Escuela de Sabidurías (13 y pico)

Por Gregorio Pérez Almeida


Necesidades y satisfactores (y 3)

Respondamos ahora sin más rodeos la pregunta ¿Cuáles serían, desde el posicionamiento de Max-Neef, los satisfactores del socialismo bolivariano del siglo 21 en Venezuela?.

Recordemos que las necesidades fundamentales son pocas e iguales en todos los seres humanos y cambian muy lentamente y que Max-Neef advierte que en su sistema propuesto sólo están las necesidades fundamentales y que, por lo tanto, son las únicas que pueden ser objeto de “hipótesis generalizadoras”, es decir, que a partir de ellas se puede hacer una propuesta concreta de planificación del desarrollo a escala humana.

Esta propuesta consiste en clasificar las necesidades con dos criterios: uno existencial, que se expresa con los verbos: estar, hacer, ser y tener, y otro valorativo, que se expresa con los conceptos de: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Con estos dos criterios crea la “matriz» de las necesidades en la que relaciona cada necesidad con los satisfactores correspondientes.

En dicha matriz, los satisfactores, “son formas de de ser, tener, hacer y estar, de carácter individual y colectivo, conducentes a la actualización de necesidades” y… ¡Épale, profe, te pasaste de abstracto! ¡Ponle carnita pa’ ve si entendemos!

Les pongo el ejemplo que me sacó del enredo (la cosa se hace más fácil si tenemos enfrente la matriz que está en su libro Desarrollo a Escala Humana, disponible en internet): Entre las “formas del hacer” para satisfacer la necesidad de entendimiento, se encuentran satisfactores como investigar, estudiar, experimentar, educar, analizar, meditar e interpretar que, según sea la cultura y sus recursos, dan origen a bienes económicos, tales como libros, instrumentos de laboratorio, herramientas, computadoras y otros artefactos. Estos bienes tienen la función de potenciar el hacer del entendimiento.

Pero, la relación entre satisfactores y bienes económicos es complicada, porque los bienes tienen la capacidad de afectar la eficiencia de los satisfactores, por lo que Max-Neef clasifica los satisfactores según cómo los afectan los bienes disponibles en una sociedad. Son cinco:

Violadores: por el modo en que intentan satisfacer una necesidad, terminan destruyendo esa necesidad, como el armamentismo, que se inicia como satisfactor de la necesidad de protección, pero cruzado cierto umbral destruye la protección y muchas otras cosas como la paz.

Pseudo-satisfactores: aquellos que dan una falsa sensación de satisfacción. Un hombre que necesita cariño puede ir a una casa de prostitución y a la salida puede sentirse aún más amargado. Recordemos a Kant.

Inhibidores: por el modo de satisfacer una necesidad, inhiben la posibilidad de satisfacer otra necesidad. El caso típico es el de los padres sobreprotectores. Protegen a la hija(o), pero inhiben su capacidad de participación, libertad o creación.

Singulares: típicos de los programas de asistencia que ubican un problema y la solución para ese problema, pero generalmente son neutros respecto del conjunto de problemas que afecta a la población.

Sinérgicos: por el modo en que satisfacen una necesidad simultáneamente contribuyen a la satisfacción de otras, el ejemplo clave es la lactancia materna. Un biberón es un satisfactor singular, ya que sólo satisface la subsistencia, pero amamantar al bebé le satisfaría la subsistencia, la protección, el afecto y la identidad.

Como vemos, la respuesta que buscamos es simple y complicada a la vez. Simple, porque si partimos de que las necesidades son las mismas ahora y mañana, tenemos posibilidad de planificar sobre lo concreto, pero complicada, porque para establecer una relación positiva entre satisfactores y necesidades tenemos que hacer una revolución no sólo política y económica, sino fundamentalmente cultural que coloque cada cosa en su lugar y ponga al mundo de nuevo sobre sus pies.

Ni tan calvo ni con dos pelucas

Para medio terminar la respuesta a la Profesora Minelia, quisiera tranquilizar una angustia que surgió de la comparación del sistema de necesidades propuesto por Manfred Max-Neef con la concepción de las necesidades del Plan de la Patria. Me preguntaron abatidos(as) ¿Entonces nuestro Plan de la Patria está más pelado que rodilla de chivo y así no vamos para ningún lado? ¡Tranquilos(as)! ¡Que no cunda el pánico…!

Nuestro Plan de la Patria, aunque no lo dice textualmente, tiene una concepción marxista de las necesidades y ella es, quizá, la concepción antropológica y filosófica más sólida, coherente y la más asumida por quienes abordan esa problemática. Y tiene apoyos tan firmes como el del Profesor Enrique Dussel, quien en su libro “16 tesis de Economía Política”, afirma que:

“En tanto que viviente el ser humano tiene necesidades, y en tanto que tiene necesidades pone a todas las cosas que le rodean en el mundo como posibles satisfactores de esas necesidades […] El cumplimiento de las necesidades básicas (comer, beber, vestirse, habitar, tener cultura, etc.) constituyen, además, las exigencias éticas o normativas fundamentales de los sistemas económicos que toman con seriedad la materialidad de la subjetividad de la corporalidad humana”.

Como vemos, con tan sólo estas dos concepciones de las necesidades y los satisfactores (Max-Neef y Dussel), podríamos generar una discusión en Venezuela como la que generó la propuesta de la “Nueva Geometría del Poder”. Pero no es tanto que discutamos, sino que podamos llevar a lo concreto un plan socialista que supere al capitalismo, en otras palabras, que nos asegure una vida digna, sin explotación ni alienación, respetuosa de la naturaleza y de la diversidad humana y, sobre todo, que nos asegure, justa y equitativamente, la harina de maíz y el queso sobre la mesa.

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