EL ADVENIMIENTO DE LA GUERRA COGNITIVA ANUNCIADA POR LA OTAN ¿SERÁ UNA NUEVA AMENAZA PARA VENEZUELA? (I)

Por RICARDO CHANG

Profesor Universitario. Lic. en Psicología, Mención Psicología Social. Diplomado en Pedagogía Militar. Magister Scientiarum en Filosofía de la Guerra.

En noviembre del 2020, el proyecto militar Innovation for Defence Excellence and Security (IDEaS, por sus siglas en inglés), también conocido como Innovation Hub, adscrito a la Organización del Atlántico Norte (OTAN, por sus siglas en inglés), con sede en Canadá, publicó un estudio titulado Cognitive Warfare, cuyo autor, el coronel francés François du Cluzel, además de desarrollar la Estrategia de Guerra Cognitiva en dicho Proyecto es también su directivo.

 El estudio declara que la naturaleza de la guerra ha cambiado; que el concepto tradicional de guerra es insuficiente para comprender la mayoría de los conflictos bélicos actuales. En este sentido, la Guerra Cognitiva (GC) representaría una de las nuevas formas de guerra. Todo el documento se dedica a describir la GC, su contexto, características, proyecciones y a justificar el por qué la misma, determina un nuevo dominio operativo (además de los cinco ya establecidos: aire, tierra, mar, espacio y espacio cibernético) y, por lo tanto, debe pasar a ser parte importante de la doctrina militar atlántica ya que el nuevo dominio, el dominio humano, en particular el cerebro será el principal campo de batalla del siglo XXI.

 La OTAN es la mayor alianza militar de EEUU para apuntalar su dominio hegemónico global. Ha sido actor clave en la Guerra Difusa, Multidimensional, Multiforme, de Carácter No Convencional desatada por esa potencia imperialista para derrocar a la República Bolivariana de Venezuela, como bien la ha identificado el Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (CEOFANB).

Adicionalmente, hay que recordar que Colombia, principal agente regional en la campaña de agresiones contra nuestro país, es Socio Global de la OTAN desde el 31 de mayo del 2018; esto implica que en un futuro la GC pasará a ser parte de su pensamiento estratégico militar.

Con base en lo anterior, consideramos necesario hacer una caracterización general y un análisis prospectivo preliminares de esta GC anunciada por la OTAN, la cual, con mucha probabilidad, pasará, de representar hoy una Amenaza Externa, a ser mañana una Nueva Forma de Agresión contra Venezuela.

El punto de partida del planteamiento de Du Cluzel es la constatación de que la naturaleza de la guerra ha cambiado, una afirmación compartida por muchos estudiosos de la guerra como Martin Van Creveld y Mary Kaldor.

La GC se justifica porque la guerra actual está impregnada de mucha tecnología, entre otras cosas, gracias al vertiginoso avance de las tecnologías de la información y la comunicación -añadiríamos nosotros: históricamente, esa apreciación es válida desde la Guerra del Golfo de 1991, con la operación “Tormenta del Desierto”.

Estas tecnologías incorporadas al hecho bélico han elevado exponencialmente la velocidad de transmisión y procesamiento de la información. El elevado volumen de información disponible en todo momento hace que el campo de batalla actual se caracterice por una permanente sobrecarga de información. Las habilidades cognitivas de los seres humanos en los que recae la toma de decisiones durante el enfrentamiento bélico son insuficientes para asegurar la elección de medidas oportunas e informadas.

Por tanto, dado que son los seres humanos los que constituyen las organizaciones, la cuestión de las capacidades cognitivas individuales y, por ende, organizacionales para un adecuado proceso de toma de decisiones se torna de importancia fundamental para la guerra. Surge entonces el problema de cómo gestionar las habilidades cognitivas dentro de las organizaciones militares; cómo desarrollar capacidades para dañar las habilidades cognitivas de los oponentes y cómo salvaguardar nuestros procesos de toma de decisiones; cómo interrumpir y degradar, al mismo tiempo, las del adversario. Todos los líderes y decisores, en todos los niveles, así como los procesos organizacionales de toma de decisiones, son susceptibles a ataques de tipo informático y cognitivo.

Un antecedente de cómo la GC puede explotar las vulnerabilidades innatas de la mente humana, lo tenemos en el manejo de las informaciones sobre el Covid. En determinado momento se ha generado tal volumen de información que el individuo se ha saturado, acopia una sobrecarga de informaciones y conocimientos muy diversos y, a menudo, contrapuestos. Esta tensión mental lo lleva a la pérdida de credibilidad, a la indecisión, baja capacidad de discernimiento y, en definitiva, a adoptar una mala decisión, por ejemplo, no vacunarse, impulsado por la necesidad psicológica de dar un cierre. Se daña así la capacidad de cuestionar cualquier información presentada en los medios, manipulando la tendencia compulsiva a recurrir a sesgos cognitivos en detrimento de una buena toma de decisiones. Explícitamente, dice el documento, no se quiere atacar lo que la gente piensa sino la forma como la gente piensa.

