Editorial

Pareciera estar atada la “Revista Pueblo En Armas” a los acontecimientos y coyunturas más difíciles que le ha tocado enfrentar al pueblo venezolano al darse este el derecho a gobernarse, al levantar las banderas de una democracia revolucionaria donde el hombre y la mujer son el centro, al darse el derecho de la autodeterminación, de la soberanía y la independencia. Ya no es el mismo pueblo que el 2002 rescataba la dignidad secuestrada por un grupo de traidores militares aliados a lo más rancio de la oligarquía venezolana. Un 13 y 14 de abril abrían el paso para la primera entrega de “Pueblo En Armas”, el pueblo en la calle y los militares patriotas en perfecta unidad cívico- militar eran los protagonistas.

Dieciocho años más tarde, la amenaza sigue latente, el poderío de una élite que se niega a ceder un milímetro de la hegemonía lograda a sangre y fuego en el planeta. El mundo multipolar es la amenaza a exterminar de raíz. Y Venezuela como país protagonista en este nuevo orden mundial, es un mal ejemplo para sus vecinos regionales, es el enemigo a conquistar.

La herencia dejada por el Comandante Hugo Chávez, la Independencia, el bien más sagrado, es la que desean aniquilar quienes desde Washington erigen la Doctrina Monroe. El “América Primero“, no es un eslogan de campaña electoral prometido por Donald Trump, es la visión como la elite conservadora ve a Nuestra América desde los tiempos de los fundadores en lucha contra la gesta libertaria de Simón Bolívar.

Ayer fue el Congreso Anfictiónico de Panamá al que sabotearon a través de sus agentes, los Irving de hoy enviados por el imperialismo para impedir la unidad de las naciones surgidas desde los procesos de independencia. Hoy, UNASUR, la CELAC, CARICOM o el ALBA, cualquier modelo de unidad latinoamericana es una amenaza para quienes se ufanan en calificarnos como “patio trasero” y deliran con hacerle la guerra a los pueblos.

A la Doctrina Monroe, los pueblos que luchan en el continente contra la voraz capitalista anclada en las políticas del FMI, le antepone la Doctrina Bolivariana, una brisa que espanta el olor a azufre esparcido a lo largo y ancho de Nuestra América a través de gobiernos conservadores y satélites de la Casa Blanca; Honduras, Guatemala, Perú, Colombia, Chile, Brasil, Uruguay,

Paraguay, Bolivia. El azufre revive a los monstruos que protagonizaron el Plan Condor cubriendo pueblos enteros con un paisaje gris y un olor fétido. Son los olores de la muerte. Afloran entre la pestilencia, militares que han olvidado a la enseñanzas de Bolívar y de San Martin o de un Bernardo O’Higgins para colocarse del lado de las oligarquías latinoamericanas. Parafraseando a Pablo Neruda, poeta de Nuestra América, pretenden que naufraguemos en el vacío.

Ante la amenaza de Trump en utilizar la carta de la intervención militar, el Presidente Constitucional de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Nicolás Maduro, responde con pueblo; organizado, concientizado y movilizado. Pueblo en Armas nuevamente se convierte en la fuerza principal de la Revolución. Más de tres millones de mujeres y hombres en armas son convocados a defender la Patria. Un Escudo Bolivariano se levanta. No solo son las armas, es la conciencia de quien empuña un fusil, de quienes tienen la responsabilidad de prestar los primeros auxilios en un Área de Defensa Integral y de quienes conociendo su sentido de clase abrazan las armas para defender la Independencia Nacional contra los enemigos internos y externos.

Mario Benedetti, poeta uruguayo describía al amo del mundo como cretino, un “borracho de petróleo y siempre ileso de su culpa convicto y no confeso” y estudioso del “manual del asesino”, solo el imperialista ansia la guerra. Solo un grupo de apátridas reinan pleitesía en el Salón Oval de la Casa Blanca, decididos a entregar la Patria ante la vorágine imperial invocando para ello, si es preciso, la intervención militar. Solo el imperialista ansia matar toda mujer o niño que se le cruce el camino, desde la comodidad de una habitación dirigiendo un Dron o con marines desembarcando en costas venezolanas, propiciando cientos, miles de barrios como El Chorillo, atendiendo una “Causa Justa”. En su fabula, los marines viene a liberar, esperan una patria, un nuevo Puerto Rico con “gringuitos chiquiticos pero con sabor”. Los pitiyanquis son cobardes para enfrentar su destino en el campo de batalla como valientes vendepatrias para atesorar fortunas a costa de la “ayuda humanitaria”, hipotecan las riquezas del país para asegurar un título nobiliario que les permita gobernar su pequeño feudo. Pero siempre terminan desestimando y subestimando a Bolívar reivindicado por el Comandante Hugo Chávez bajado del pedestal para convertirlo nuevamente en la fuerza creadora y avasallante de los procesos de liberación.

Los enemigos de la Patria encontrarán firmes al PUEBLO EN ARMAS, garante de la defensa de lo conquistado y de la paz que en Revolución nos hemos dado.

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