El Salto Hacia el Fin

Por Miguel E. Salazar (@salazarerespia)

Inicia en la capital italiana la Cumbre del G20, sin Putin ni Xi Jinping, con tres temas centrales, la lucha contra la pandemia, el cambio climático y la recuperación económica. En la lucha contra la pandemia, cada día es más acentuada la desigual distribución  de las vacunas en el mundo y el cerco inhumano impuesto a la vacuna rusa Sputnik. El cambio climático, vale como tema, lo que muestra lo gráfico de la llegada de la comitiva de Biden a Italia: 85 carros blindados, dos Boeing 747-200B y varios aviones militares. La recuperación económica pasa por el 15% de impuesto a las transnacionales, pero dónde queda el informe sobre los paraísos fiscales y su selecta clientela? Las amenazas al multilateralismo sí que no es un punto de la Agenda.

A comienzos de años, el presidente chino Xi Jinping, inauguraba una edición virtual del Foro Económico Mundial, una actividad enmarcada dentro de la Cumbre del G20. Xi Jinping declaraba por toda la calle del medio: “Iniciar una nueva guerra fría, rechazar, amenazar o intimidar a otros, imponer a las bravas el desacople de las economías, la cadena de suministros o sanciones y provocar el aislamiento o el estrangulamiento económico solo provocará una mayor división del mundo e incluso llevará a la confrontación”. Incluso, Xi Jinping, llamaba a la «coexistencia pacífica» en un mundo que minuto a minuto gira hacia la multipolaridad, «abandonar los prejuicios ideológicos y seguir un camino de coexistencia pacífica, beneficio mutuo y cooperación para que todos ganen”, era la invitación del primer mandatario chino.

Pero la élite política y militar conservadora de Washington arropada bajo el manto de la administración demócrata de Joe Biden, ha instalado en el Salón Oval y en el condado de Arlington, Virginia, el Karaoke para cantar “ciega, sorda, muda “de la barranquillera colombiana Shakira. 

El Imperialismo yanqui esta en pleno apogeo, todos sus Comandos militares activos y beligerantes bajo el mando del «Plan de Comandos de Combate Unificados» (Unified Combatant Commands)  los Comandos Europeo, Central, Norte, Sur, Pacífico y Espacial. Cada uno con un enemigo a vencer en común, China. Destacan los frentes abiertos en Latinoamérica con la mira puesta sobre Venezuela (Comando Sur), el frente Ucraniano con Donbass en la mira como un enclave que pretende colocar la daga en la yugular de Rusia (Comando Europeo) y el frente más próximo a China, Taiwán (Comando del Pacifico). Estos sin menospreciar el apogeo de la actividad militar de las fuerzas militares estadounidense en África y sobre el mundo árabe islámico.

¿Realmente, estamos ante una nueva Guerra Fría, como lo ha anunciado y denunciado el presidente chino Xi Jinping?

Más de 13 mil armas nucleares distribuidas en todo el mundo pareciera ser tan solo un argumento para tener presente la incertidumbre que genera una nueva Guerra Fría.

Un ejemplo reciente de como los Estados Unidos nos arrastra hacia una nueva confrontación con un riesgo letal para la sobrevivencia humana y la del planeta, lo constituye la reciente alianza militar denomina, “AUKUS”, un acuerdo militar entre Australia, Reino Unido y los Estados Unidos en el área del Indo pacifico.   Pero quedarnos solo en precisar una negociación para la compra y venta de submarinos de propulsión nuclear y la reacción francesa enojada a perder su propio acuerdo para vender submarinos no nucleares a Australia, en lo que en términos vulgares lo definiríamos como un tumbe entre socios, es perder la vista sobre lo más grande: la declaración formal de una Guerra Fría del gobierno de Estados Unidos y sus aliados, dirigida contra China. Pongamos otro elemento sobre el acuerdo «AUKUS», dos declaraciones sobre Taiwán, la primera de Tsai Ing-wen, una especie de Guaidó bajo la influencia anglosajona: «Tenemos una amplia gama de cooperación con Estados Unidos con el objetivo de aumentar nuestra capacidad defensiva», que remataba con un «Tengo fe» en que las fuerzas estadounidenses ayudarán a defender Taiwán ante la supuesta intervención militar de China sobre la isla. Y la otra declaración, la del buen católico Joe Biden (de visita reciente al Vaticano), que no perdió tiempo en responder a la «Fe» de la Tsai Ing-Wen ante una pregunta ingenua de un periodista sobre la posibilidad de la agresión a China y la defensa a Taiwán por parte de los Estados Unidos:  «Si, estamos comprometidos a ello».

Contra todo positivo y motivador análisis, esta alianza anglo se acerca peligrosamente a encerrarnos en un conflicto que fácilmente podría convertirse en una guerra fulminante para la humanidad por su potencial nuclear.

Las generaciones más jóvenes que ahora viven en estos países, no vivieron la Guerra Fría que estremeció al mundo en las décadas de los 60, 70, 80 y 90. Qué joven hoy puede imaginarse que te vas a dormir temiendo que no te despiertes por la mañana, gracias a una guerra nuclear entre las dos superpotencias del mundo (en aquellos días, los Estados Unidos Estados y Unión Soviética). Puede esta generación imaginarse los refugios nucleares, simulacros en una escuela cualquiera para colocarse debajo de un pupitre. Como imaginarse en los 80 el titular de una revista, «Protegerse y Sobrevivir» («Protect & Survive Monthly»), cuyo primer ejemplar en la portada presentaban a una familia vestida con trajes de protección anti-nuclear y máscaras de gas, fuera de una casa de campo inglesa.

Dos meses atrás, en septiembre, ante las Naciones Unidas, Joe Biden declaraba que lo último que quería era «una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en bloques rígidos». Pero el reloj del fin de los tiempos sigue marcando con más fuerza el conteo regresivo a un punto de no retorno. Un artículo de Rose Gottemoeller, vicesecretaria general de la OTAN (2016-2019),  citaba a Rebecca Hersman, directora del Proyecto CSIS sobre cuestiones nucleares: «…los ataques de «zona gris» y la erosión de los cortafuegos entre los sistemas convencionales y nucleares significan que los puntos de inflamación locales podrían pasar rápidamente a una escalada nuclear».

El salto hacia el fin, parece ser calcado por las élites políticas y militares de Washington del libro, «El Completo Manual del Suicidio» del japonés Wataru Tsurumi, ante el declive de la hegemonía estadounidense. «Acabar con la propia existencia, una acción moral responsable, encaminada a lavar el honor perdido tras la comisión de una falta», parece una vulgar copia de Occidente, en la que arrastra a la humanidad hacia la expoliación de una culpa ajena que la enruta hacia su extinción.

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