Entre Kant y otro hombre desnudo (y 2)

Por Gregorio Pérez Almeida

Königsberg debía ser una ciudad muy romántica, sus siete puentes no sólo inspiraron al matemático Euler a formular su problema, sino que atraían a las parejas de enamorados a atravesarlos de manos agarradas, pero ahí estaban Kant y Lampe, en medio de una sociedad represiva y represora de la sexualidad, que el filósofo había internalizado racionalmente hasta convertir en un sistema filosófico.

Si Dios muere, muere también el amor

Pocos días después de que fuera publicada La Crítica de la Razón Pura, en la primavera de 1781, Kant regresó a casa cansado de explicar sus tesis, atento a los censores del káiser que vigilaban sus movimientos. Estaba agotado y al entrar notó que Lampe le había dejado la cena sobre la mesa del comedor, pero no lo esperaba como siempre, parado al extremo derecho para servirle el agua y el vino tinto, caliente en invierno y otoño, rebajado con agua en primavera y verano.

¡Sr. Lampe!, pronunció en voz suficientemente elevada para que se escuchara en toda la casa, pero no tuvo respuesta. Supuso que estaba indispuesto y caminó hacia sus aposentos, pero lo encontró sentado en la mesa de servicio en la cocina… ¡Sr. Lampe! ¿Qué motiva la presencia de vuestra ausencia en el comedor? Y Lampe, cuyo rostro mostraba signos de preocupación y con sus ojos, pequeños y redondos, humedecidos en lágrimas, le dijo:

¿Cómo ha podido hacernos eso? Usted sabe que estoy al tanto de sus hazañas teóricas, que lo acompaño en su desprecio racional por la metafísica y las especulaciones sin límites, pero esto que concluye en su Crítica sobre la imposibilidad de la razón de conocer a Dios porque está fuera de nuestra experiencia ¿No cree usted que es matar Dios y quedarnos sin amor? Estoy decepcionado Sr. Kant…

Kant no tuvo manera de hacerle comprender que esa imposibilidad de acceder a un conocimiento científico de Dios mediante el uso especulativo de la razón no significaba que no creyera en Dios, sino todo lo contrario, que dios era su guía moral, que trascendía su existencia, pero ningún argumento fue suficiente.

Ante esa actitud, Kant tomó los legajos que le habían sobrado del manuscrito de la Crítica de la Razón Pura y compuso otra crítica, pero esta vez práctica, para demostrarle a su amado compañero que no sólo creía en Dios sino que la creencia moral subjetiva en su existencia unida a la creencia en la inmortalidad, le hacían estar seguro de que jamás podrían arrebatarles sus principios morales y siempre poseería una voluntad libre para amarlo. En 1788 salió la primera edición de la Crítica a la Razón Práctica, con una dedicatoria que los editores consideraron inconveniente publicar.

El devela miento de la cosa en sí

Dicen que Kant ordenaba su habitación obedeciendo un imperativo de simetría y equilibrio entre las cosas y según normas universales de la geometría, aunque sospechara de su inconsistencia trascendental. Su cama la arreglaba Lampe según un orden triádico estricto: un almohadón cilíndrico de plumas de ganso en la cabecera y el edredón de seda china doblado en triángulos que variaban según la estación del año: isósceles en verano, equilátero en invierno, escaleno en primavera y, como el otoño es la estación de tránsito entre el verano y el invierno que a Immanuel le producía una extraña melancolía, Lampe colocaba en el centro de la cama un ramo de Crisantemos que recogía en un parque en la calle Wagner, luego convertido en el jardín botánico de la universidad de Königsberg.

Echado Kant sobre su cama y arropado cuidadosamente, repetía el nombre de Lampe repetidas veces como un mantra para conciliar el sueño.

Una noche como otras, Kant salió sigilosamente de su casa, esperó, igual y como siempre por 40 años, a que Lampe se durmiera. Salió a observar lo sublime de la cosa en sí que se escondía tras un bombillo rojo al final de un callejón penumbroso al pasar el Puente del Tendero, ahí, dice Botul, en “el hogar de la cosa, era un cliente muy particular, porque pagaba por ver, pero sin tocar”.

Al regresar, encontraba su cama tibia porque Lampe se acostaba en ella a esperar su regreso. Pero esa noche de enero de 1802, el amor sería develado en su obscena realidad. De súbito se iluminaría su verdad. Lampe permanecía profundamente dormido cuando regresó Kant, quien, seguro de encontrar su cama preparada para el imperioso descanso, dejó la ropa sobre el perchero y se sentó en el borde antes de acostarse, pero sintió una presencia extraña, un peso inexplicable sobre el edredón y con un movimiento lento encendió la vela colocada en el candelabro del secreter y al iluminarse la habitación, exaltado reconoció a Lampe acostado en ella… ¡Se desquició!, se le mezcló el amor de benevolencia con el de complacencia y su amor propio que había mantenido en lo más alto, casi sublime, en el disfrute de la felicidad moral que su compañero le había proporcionado por tantos años, no pudo contenerse racionalmente y le gritó alterado ¡Martín, te has vuelto loco! … Y Lampe, más dormido que despierto, se lanzó de la cama quedando desnudo a la luz de una vela y a la vista de Kant… y musitó unas palabras que resonaron por siempre en el alma bella de su amo:

“Usted es el culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos, usted llenó mi vida de dulces inquietudes y amargos desencantos. Su amor es como un grito que llevo aquí en mi alma y aquí en mi corazón y soy aunque no quiera, esclavo de sus ojos, juguete de su amor. No juegue con mis penas, ni con mis sentimientos que es lo único que tengo, usted es mi esperanza, mi última esperanza comprenda de una vez. Usted me desespera, me mata, me enloquece y hasta la vida diera por vencer el miedo de besarlo a usted…

Ó

Ay Kant… “Si puedes tú con Dios hablar Preguntale si yo alguna vez Te he dejado de adorar…”

Escoja usted cual bolero utilizado por Lampe…

Al día siguiente lo echó… inexplicablemente para su amigo Wisanski y su biógrafo, pero ahora comprendemos por qué escribió en su cuaderno de notas: “Febrero 15 de 1802. Recordar, ante todo, que, a partir de esta fecha, el nombre de Lampe ha de ser olvidado…”

26/04/2020

También te puede interesar


Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (0) in /home3/puebloen/public_html/0/wp-includes/functions.php on line 4757