma una anuencia moral entre gobernantes y gobernados, relatando “… al Estado como relación de legitimación política o, en palabras del profesor Pierre Bourdieu (1987), como monopolio del poder simbólico” (García Linera, 2020: 428).

Debido a estos diferentes planos o dimensiones, para García Linera, el conjunto de relaciones que conforman el Estado se muestran de forma paradójica, ya que por un lado dan cuenta de la materialidad de lo político por medio del monopolio de la coerción, de la administración de los impuestos como núcleo íntimo y fundamental”, y por otro su existencia depende de la creencia colectiva “…de la necesidad (momento consciente) o inevitabilidad (momento prerreflexivo) de su funcionamiento” (García Linera, 2020: 428). El Estado ante la sociedad se presenta como la totalidad de la acción política, el lugar donde la idea política se convierte en materia estatal de efecto social, “Es por ello que se puede decir que el Estado es la perpetuación y la constante condensación de la contradicción entre la materialidad y la idealidad de la acción política. Esta contradicción busca ser superada, parcialmente, mediante la conversión de la idealidad como un momento de la materialidad (la legitimidad como garante de la dominación política) y la materialidad como momento del despliegue de la idealidad (decisiones de gobierno que devienen acciones de gobierno de efecto social general)”. (García Linera, 2020: 428)

Estas dimensiones del orden estatal pueden sufrir momentos de cambio de forma cuando enfrentan crisis que afectan su “estabilidad”, presentando trasformaciones diferenciadas en velocidad, inestabilidad y profundidad en relación a la propia crisis que atraviesan. Al respecto describe las siguientes etapas históricas:

1.- El momento de desvelamiento de la crisis del Estado. Se presenta cuando el entramado político y simbólico dominante se fractura parcialmente ante la fuerza de un bloque político disidente con capacidad de movilización y expansión territorial, debilitando la permisividad que acompaña a las clases dominadas en su relación con las clases dominantes.

2.- El empate catastrófico. Ocurre cuando la fuerza disidente logra apuntalarse como proyecto político nacional sin posibilidades de incorporarse al orden dominante. Esta disidencia también disputa, al menos parcialmente, el control territorial al bloque dominante y se manifiesta como una propuesta de poder alternativo al dominante en el Estado.

3.- Renovación o sustitución radical de elites políticas. Esto sobreviene cuando el nuevo bloque político asume el encargo de convertir las demandas disidentes o contestatarias en materia estatal desde el gobierno.

4.- Construcción, reconversión o restitución conflictiva. Aquí es cuando desde o a partir del Estado la disidencia busca constituirse en un bloque económico, político y simbólico que exprese el ideario de la sociedad movilizada.

5.- Punto de bifurcación. La composición básica de esta noción, declara García Linera haberla traído del físico ruso Ilya Prigogine quien al estudiar sistemas alejados de un punto de equilibrio “…vio que, a partir de cierto tiempo, estos sistemas pueden dar lugar a un nuevo orden del sistema. A este punto de conversión, del desorden del sistema en orden y estabilización del mismo, Prigogine lo llamó “punto de bifurcación”( García Linera, 2020: 447). Entonces el punto de bifurcación apunta a cuando la crisis del Estado, el momento de desorden social propiciado por la lucha política, deviene en resolución por medio de la imposición de una fuerza por sobre otra, ya sea con la consolidación de un nuevo modelo o la reconversión del viejo, tanto en lo referido al sistema político, al bloque dominante y al orden simbólico del poder estatal: “…en la medida en que ninguna sociedad puede vivir perpetuamente en un estado de lucha generalizada y antagonizada por el poder, la sociedad, tarde o temprano, ha de inclinarse por la estabilización del sistema o por la construcción de un orden estatal que devuelva la certidumbre a las estructuras de dominación y conducción política. A este momento histórico específico y fechable, a partir del cual el Estado se estabiliza, lo denominamos punto de bifurcación”. (García Linera, 2020: 447-448)

Visto en clave socio-histórica el punto de bifurcación, denota varias características, la primera está referida al momento de fuerza (no necesariamente violento), cuando las partes en pugna exhiben (por así decirlo) todas sus capacidades para definir la suerte de la confrontación; la segunda es cuando una o la parte mayoritaria de una de las facciones en disputa asume la derrota y el bloque de la fuerza social victoriosa logra la complacencia moral para gobernar, dando pie a la configuración de una nueva o renovada relación entre gobernantes y gobernados (una suerte de Momento Constitutivo en conceptos de René Zavaleta); y la tercera característica vendría a ser, la manifestación del momento cuando la existencia de los sectores sociales en disputa se define en base a su fuerza (material y simbólica) sin mediación alguna. (García Linera, 2020: 449)

“En síntesis, podemos decir que la transición estatal se presenta como un flujo de marchas y contramarchas, flexibles e interdependientes, que afectan las estructuras de poder económico (como propiedad y control del excedente), la correlación de fuerzas políticas (como representación parlamentaria, fuerza de movilización social, liderazgo y hábito administrativo) y la correlación de fuerzas simbólicas (como ideas ordenadora y reguladoras de la vida en común)” (García Linera, 2020: 446); donde un nuevo bloque de poder se configura para controlar las decisiones políticas y económicas de una nación, aun con la persistencia de una resistencia conservadora que luchan por restituir el viejo orden.


Texto reseñado:

GARCÍA LINERA, Álvaro (2020). El Estado en Transición. Bloque de poder y punto de bifurcación. En: La potencia plebeya: acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia / Álvaro García Linera. – 2a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Prometeo.

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