EL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA Y/O LA DEGRADACIÓN DE UN ESTADO

Por William Fortich Palencia (Director del Observatorio de Cultura y Civilización)

En algo tan profundo y complejo como en este caso, donde la guerra a través de las décadas se fue degradando entre los ejércitos que se enfrentaba, que por supuesto llevaron a las peores barbaries y donde el odio fue el vehículo con el cual se romantizó el conflicto, se legalizaron los despojos de bienes, pero sobre todo de tierras, se enriquecieron los pocos y se empobrecieron los millones. Por supuesto el primer muerto en una guerra como esta es el mismo Estado y su función social, porque es cooptado por quienes ejercen el poder desde las sombras de clubes y mansiones. En aras de la brevedad, procuraremos resolver dos preguntas, en busca de darle otro enfoque al asunto que nos convoca.

¿Qué es un paramilitar?

La guerra interna colombiana viene desde el dominio del imperio español sobre este territorio, con el supremacismo de los europeos armados que imponían sus condiciones para acallar a quienes se le opusieran por defender sus  bienes y a quienes pudieran denunciar la altísima corruptela existente en “el imperio donde no se ponía el sol”. Continúa con la entrada del regocijante liberalismo mercantil, cuestión que no pudo cambiar el trabajo esforzado de Simón Bolívar y aquellos heroicos ejércitos que logran la separación de España -nunca sí independencia total- pues en todo el continente siguieron los banqueros y todo tipo de acumuladores gobernando e infligiendo dolor y muerte a nuestro pueblo.  

Entonces en Colombia (aunque en otros países encontremos cosas parecidas) se le permitió a cada Supremo (caudillo terrateniente de donde provienen las castas oligárquicas que aún gobiernan) el tener poder sobre la justicia, la tierra, el agua, la virginidad, la maternidad, el prepucio, el alimento o el hambre, la educación, la salud, en suma, la vida de cada habitante, sobre todo de los jóvenes varones a quienes enlistaban en sus ejércitos poco preparados para que murieran en su nombre, como pasó en la Primera Guerra Mundial, para poner un ejemplo. 

Pero todo ejército necesita de esa otra parte invisible (ese es su deber ser) llamada “inteligencia militar” y entonces vienen la infiltración, la lectura de contexto, de lenguajes no verbales, de encriptación, de mensajeros convencidos,  de lanzar consejas para mirar reacciones, entre otras prácticas  del espionaje  y  contraespionaje.

El ejército más fuerte es el que mejor entrene a sus agentes, cosa que les pareció de poca monta a fuerzas armadas sin poder interno de decisión, pues el Supremo del momento (individual o colectivo) decide en onces dores y sus planes paraestiiosaciones comosobre los presupuestos destinados al fortalecimiento de la defensa nacional, aprovechando para lucrarse a sí mismo y a sus áulicos. Poco a poco solventan el objetivo básico de descubrir traidores, escatiman en inteligencia y en sus planes de defensa de la Nación, y con ello o por esta falta de rigor, esto se convierte en una de las principales causas que lleva a la aparición del sujeto paramilitar.

El sujeto paramilitar podemos dividirlo en dos: militares con mando y cierto prestigio, enviados a hacer el trabajo sucio contra la población que protege o tolera al enemigo del Supremo (que hace de Estado en determinado territorio) y en otros casos son civiles con formación académica y una ideología política básica, que ejerce influencia en gremios de la región (vinculados a los militares). 

Así que el paramilitar, el que usa las armas prestadas y entrenamiento de “sus hombres” por las mismas fuerzas armadas estatales, es un jefe menor en la escala de valores de estos gamonales o generales, que para el efecto es lo mismo, y los demás, los patrulleros, son meros sicarios, que trabajan embozados por una paga. Así aparece la cadena de lucro, donde la mayoría gana un salario, el jefe paramilitar gana millones, su jefe gamonal acumula tierras y el jefe de este obtiene la gobernación o la presidencia y depreda todos los bienes del Estado, que incluye la entrega de la soberanía nacional a grupos económicos extranjeros y fuerzas militares extranjeras, cuyas armas están al servicio de estos conglomerados multinacionales, que son quienes mayores beneficios obtienen. Ellos son también dueños de las cárceles a donde encerrarán al paramilitar cuando sea necesario mostrar resultados ante agencias internacionales.   

¿Neo paramilitares en Colombia?

