Del Golpe de Estado a la Guerra Civil en la tierra de George Washington.

Por Miguel Ernesto Salazar

Esta semana revisando algunos medios digitales de los Estados Unidos, entre ellos The Nation, leí un artículo de Jeet Heer, un columnista que escribe para este medios y otros como The New Yorker, The Paris Review, Virginia Quarterly Reseña, The American Prospect, The Guardian,  The New Republic y The Boston Globe. Este articulo lleva por título, “The Coup Next Time”, “El Golpe la Próxima Vez”.  Se trata de una mirada sobre los sucesos en el Capitolio de los Estados Unidos, cuando el 6 de Enero DonateloTrump trato de desconocer el triunfo de Joe Biden y que trajo consigo una serie de consecuencias sobre la política interna de los Estados Unidos (capitulo aun no cerrado). Esta mirada está basada en el análisis de Edward Luttwak, un estratega militar  llamado “el Maquiavelo de Maryland”.

En EE.UU. nunca va a haber un golpe de Estado, porque ahí no tienen la Embajada”, esta idea la expreso recientemente un veterano de la política latinoamericana, José “Pepe” Mujica. Pepe hace una referencia común utilizada en la región para ejemplificar la política exterior de los Estados Unidos para torcer el rumbo de procesos políticos en el mundo cuando estos afectan sus intereses o atentan contra el concepto occidental de Democracia y Libertad de los padres fundadores. Irán (1953), Guatemala (1954), Congo (1961) Vietnam del Sur (1963), Grecia (1967), Chile (1973), Ecuador (2008), Honduras (2009), Ucrania (2013) Venezuela (2002 y 2019), Bolivia (2019), Malí (2020), Guinea (2021) y una larga lista de acciones impulsadas por los Estados Unidos, sean estos gobernados por Republicanos o Demócratas (aunque el Salón Oval se ve más convulsionado por este tipo de prácticas bajo las banderas del Burro). En cada uno de estos países donde se ha comprobado la intervención gringa en la planificación y ejecución de Golpes de Estado, la embajada gringa ha protagonizado un rol estelar.  

Edward Luttwak, parece desafiar este lo señalado por el Pepe Mujica. “El Maquiavelo de Maryland”, ha sido protagonista de los sucesos del 6 de enero del 2021 y de otro conjunto de acciones posteriores al fallido intento de Trump por revertir aquellos resultados que lo llevaron a la derrota. Incluso, en el 14 de diciembre de 2020, Luttwak formó parte de un grupo de de extrema confianza de Trump designados para la Junta de Política de Defensa, una especie de órgano asesor del Pentágono. Edward Luttwar además es el autor del libro “Coup D’État: A Practical Guide” (1968), “Golpe de Estado: Guía Práctica”, un manual que el propio Luttwak ha definido como un material que “se puede comparar con un libro de cocina en el sentido de que tiene como objetivo permitir que cualquier profano equipado con entusiasmo y los ingredientes adecuados lleven a cabo su propio golpe”. Sobre Luttwark, el autor del artículo que hemos citado hace un comentario: “A Luttwak le gusta contar la historia de cómo, en medio de un golpe fallido en 1972, el general marroquí Mohammad Oufkir fue asesinado con una copia del libro en su poder.”

Un día después, cual profesor evaluando las practicas de sus alumnos en un experimento, Luttwak, califico el asalto al Capitolio: “Ciertamente, lo que sucedió tampoco fue un intento de golpe de Estado. Los golpes deben ser conspiraciones subterráneas y silenciosas que emergen solo cuando los ejecutores se trasladan a las sedes del poder para comenzar a dar órdenes como el nuevo gobierno. Una reunión muy grande, muy ruidosa y colorida no puede intentar un golpe.” Luttwak reprobaba de esta manera a su alumno Trump y colocaba observaciones para una eventual repetición del experimento.

Un experimento fallido al no poder concretar el apoyo de sectores militares conservadores, que les costó apoyar a Trump, tal como lo señala Jeet Heer en su artículo: “Este furioso ex presentador de un programa de telerrealidad no era un hombre a caballo que cualquier oficial serio arriesgaría su carrera apoyando en una toma de poder extraconstitucional.”

