Escuela de Sabidurías (17 y medio)

Por Greforio Pérez Almeida

Introducción resbaladiza

Primer resbalón: por complicaciones propias de la cuarentena y las fallas del servicio de internet, las clases comenzarán los martes y continuarán el día que se pueda, pero les aseguro que siempre se podrá.

Segundo resbalón: Recibí algunos comentarios y sugerencias pidiendo que bajara el tono del discurso, es decir de mi explicación, y aunque no sé un comino de música creo entender que está muy alto o agudo, por lo que la bajaré al nivel de voz normal, de conversación de esquina.

En atención a esta petición, antes de sumergirnos en las profundidades del tema e intentando no ahogar a mucha gente, dedicaré un tramo de la clase a exponer algunas reflexiones sobre la “dignidad” desde una posición epistemológica descalza y sin ropaje académico. Se trata de las diferencias que en el plano de la vida cotidiana que ocupa el 90% de nuestra existencia terrenal, existen entre “palabras”, “conceptos” y “categorías”¡Madre mía!

Una palabra es un signo de uso común entre los hablantes de un idioma que no siempre remite a un mismo objeto y cuyo significado no es necesario conocer para utilizarlo normalmente, por ejemplo, la palabra “dignidad” la utilizamos cotidianamente sin saber su significado filosófico, antropológico o político y no nos hace falta conocerlo para entender a quienes la pronuncian ni para que nos entiendan quienes nos escuchan, simplemente es así porque estamos de acuerdo en que define al ser humano de cierta manera.

Un diccionario en línea la define como: “Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden», y el diccionario Clave la define como: “Seriedad, decoro y gravedad en el comportamiento”.

De manera que si nos dicen: ¡Tú lo que eres es un bicho sin dignidad! o ¡No eres digna de estar entre mis amigos!, nos sentimos profundamente ofendidos(as), pero si es: ¡Eres una persona digna de toda mi confianza! o ¡Eres un digno representante de la humanidad!, vamos a dormir tranquilos. Posiblemente, en este uso, por lo menos en Venezuela, influye la religión cristiana y su mito de la creación del hombre a imagen y semejanza de dios. Ojo, sólo del hombre…

Un concepto remite a algo concreto, por ejemplo, si alguien dice “una casa” todos(as) entendemos que se refiere a una casa, la mía, la tuya y no importa si es rancho, apartamento o quinta, si es de un conejo o de un cigarrón, sabemos que se refiere a un espacio o un lugar cerrado, que tiene la función de aislarnos del resto de congéneres, resguardarnos de la intemperie, del clima, etc., y, generalmente, nos da seguridad corporal y tranquilidad sicológica personal y familiar, esto es un hogar.

Una categoría remite a muchos conceptos que están relacionados entre sí, por ejemplo “dignidad” es una categoría, porque ya en la definición ordinaria remite directamente a otros conceptos como responsabilidad, seriedad, respeto, etc.

Aclaratoria intermedia: Como podemos ver, el que una palabra sea concepto o categoría depende del uso que le demos, por ejemplo, “casa” es utilizado como concepto si digo “esa es la casa de mi vecina del 58”, señalando la puerta de su apartamento, pero si quien lo dice es Fruto Vivas en una conferencia, entonces será categoría porque lo relacionará con los conceptos de política, hábitat, ecosistema, etc., que a su vez se transforman en categorías, en fin, que la cosa del lenguaje se complica mucho y no quisiera molestar a mis profesores de lenguaje, así que continuemos con el rollo de la dignidad.

Palabras y conceptos se manejan muy bien en distintos ambientes, pero las categorías se restringen a los ambientes académicos y universitarios y específicamente a los discursos filosófico, antropológico, económico, etc., esto es, en los niveles del pensamiento más abstracto, utilizado generalmente por especialistas. Esta es la causa del cortocircuito entre el lenguaje popular y el académico y lo que hace que las y los académicos sean ininteligibles fuera de su ámbito cerrado.

En este momento me imagino la cara de las y los profesores de filosofía eurocéntrica y su mirada asesina cayendo sobre mi…

De manera que asentar la “dignidad humana” sobre bases teóricas sólidas como intentan todas las filosofías y sabidurías críticas del Sistema Mundo Capitalista, exige paciencia y precaución para manipular el pensamiento abstracto “sin morir en el intento”, porque queremos definirla como categoría fundamental en la planificación de las políticas públicas de un Estado burgués que quiere transformarse en uno socialista del siglo 21, por ello la identificaremos con las necesidades fundamentales según Max-Neef.

Amarrando un cabo suelto

Afirmé que para el nazismo la dignidad humana estaba asociada al respeto a la naturaleza y resultó extraño para algunos(as) participantes, por lo que intentaré aclarar el asunto. Lean este texto escrito por un profesor de botánica nazi en Munich, 1934, que saqué del libro “Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana”, de Janet Biehl y Peter Studenmater, Edit. Virus, Barcelona, 2019:

“Reconocemos que separar la humanidad de la naturaleza, del conjunto de la vida, conduce a la propia destrucción de la humanidad y a la muerte de las naciones. Sólo mediante una reintegración de la humanidad en el conjunto de la naturaleza puede fortalecerse nuestro pueblo. La humanidad sola ya no es el centro del pensamiento, sino que más bien lo es la vida en su conjunto”.

¿Clarito verdad? Parece de los nuestros, pero es nazi. ¿Por qué amarro este cabo suelto? Para insistir en que es indispensable contextualizar histórica y políticamente las fuentes de los pensamientos que citamos, porque esta cita podría ser utilizada para respaldar una posición crítica del sistema capitalista y sostener que la dignidad incluye el respeto a la naturaleza como fuente primera de la vida humana y nos aplaudirían nuestros escuchas, pero, en el afán de respaldar teóricamente nuestras explicaciones y convicciones, como se hace mucho con el nazi Heidegger, barramos de la historia uno de los momentos más nefastos para la dignidad humana.

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