El Señor de los Anillos y la “Mafia de West Point”

El libro de uno de los integrantes del Tea Club and Barrovian Society, el sudafricano John Ronald Reuel Tolkien, mejor conocido como J.R.R. Tolkien, se convirtió en uno de los grandes Best Seller de la historia de Fantasía, “El Señor de los Anillos”, obra publicada en tres volúmenes; “La Comunidad del Anillo‘”, “Las dos torres”, ambas en 1954, y “El retorno del Rey”, publicada al año siguiente. La obra de J.R.R. Tolkin busca crear un mundo distinto al nuestro, uno que sea mejor que el nuestro, algo así como “América para los Americanos” o “América primero”, salvando las distancias entre Tolkin y los padres fundadores de la vieja colonia británica. En la obra escrita por el sudafricano, la maldad se extiende por el  mundo a manos de Sauron, una especie de Trump moderno, esta es apoyada por una suerte de quinta columna, Saruman El Blanco, algo parecido en nuestro mundo al trepador de rejas o al Conde Ramírez. Y finalmente, en la obra no pueden faltar quienes se opongan a las fuerzas oscuras del mal, los integrantes de la comunidad del anillo, lo más parecido en nuestro mundo real, puede ser representado por el conjunto de naciones que insurgente en el mundo multipolar.

Pero la Comunidad del Anillo a la que haremos referencia está ligada a lo que sus propios integrantes han llamado “la mafia de West Point”, un selecto club de la elite del poder estadounidense que rodea a Donald Trump y que amasa fortunas a través de los emporios industriales militares (Koch Industries y Thayer Aerospace- por mencionar solo dos con las que han tenido relación).

George Floyd y West Point

Los últimos acontecimientos en Estados Unidos han hecho mella en la campaña de Trump por mantenerse en el Poder, con el asesinato de George Floyd se desataron una serie de protestas ante el exceso de violencia policial y su política racial. Los alrededores de la Casa Blanca se vieron sacudidos ante la protesta, lo que llevo a Trump a invocar la ley de insurrección de 1807, una “ley federal que autoriza el empleo de las fuerzas terrestres y navales de Estados Unidos en casos de insurrecciones”. En un acto que evoca el “control” de la situación para “dominar las calles”, Trump decidía recorrer la plaza Lafayette rumbo a la iglesia Saint John junto al Secretario de Defensa, Mark Esper, y el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Milley.  Ante la polémica causada por la gráfica que recogía esta respuesta de la administración de Trump en medio de los efectos de las bombas lacrimógenas con las que fueron dispersados los manifestantes que pacíficamente arengaban consignas en contra del Gobierno de Trump y la declaración de este de utilizar al ejército gringo para aplacar la “insurrección”, el propio General Milley tuvo que dirigirse al país:      “No debería haber estado allí. Mi presencia en ese momento y en ese ambiente creó una percepción de participación militar en la política interna”. La sociedad que había dejado atrás las terribles imágenes de la Guardia Nacional de Ohio disparando en la Universidad Estatal de Kent para dispersar una protesta contra la Guerra de Vietnam el 4 de mayo de 1970.

El Secretario de Defensa, Esper, también declaraba ante la convocatoria de la Ley de Insurrección de 1807: “solo en las situaciones más urgentes y graves”, añadiendo: “no estamos en una de esas situaciones ahora”. Esto llevo a que otro grupo de militares retirados, como el caso de Colin Powel, unos de los responsables de la invasión a Irak y de las miles de muertes que se contaron a partir de esta acción de guerra llevada a cabo por las fuerzas militares gringas y sus aliados, declaraba: “Tenemos una Constitución. Y tenemos que seguir esa Constitución. Y el presidente se ha alejado de ella”.  

De haber ocurrido un acontecimiento como este en algún país Latinoamericano, y estas intervenciones hubieran tenido lugar, la prensa local y extranjera no hubiera perdido tiempo de calificarlas como un Golpe de Estado. Acordémonos recientemente de las declaraciones del otrora Jefe de las Fuerzas Armadas Bolivianas, Williams Kaliman. Que seguramente no es el mejor ejemplo, todo el mundo, con la excepción de algunos medios internacionales como Telesur y RT, denunciaron el golpe militar contra el Gobierno de Evo Morales.

