El totalitarismo Invertido o el nazismo a la Casta Blanca

Por Gregorio Pérez Almeida (desde la escalera)

«Algunos dirán: <No hay de qué preocuparse: todo volverá a su sitio en cuanto George Bush y sus adláteres dejen libres los asientos del poder>. Este optimismo me parece peligrosamente infundado. Del mismo modo que hicieron falta años para construir la actual hegemonía cultural, harán falta años para derribarla… si es que se derriba algún día». Susan George. 2007.

En Venezuela comprobamos en carnes propias la veracidad de la advertencia de Susan: después de Bush-hijo, el blanco Obama radicalizó su política injerencista en nuestro país y luego Trump la ha recrudecido con saña y alevosía. ¿Por qué tanto odio con un pueblo suramericano? Porque somos la extensión de su «Espacio Vital » (el  Lebensraum, nazi), compuesto por los territorios arrebatados a los pueblos originarios del norte de América, incluyendo a los mexicanos.

Chisme de solapa

Antes de desembuchar el rollo del Totalitarismo Invertido, es bueno saber quién está detrás del término: Sheldon Wolin  tenía 86 años cuando publicó su libro en 2008, de manera que no es un recién llegado en estas lides. En los años 1960 fue dirigente del Movimiento Libertad de Expresión  y está considerado uno de los más destacados politólogos de Estados Unidos. Su tesis central es que «la democracia no es una forma de gobierno, sino una forma de juicio que debe separarse de su estrecha relación con el Estado liberal «, lo que le convierte en uno de los promotores de la «democracia participativa«.

De manera que su tesis no es producto de una intuición ni de una rabieta con los conservadores, sino de un profundo análisis conceptual sustentado en evidencias empíricas, históricas, y por tanto de gran utilidad para comprender la «naturaleza» política y económica de Estados Unidos.

Antes de continuar, aclaro lo que puede considerarse mi  «aporte paranoico»: pareciera que las y los estudiosos críticos de la democracia en Estados Unidos, que descubren aspectos antidemocráticos tanto en su Constitución como en el funcionamiento de sus instituciones y en su política exterior, no toman en cuenta los vínculos concretos, carnales, entre las élites nazis y las élites económicas y políticas estadounidenses. Me refiero a la propuesta de Heil en 1935, de educar a los hombres de carne y hueso para la consecución a largo plazo del Estado nazi «más allá de 50 o 100 años«.

Lo veo tan claro como que si quiero comer panquecas, tiene que haber alguien que sepa hacerlas y las haga… Los puntos grises siguen ahí: ¿Murieron los vínculos entre la familia Ford y sus socios, la IBM y el resto de empresarios, políticos y científicos estadounidenses con los nazis en 1945? ¿Será que como sostienen los idólatras de Heil en filosofía, este es un tema irrelevante para la comprensión a profundidad de la historia yanki, una inquietud de neófitos?

Otro dato «marginal» que trae Víctor Farías en el libro que referimos, nos da más condumio para nuestra «obsesión paranoica»: «Las actas de la Academia Médica Germano-Iberoamericana, se encuentran en el Archivo Secreto del Estado de Prusia. Los aliados, en particular los estadounidenses, tuvieron un gran interés en estudiar estas actas y las trasladaron en su totalidad al Archiv Depot en Whaddon Hall/Bletchley (Inglaterra). Fueron devueltas  <casi en su integridad>  a la República Federal de Alemania en 1958″.

No es que sea malpensado, sino que tanto interés científico me conmueve…

Nazis más nazis menos, la cosa es que Wolin sin querer queriendo demuestra que son más las semejanzas que las diferencias entre el totalitarismo clásico en Europa y el totalitarismo Invertido en Estados Unidos y se vale de la categoría de Superpoder, algo muy parecido a lo que Luis Antonio Bigott llamó, en su libro, Quítate la Máscara, el «poder detrás del poder* «, para referirse a las élites corporativas y militares que gobiernan a los inquilinos de la Casa Blanca:

«El totalitarismo Invertido, la verdadera cara de Superpoder, representa una mezcla de poderes que incluye poderes modernos tanto como arcaicos […] Abarca la sociedad anónima, la organización de la ciencia para lograr un avance permanente y la conversión sistemática del nuevo conocimiento científico en nuevas aplicaciones tecnológicas, especialmente en el campo militar. Una característica común a estos poderes es el presupuesto de un desarrollo virtualmente ilimitado».

¿Cómo se consolidó el Superpoder y su cara el totalitarismo Invertido en un sistema político que desde su fundación no ha dejado de ser democrático, como ocurrió en Europa en el siglo 20? Wolin lo explica detalladamente  y copiaré un texto que, aunque un poco largo, vale la pena para terminar este primer capítulo de la novela de terror y misterio titulada: «Nazismo a la Casta Blanca» e invitarlas(os), léase bien, a intercambiar opiniones que surjan de sus análisis:

«Si se niega que la democracia pueda haber engendrado un régimen totalitario, se presupone que una democracia <sana> abominaría una dictadura de estilo nazi y se resistiría a ser su cómplice. En un sentido conceptual, según su definición, una verdadera democracia y una dictadura son mutuamente excluyentes. Nuestra tesis, no obstante es esta: es posible que una forma de totalitarismo diferente de la clásica surja a partir de una supuesta <democracia fuerte> en lugar de una <fracasada> . Una democracia débil que fracase, como la de Weimar, podría resultar en un totalitarismo clásico, mientras que una democracia fuerte fracasada podría conducir a un totalitarismo Invertido. Esta última posibilidad se incrementa si la democracia fuerte es más superficial de lo que se publicita; es mayor aún, si, históricamente, las élites han aceptado esa democracia pero no la han asumido en la misma medida».

Ahí les dejo eso…

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