Enrique Dussel y Manfred Max-Neef: la dignidad que necesitamos

Por Gregorio Pérez Almeida

Sería desatinado e insensato oponer las concepciones de las necesidades que sostienen ambos pensadores. Lo más atinado y sensato es complementarlas. Asumiendo que el Maestro Dussel no descansa en su esfuerzo por descolonizar el pensamiento de Marx, creemos que Max-Neef representa una alternativa enriquecedora desde América Latina. (¿Quien quita y la pego…)

La concepción de las necesidades humanas de Dussel está fundamentada en la de Karl Marx. Aclaro: no en la de “los marxismos”, sino en la del propio Marx, porque si existe en América Latina alguien que haya leído, traducido, interpretado y parafraseado los escritos originales de Marx, es él. Para Dussel, el ser humano es, ontológicamente, un ser necesitado, un ser social, cuya relación con la naturaleza y con sus congéneres está impulsada por -y para- la satisfacción de sus necesidades que no puede lograr individualmente sino en comunidad y en interacción con la “macro” institución del poder político en la modernidad que es el Estado nación.

Las relaciones entre individuo, comunidad y Estado, se deben construir democráticamente, pero en una democracia que combina representatividad y participación, de acuerdo a la materia sobre la que se debata y legisle y a los niveles donde se tomen las decisiones. Pero la máxima que debe orientar al Estado, y por ende al gobierno, es “mandar obedeciendo”, porque su poder es un poder delegado por la comunidad bajo ciertos parámetros acordados previamente por todos y todas.

La concepción de las necesidades de Max-Neef, como todo crítico de la economía política capitalista, tiene Marxdefondo, aunque él se autodefine anarquista en el “sentido original del término”, es decir que no concibe al individuo como un ente autónomo y absoluto que no depende de nadie ni de nada para existir y es la fuente originaria del poder y la autoridad, sino que concibe al individuo como un ser que necesita de la comunidad para existir y se organiza para participar con el Estado en los planes de desarrollo o enfrentar sus excesos y los de cualquier otra fuerza no democrática.

En efecto, su propuesta de desarrollo es para rescatar la dimensión comunitaria como la verdadera escala humana, donde logramos la máxima felicidad posible y es la base para construir sociedades soberanas y “autodependientes”, que interactúan con un Estado que debe respetar y apoyar las iniciativas y decisiones que tome la comunidad en función de sus necesidades. Al igual que Dussel, está en la onda de nuestro Estado comunal.

Como vemos, ambos coinciden en la concepción del ser humano como un ser de necesidades que sólo puede satisfacerlas en comunidad y en que el Estado es la macro institución del poder en la sociedad moderna que debe respetar y apoyar a las comunidades en sus planes para la satisfacción de sus necesidades. Pero, me parece que hay una coincidencia decisiva y es que ambos además del Marxdefondo, también comparten un Cristianismodefondo, pero dejémoslo hasta ahí.

Ahora bien, si entre ambos existen estas coincidencias tan importantes, ¿Cuál es el rollo con las necesidades?* Pues, que *donde Dussel dice “necesidades” habla de “satisfactores” y cuando habla de “satisfactores”, se refiere a los “bienes”. “¡Epa, profesor” -escucho entre los asistentes- “pero usted se está cuadrando con Max-Neef y nos dijo que iba a complementarlos! ¿Entonces, cómo es eso?”

Tienen y no tienen razón (¡dialéctica pura!). La tienen porque, en efecto, me estoy cuadrando con Max-Neef, pero no la tienen si piensan que lo hago para relegar a Dussel, porque es, como ofrecí, para complementarlos. Me explico.

Ambos conciben al ser humano como un ser necesitado, pero desde mi ignorancia abriéndose camino al andar, pienso que Max-Neef ofrece un elemento que completa la concepción marxista. Si me permiten lo diré por partes y también que me apoyo en dos libros de Dussel: “Las metáforas teológicas de Marx” y “16 Tesis de Economía Política” y «Desarrollo a Escala Humana» y «La Economía descalza», de Max-Neef.

1ª) Dussel concibe al ser humano como un ser de necesidades que utiliza su fuerza de trabajo para la producción de los satisfactores, que él identifica con los bienes o valores de uso;

2ª) La fuerza de trabajo humana, o “el trabajo”, es la fuente “absoluta” del valor como vida objetivada, es decir, la “esencia” espiritual contenida en lo que produce como satisfactores;

3ª) Esa “esencia” es la “dignidad humana” que el capitalismo reduce a simple mercancía que compra con un salario.

Mi opinión: comparto los “postulados” de Dussel y dejando de lado el uso del sustantivo abstracto “absoluto” para referirse al “trabajo”, observo que su concepción de las necesidades no se corresponde con el estatus que le da a la dignidad humana, porque las identifica con los satisfactores que son infinitos y cambiantes, de manera que la discusión sobre cuáles son las necesidades “básicas” se hace interminable, porque los satisfactores cambian de sociedad en sociedad y cada una los jerarquiza de manera diferente, lo que hace que la dignidad quede en un tilín-tilín relativista.

Me parece que Dussel estaría de acuerdo con Max-Neef en que la “corporalidad humana” es algo más que un conjunto de necesidades biológicas y psicológicas que se sienten como carencias, porque la espiritualidad humana, desde el cerebro (neurociencia mediante) construye no sólo la corporalidad sino un mundo a su imagen y semejanza que es la cultura, pero no lo puede hacer desde la “nada” como haría un ser “absoluto”, sino desde esa misma corporalidad necesitada, en comunidad, cuyas carencias son también potencialidades de ser, tener, hacer y estar.

Cuando Max-Neef, coloca los cuatro verbos que definen al ser humano: Ser, Tener, Hacer y Estar, como las categorías existenciales que sustentan y potencian las necesidades fundamentales y las nueve categorías axiológicas que sustentan y potencian a los satisfactores: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad, iguales en todos los seres humanos independientemente del tiempo y el lugar (sin negar que cambien a largo plazo), nos ofrece la posibilidad de construir una concepción antropológica del ser humano sólida, firme, para levantar sobre ella el mundo “pluriversal” y la “transmodernidad” que Dussel anuncia como única posibilidad de sobrevivencia de la humanidad, pero, insisto, hace falta distinguir necesidades de satisfactores y estos de los bienes, para llegar a esa concepción.

Medio concluyendo y en pocas palabras: con Max-Neef y Dussel podemos construir una concepción potente, revolucionaria y anticapitalista de la dignidad humana, pero esto será materia de otra clase.

Coincidimos y estamos claros en que esta es una interpretación entre otras, pero ¿Cómo les quedó el ojo?

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