Aunque periodistas pagos y políticos pretendan demostrar que después de 2005 con el pacto de los ejércitos paramilitares y el gobierno de Uribe Vélez, que era su Supremo mayor en el territorio colombiano, tal como lo ha afirmado el Pentágono (1), el fenómeno anterior desapareció y un tiempo después mutó y apareció con nombres eufemísticos para legitimarlo y ponerlo en el plano de un “mal necesario”, como Bandas Criminales -Bacrim-, Grupos Residuales o Grupos Armados Organizados (GAO), otros muchos como la Fundación Arco Iris (2) o Sánchez Moncada  (2019) (3), si bien hablan de estos grupos como algo nuevo, no pueden dejar de  aceptar que toda esta tragedia responde a un proceso de mantener a cómo dé lugar el poder de los Supremos, su status quo, su acumulación a cambio de vender al país y depredar el erario estatal. 

El pueblo de Colombia pone la enormidad de muertos, mientras ellos siguen con sus negocios. Asesinan selectiva y sistemáticamente a quienes alzan la voz. El mismo Centro de Memoria Histórica (5), registra que entre 2011 y 2020 hubo 1.541 asesinatos selectivos sólo en el Pacífico colombiano. En el país 260 mil muertes, sin contar las miles de víctimas de desaparición forzada, los casi 10 mil colombianos inocentes asesinados en el aberrante caso de los llamados “falsos  positivos”, los casi 300 excombatientes de la Farc-EP firmantes del Acuerdo de Paz asesinados, y toda la  destrucción de la producción nacional que deja este proceso infernal.

Llevando así a la deshonra a las Fuerzas Armadas, Policía, Inteligencia Militar, Investigación Forense, Poder Judicial, en fin, a todo el Estado pues además parece  incontenible el tráfico de cocaína, de marihuana, de bultos de moneda extranjera con la hechura y uso de submarinos pequeños y de lanchas rápidas, la existencia y uso de pistas clandestinas y públicas, carreteras y puertos invisibilizados, todo envuelto en narco-entretenimiento con canciones alusivas  y las narco-telenovelas, por nombrar una de las formas.  Asi como la compra-venta de militares en el mercado internacional del sicariato y el espionaje de agencias privadas, que junto  a la  evidente  invasión de las Fuerzas Armadas de USA (4), nos permiten ver que la fachada (las FFAA) y su alter ego (los paramilitares y sus sicarios) dependen en casi todo y obedecen a una política interna de los Supremos, que obedecen a su vez a la colonialista de la potencia del norte. 

El “Clan del Golfo”, “Los Rastrojos”, los “Gaitanistas”, etc., son los mismos  que en el siglo pasado fueron llamados “Pájaros”, “Chulavitas”, “Mano Negra”, “Tiznados”, “MAS”. Y a las “AUC” a las cuales le quisieron dar el estatus político-militar.

Siempre los movía querer ayudar a la sociedad luchando para liberarles del comunismo y sus aliados, y con ello pretendían invisibilizar los genocidios como el de los seguidores de Gaitán (1948-1952), el de comunistas (1948-1964) o el de la Unión Patriótica (1986-1997), y para mayor impacto pusieron a figurones famosos por su crueldad y falta de todo principio moral y ético, tales como Mariachi, Sangre Negra, Lucho Barranquilla, Rodríguez Gacha, Pablo Escobar, Lehder Rivas, El Perro, La Gata, Mancuso, Víctor Carranza, Leonidas Vargas, Gilberto Molina, los Castaño Gil, entre tantos otros, que sólo fueron idiotas útiles de aquellos Supremos que ejercen el poder desde las sombras de clubes y mansiones y se enriquecen haciendo cuerda de sangre con el pueblo colombiano.

Podemos afirmar así que no hay neo paramilitares, es el mismo perro con distinta correa.

Referencias:

  1. https://www.france24.com/es/20200831-uribe-tuvo-casi-con-seguridad-trato-con-paramilitares-seg%C3%BAn-inteligencia-eeuu
  2. https://www.arcoiris.com.co/2013/03/los-carteles-neoparamilitares-que-mandan-en-colombia/
  3. Sánchez Moncada, Olga Marlene. El paramilitarismo como problema de la historia presente en Colombia, Revista FOLHMYP
    enero – junio, 2019, pp. 58–87
  4. https://elpais.com/internacional/2021-07-15/el-pentagono-confirma-que-entreno-a-los-soldados-colombianos-implicados-en-el-
    asesinato-del-presidente-de-haiti.html
  5. http://micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co/observatorio/wpcontent/uploads/2021/06/Boleti%CC%81n-

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