En definitiva, la principal vulnerabilidad es la humana. Este es el meollo de la GC. Con dicho estudio, la OTAN quiere anticiparse al conocimiento del verdadero potencial de la GC. Du Cluzel afirma, haciendo suyo un axioma clásico de la guerra, que, a fin de cuentas, el objeto de la guerra se reduce siempre al enfrentamiento de las voluntades humanas y, por lo tanto, lo que define la victoria es la capacidad de imponer un comportamiento determinado al oponente. En particular, se trata de identificar vulnerabilidades para atacar los Centros de Gravedad Estratégicos del enemigo y descolocar el apresto operacional de sus FFAA.

La GC está muy relacionada con la denominada Guerra de Información (GI), no obstante, ésta ha sido diseñada para apoyar objetivos definidos por misiones militares tradicionales, es decir, producir efectos cinéticos letales en el campo de batalla, para lograr la victoria pero no para alcanzar logros políticos duraderos –añadimos nosotros, que la muestra más palpable de esta limitación la tenemos en las derrotas norteamericanas, en el sentido de no haber podido obtener “logros políticos duraderos” pese a la “victoria” militar en Afganistán, Libia e Irak. En cambio, la GC estaría pensada como la herramienta por excelencia para consolidar un dominio territorial efectivo y a largo plazo.

En el plano más general, la cultura tecnológica/digital de las sociedades occidentales ha hecho posible que una plataforma como internet se haya convertido en una herramienta indispensable para la solución cotidiana de asuntos sociales, laborales, educativos, de salud, etc. Más que naciones de habitantes, tenemos naciones de “usuarios” de plataformas y redes digitales. Por tanto, todos los habitantes de las sociedades “abiertas” occidentales pueden potencialmente contribuir, consciente o inconscientemente, a la GC al proporcionar un valioso conocimiento de sí mismos y de la sociedad. Un conocimiento que, como dice el dicho, es un poder y puede convertirse en un arma.

Cada individuo en su cotidianidad consume información de los medios y está conectado a las redes. Mientras está conectado e interactuando va dejando trazas de su actividad en ellas; va generando una información permanente que es captada y procesada inmediatamente por la Big Data para conocer su perfil sicológico, sus preferencias, actitudes, exponiéndolo a ser objeto de manipulaciones, (aquí entraría la GC), para, anticipar sus reacciones, inducir emociones, establecer simpatías, entre otros.

El documento señala que ya la GI hace tiempo viene operando en la política (caso: el papel jugado por Cambridge Analytica, en el triunfo electoral Donald Trump). También hace mención a la GI en la economía y se refiere a los adelantos en lo que se ha denominado Economía Conductual (Capitalismo de Vigilancia Masiva). A este respecto, queremos añadir que, en este campo, desde hace unas tres décadas, vienen desarrollándose investigaciones sobre cómo incidir en las pautas seguidas por los consumidores a la hora de decidir la compra de un producto. Conjugando los aportes de la teoría del cerebro triuno, la psicología de la percepción, la psicología social y hasta del psicoanálisis, se ha consolidado un enfoque llamado Neuromarketing el cual cuenta con una variada y relativamente exitosa gama de aplicaciones y, además, se ha extendido al ámbito político con el cognomento de Neuropolítica.

Esta civilización digital permite que los usuarios de las redes, aun cuando no tengan una elevada formación tecnológica, puedan adquirir destrezas suficientes como para fabricar fake news, distorsionar información, difundir información errónea, esparcir estímulos dirigidos al contagio emocional, etc. De este modo, todo usuario de las redes, de las tecnologías de la información y la comunicación, es un objetivo potencial en la GC, pues puede convertirse en un posible hacker, amigo o enemigo. Las mismas características del ciberespacio: falta de regulación, alta exposición a ataques con virus informáticos, robots, anonimato, etc., aunadas al advenimiento de la GC, posibilitan esta mutación.

Por eso Du Cluzel señala que la GC tiene una aplicación universal que va desde el individuo, pasando por las grandes corporaciones hasta los Estado-Nación. Pero con esta afirmación, el coronel francés devela un objetivo implícito de la GC: el control de la población, pues cada persona tiene las condiciones de convertirse, eventualmente, en un hacker enemigo, en un enemigo interno. Pero como la GC está presente en el ámbito económico y social, puede entonces considerarse enemigo a cualquier opositor al régimen político o a cualquier objetor de la política económica. Es decir, la GC no está solamente al servicio de la defensa de la soberanía del país sino también al servicio de la preservación del poder y los privilegios de una determinada clase social, en el más viejo estilo de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

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