Escuela de Sabidurías (13)

Por Gregorio Pérez Almeida

La pregunta formulada por la Profesora Minelia de Ledezma. ¿Cuáles serían los satisfactores de nuestro socialismo del siglo 21?, es difícil de responder porque tiene dificultades tanto conceptuales como metodológicas. En primer lugar – y díganme si la cosa no es difícil – está una dificultad conceptual, porque si queremos responder en serio, tenemos que hacerlo en el marco de los objetivos históricos del Plan de la Patria, 2013-2019, que se mantienen en el Plan 2019-2025, donde se establecen las bases de nuestro socialismo y lo primero que encontramos ahí es que, según Max-Neef, se confunden “satisfactores” con “necesidades”. Veámoslo en directo:

El Segundo Objetivo Histórico se propone: “Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar _la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política_ para nuestro pueblo”.

Y para lograrlo se debe acelerar el cambio del sistema económico rentista petrolero capitalista por uno productivo socialista, y luego de otros argumentos se dice textualmente que el fin es:

“seguir avanzando en la plena satisfacción de las necesidades básicas para la vida de nuestro pueblo: la alimentación, el agua, la electricidad, la vivienda y el hábitat, el transporte público, la salud, la educación, la seguridad pública, el acceso a la cultura, la comunicación libre, la ciencia y la tecnología, el deporte, la sana recreación y al trabajo digno, liberado y liberador”.

Clarito, se confunden satisfactores con necesidades: alimentación, salud, vivienda, hábitat, son satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia; seguridad pública, es satisfactor de la necesidad de protección; comunicación libre, ciencia y tecnología, son satisfactores de la necesidad de entendimiento. Pero, no es suficiente con esta “disposición”, porque recordemos que un satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de diversas necesidades o, a la inversa, una necesidad puede requerir de diversos satisfactores para ser satisfecha,  lo que nos da una idea de la magnitud de la dificultad conceptual.

Y si a esta dificultad le agregamos la crítica radical que le hace Max-Neef al Producto Interno Bruto (PIB), entonces estamos frente a una concepción completamente distinta del desarrollo humano no sólo conceptual sino también política.

Sin embargo, nuestro Plan de la Patria y la propuesta de Max-Neef, están pensados “para desmontar el inhumano, depredador y belicista sistema de acumulación capitalista y trascender lo lógica del capital que lo sustenta”, por lo que nada nos impide intentar satisfacer la inquietud de la Profesora Minelia apelando a la imaginación y a la esperanza de que lo “todavía no”, lo posible, está asomándose en el horizonte y como una utopía sirve para caminar…

Como la cosa es compleja y quiero ser un educador bancario comedido, voy a avanzar poco a poco.

Lo primero que tenemos que precisar es que Max-Neef advierte que las necesidades propuestas en el sistema elaborado por él, “no son ciertamente todas las necesidades. Son sólo las fundamentales y, por lo tanto, las únicas que, en nuestra opinión pueden ser objeto de hipótesis generalizadoras”. Y, continúa: “La propuesta que hemos elaborado no es un modelo. Nada en ella pretende exhibir el rango de solución definitiva, porque entendemos que el ser humano y todo su entorno son componentes de un fluir permanente”. De manera que no estamos frente a un determinista o fundamentalista con una concepción cerrada sino abierta del ser humano. Un término que hemos utilizados antes lo describe: su teoría tiene Marxdefondo.

Lo segundo es que tenemos que asumir que nuestro país entró en una espiral de desestabilización orquestada por el imperialismo estadounidense cuyo objetivo es exacerbar “las pobrezas y sus patologías” en el pueblo venezolano y anular las políticas sociales que el gobierno implementa para, por lo menos, mermar su apoyo popular. Entre dichas pobrezas/patologías hay cuatro que Max-Neef considera determinantes y que en Venezuela podemos detectar a simple vista:  

1) “Por manipulación ideológica: que hace que las personas dejen de comprender y se transformen en cínicas, o bien en masas perplejas, alienadas e impotentes frente a la realidad;
2) Por violencia: que perturba la necesidad de protección y genera ansiedad;
3) Por aislamiento, exilio y marginación: que destruyen la identidad de la persona, rompen las familias y los afectos y genera culpa;
4) Por frustración de proyectos de vida por la intolerancia política: que aniquila la libertad, destruye la capacidad creativa y poco a poco lleva al resentimiento, la apatía y la pérdida de la autoestima”.

Estas pobrezas y sus patologías están presentes y muy activas en la “trochera” de nuestra narración y se asomaban ya en los protagonistas del documental “Caracas ciudad de despedida” de donde surgió la expresión “Me iría demasiado” y conociendo las estadísticas de emigrantes furtivos que, paradójicamente, han regresado en el “Plan Vuelta a la Patria”, podemos generalizar esta situación a los niveles colectivos que conocemos en Venezuela para regocijo del imperialismo y sus secuaces.

Ahora estamos mejor preparados(as), digo yo, para imaginar cuáles serían los satisfactores que permitirían alcanzar “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política para nuestro pueblo”, que se propone el Socialismo Bolivariano del siglo 21 en Venezuela.

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