Esta crisis a lo interno del ala conservadora del Partido Republicano con ondas repercusiones en amplios sectores de la sociedad estadounidense llevo a Trump hasta los patios de West Point en plena pandemia donde participo en la graduación de cadetes de la principal universidad militar  de los EE.UU. Incluso hay informaciones publicadas en medios estadounidenses que se obligó a cadetes contagiados con el COVID-19 a participar del acto.  ¿Qué participación tuvo la “la mafia de West Point” en esta decisión? Por primera vez, Trump, se ve acorralado contra las cuerdas con las elecciones tan cercas.

La Clase 86

En West Point hay una leyenda. En las reuniones militares, un West Pointer «solo necesita golpear su gran anillo sobre la mesa y todos los Pointers presentes están obligados a unirse a su punto de vista».  La clase del 86 está integrada por un selecto grupo de generales activos, presidentes de grandes consorcios, miembros del Congreso y miembros de alto nivel de la administración de Trump, tanto en la Casa Blanca como en el Pentágono. Y acá viene la duda o la sospecha, quién es el West Pointer que golpea el anillo en la Casa Blanca porque en el Pentágono pareciera que la “mafia de West Point” tiene el control.

El segundo teniente Michael Pompeo, fue primero en Clase 86, fue al Congreso a principios de 2011, llegando a integrar el Comité de Energía y Comercio. Mark Esper, actual Secretario de Defensa, además de Ulrich Brechbuhl, Brian Bulatao (ambos con altos cargos en la CIA cuando Pompeo enseñaba a decir mentiras – actualmente acompañan al Secretario de Estado) y David Urban (Calbidero muy cercano a Trump),  componen lo más selecto de la clase 86 de West Point. Otros miembros de la clase que aún están en servicio activo incluyen; al Teniente General JT Thomson, el comandante de tierra de la OTAN, con sede en Turquía; el General Joseph Martin, Vice Jefe del Estado Mayor del Ejército; al director de la Guardia Nacional, General Joseph L. Lengyel  y el Teniente General Eric Wesley, subcomandante del Comando Futuros y uno de los estrategas de la nueva Doctrina Militar gringa. En la administración, ubicados en puestos claves del Pentágono, la Clase 86 cuenta con miembros leales a Pompeo, entre ellos destaca el subsecretario adjunto del Ejército para instalaciones, energía y medio ambiente y el director de estabilización y política de operaciones de paz para el secretario de defensa.

El selecto grupo de la  Clase del 86; Pompeo, Esper y Urban ha surgido como el principal orientador de la política exterior y militar del gobierno de los Estados Unidos, de la cual Venezuela, es un punto de honor en su agenda política. 

Para la Clase del 86 aun nada está definido, ni siquiera la reelección de Trump. Aunque hay quienes surgieren que «Mientras más cosas malas suceden en el país, solo solidifica el apoyo a Trump». Deben enfrenar y salir airosos de las viejas tradiciones que mueven al espíritu conservador de una sociedad estadounidense que mira con incredulidad lo último dicho por un Trump tambaleandose anunciando el fin de la época de «las guerras interminables».

El código de honor de la academia de West Point, señala: «Un cadete no mentirá, engañará, robará ni tolerará a quienes lo hacen». Alejado está el Segundo Teniente, Mike Pompeo. ¿Alguien se acordara de lo dicho por él estando al frente de la CIA: «Mentimos, engañamos y robamos»? Lo escrito por otro grupo de excadetes de West Point denominados, miembros de “Long Gray Line”,   pareciera ser premonitorio: «Cuando los líderes traicionan la fe pública a través de la retórica engañosa, las objeciones o la apariencia de un comportamiento poco ético, erosiona la confianza del público», añadiendo: «La politización de las Fuerzas Armadas pone en riesgo el vínculo de confianza entre el ejército estadounidense y la sociedad estadounidense. Si se rompe esta confianza, el daño a la nación sería incalculable». ¿Debemos esperar el contraataque de Trump? ¿Llegará victorioso a Noviembre para enfrentar la contienda electoral? ¿Qué tendrá mayor peso sobre la mesa, el anillo de los West Pointers o el anillo dejado por Fred Trump?

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