El declive de la hegemonía del imperialismo norteamericano. En lo político y en lo económico.

Por Roy Daza*

Esta es una brevísima exposición sobre los temas esenciales de la situación internacional, signada por la pandemia, la recesión económica y por vertiginosos virajes geopolíticos. Es una verdad, que lo acertado del diagnóstico de las tendencias generales de la economía y las transformaciones en curso, constituyen la base para la formulación de la línea política a seguir por las fuerzas revolucionarias.

Nuestro punto de partida teórico lo sintetiza con extraordinaria precisión Rosa Luxemburgo, cuando nos enseña que:

“El marxismo es una cosmovisión revolucionaria, que constantemente tiene que luchar por lograr nuevos conocimientos, que no desprecia tanto nada como el aferrarse a formas que alguna vez fueron válidas, que conserva su fuerza vital de la mejor manera en el entrecruzar de las armas intelectuales de la autocrítica, y el relampaguear y tronar de la historia”.- 1916.

Proponemos, entonces, para el debate, la hipótesis según la cual, la hegemonía del imperialismo norteamericano entró en una fase de declive, en lo económico y en lo político.

Una nueva configuración del mapa de los polos de poder en el mundo está en curso, y los recientes acontecimientos del seis de enero en Washington, cuando un grupo de seguidores de Donald Trump irrumpió armado en el Capitolio, estremece los cimientos del sistema político estadounidense y ello tiene y tendrá repercusiones de suma importancia.

Entre otras, habría que apuntar que algunos analistas consideran que la unidad de esa nación está en peligro, que las diferencias entre las corporaciones financieras e industriales ya no pueden ser modeladas, que la crisis económica alcanza a amplios sectores de la sociedad, y que la desigualdad social es más profunda y más amplia. Desde el punto de vista político, las tendencias neofascistas que lidera el ex presidente Trump tienen un peso importante, mientras que en otra dirección, emerge una tendencia socialista que ha formulado un programa avanzado de reivindicaciones sociales y ha cambiado el mapa político interno de los Estados Unidos.

El cuestionamiento al sistema electoral, a los partidos tradicionales, a la actuación de las esferas políticas plutocráticas, la existencia del racismo y la xenofobia, derrumban –cada día más- aquel relato del “gran sueño americano”, ya no se puede mostrar como el paladín de la “democracia”, un sistema que nunca fue democrático, y todo el mundo percibe que el entramado, ideológico, político, jurídico, institucional, económico, financiero y militar del imperialismo es una verdad incontrovertible, que nos permite afirmar que la contradicción principal del mundo en esta época, es, entre toda la humanidad y el imperialismo norteamericano.

Y es en el campo de la economía  en el que se aprecia con mayor nitidez el progresivo declive del imperialismo, para lo cual hay que recordar que en 1945, justo al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la economía estadounidense constituía el 50 % del PIB mundial, y que tres años después el volumen de sus exportaciones alcanzó al 22 %, por tanto, al ser la mayor potencia militar del planeta y tener el mayor PIB y el más grande volumen de exportaciones, fue posible que el dólar se convirtiera en la moneda referencia del comercio y de las transacciones financieras internacionales.

No obstante, en el 2000 el Producto Interno Bruto de Estados Unidos es de 31 %, en 2005, es de 27 %, en 2019 es de 24 %; mientras que la economía china experimenta un asombrosos crecimiento de 9.8 % anual entre 1980 y 2010, y desde 2010 en adelante, crece a un 7 %.

Y adelantamos esta cifra: en medio de la pandemia, en 2020, China crece 2,5 por ciento, mientras que el registro de la economía estadounidense es negativo, es decir, menos 6 %, dos dígitos por debajo de la golpeada economía internacional, que fue de menos -4 % el año pasado.

Ya es un lugar común decir que China aventaja en el plano tecnológico a Estados Unidos y a Europa, y hay un dato que resulta útil anotar: la suma del PIB de los países del BRICS es de 24 % del PIB mundial, la misma que la de la economía norteamericana.

Paul Craig Robert, quien fue secretario asistente del Departamento del Tesoro, sostiene que “Desde 2008, los servicios y las mercancías no han crecido en proporción a los dólares que la Reserva Federal ha creado”, es decir, que una de las causas del ”crack” de 2008 aún está ahí, y que ello tiene un impacto en la economía de todas las naciones, derivado de la ruptura del pacto de Bretton Woods, (1944), cuando se acordó que la referencia era el dólar, pero con base en un respaldo en oro; tal acuerdo fue dinamitado por los Estados Unidos en 1971, para poder resolver sus problemas de balanza de pagos. No cabe la menor duda que este hecho está en la génesis de la enorme desestabilización que experimenta la económica mundial, y es fuente de crisis sucesivas que tuvieron su punto crítico en el ‘crack’ de 2008/09

Nuevos fenómenos están presentes en el escenario mundial, que podría constituirse en la base objetiva para una oleada revolucionaria a escala mundial, hay que afirmar de la manera más categórica, que la fórmula neoliberal, aplicada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ha demostrado su ineficacia económica, y que es la fuente principal del alto grado de desigualdad social que hoy campea en todas las naciones.

A manera de síntesis es posible señalar que ahora la economía de los Estados Unidos tiene un peso menor en el PIB mundial, un amplio déficit comercial y fiscal, -particularmente con China-, está en curso el desplazamiento del dólar como moneda de referencia del mercado, y desde las Naciones Unidas se habla de la necesidad de ir hacia una canasta de varias monedas, con las cuales se pueda establecer la referencia, se constata una caída del ahorro interno, y un crecimiento exponencial de su deuda interna y externa.

En este 2021 estamos frente a una crisis económica global, más de dos mil millones de personas están fuera de sus puestos de trabajo, la incertidumbre que genera la pandemia recrudece en las últimas semanas, una verdadera tragedia humana azota al mundo, y la situación se torna más difícil, cuando se juntan dos fenómenos, por un lado, el impacto directo de la pandemia en la economía, y por otro, la crisis no resuelta de la economía mundial que rebrota.

Ante una situación tan grave, que tiene múltiples aristas, uno de los déficit a resolver es el que señaló en su momento el Comandante Fidel Castro, quien afirmó que el mundo está frente a una crisis de ideas, que hace falta debatir mucho sobre los grandes problemas de la humanidad, que hay que buscar soluciones globales a problemas que son globales. La pandemia, el cambio climático, la profundización de las desigualdades sociales, las migraciones, la falta de agua en buena parte del planeta, la irrupción de fuerzas neofascistas en América y Europa…

Roy Daza* Escritor y periodista, integra la Comisión de Asuntos Internacionales del PSUV, diputado a la Asamblea Nacional, es vicepresidente segundo de la Comisión de Política Exterior, forma parte de la Comisión de Paz, Diálogo y Reconciliación Nacional.

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