Recordemos que hasta Mike Pence, Vicepresidente en la administración de Trump se opuso a las acciones que se dieron lugar en el Capitolio y fue clave en la derrota de quienes se sumaron a esta acción, que algunos no escatiman en definir como de un Golpe de Estado. Pence también fue pieza clave para disuadir a Christopher Miller, último Secretario de Defensa de Trump. Por cierto, este personaje se desmarco recientemente de lo declarado inicialmente sobre los sucesos del Capitolio, donde llego a afirmar que Trump solicito de manera formal el despliegue de más de 10.000 soldados en el Capitolio el 6 de enero de 2021. Hace unos meses declararía que “Nunca me dieron ninguna indicación u orden ni supe de ningún plan de esa naturaleza”.

Pero toda derrota tiene sus lecciones y un nuevo Golpe de Estado, no debe desestimarse en cualquier análisis, incluso si se trata del propio Estados Unidos o lo que es peor, contemplar en el análisis la posibilidad de una guerra civil en los Estados Unidos, no es fabula es un escenario real, sobretodo, tomando como contexto el avance de Trump para hacerse nuevamente con el control de la Casa Blanca y todos sus aparaticos. A lo que habría que sumarle el declive de la imagen de influencia de Joe Biden sobre la sociedad estadounidense (53% de los estadounidenses desaprueba su gestión). Trump sigue su camino de acumular fuerzas (los republicanos encabezados por Trump pudieran hacerse del Senado gringo y lograr un imporatnte avance en la Cámara de Representantes en las proximas elecciones intermedias este 2022 y de otro tanto de gobernaciones), sigue sumando afectos en un amplio sector anti Gobierno Federal que crece especialmente sobre los círculos de una clase trabajadora empobrecida. En su artículo, Heer, nos señala la evidencia de pruebas de la derecha está tomando lecciones de la derrota del 6 de enero para planificar el próximo golpe. Sobre el particular cita la intervención de un republicano que se abre paso hacia el Senado, Blake Masters, quien manifestó ante un grupo conservador en agosto pasado que había que purgar a las fuerzas armadas de los Estados Unidos: “Toda su clase general, son políticos de izquierda en este momento”. Y termina la cita con esta bomba: “Es muy difícil convertirse en general sin ser una especie de político de centro-izquierda. Me encantaría ver a todos los generales despedidos. Tomas a los coroneles más conservadores, los asciendes a generales”.

¿Generales de izquierda en el Pentágono? A ver como despejamos este inverosímil enfoque.

En su libro del 68, sobre cómo crear cizaña en el estamento militar, Luttwak, aconseja a cualquier posible conspirador que haga listas de oficiales subalternos a los que se les ha negado el ascenso. “Por supuesto, los coroneles siempre han sido prominentes en los golpes militares”, indica Luttwak, aunque estos coroneles pueden sean difícil de controlar. Otra lección asimilada por la derecha reseñada en el manual es que no son las calles sino los pasillos del poder donde se cocina el Golpe de Estado. El golpe, dice Luttwak, “opera en esa zona fuera del gobierno pero dentro del estado que está formado por el servicio civil permanente y profesional, las fuerzas armadas y la policía. El objetivo es separar a los empleados permanentes del Estado de la dirección política”.

Sobre esto último, Heer advierte sobre la existencia de Tanques de Pensamiento conservadores que han trabajado sobre la figura de Sheriffs a través de becas para su formación ideológica. Un Sheriffs es un funcionario electo, una “autoridad policial política” cuya misión es mantener la paz y la justicia en una jurisdicción. Heer, nuevamente hace una cita, esta vez sobre una carta para recaudar fondos: “Algo importante que dejan en claro los disturbios, los cierres y los desastres electorales de 2020 es que Estados Unidos y el movimiento conservador de nuestra nación necesitan una red compensatoria de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley incorruptos”. Y cierra la cita con lo que podemos considerar un cierre con broche de oro: “El mensaje es claro: haga lo que sea necesario para aplastar a sus oponentes y todo será perdonado en el segundo mandato de Trump”. Otra cita, esta vez sobre John Ganz, un analista de la ultra de la derecha, señala el contacto a Sheriffs Fellowship con dos formaciones de extrema derecha, “Posse Comitatus y los movimientos de Sheriffs Constitucionales”, que alentaron a estos funcionarios a ejercer poder extralegal sobre los funcionarios electos.

Trump estaría armando un ejército que haga posible preservar su hipotética victoria más allá del paragua del Estado en este acumulado que va amasando de cara a las presidenciales del 2024 bajo la idea de Luttwak, la cual expresa que no es necesario crear una organización ad hoc para subvertir el orden establecido sino que basta con la “infiltración de un engranaje, pequeño pero esencial, de la máquina administrativa del Estado, engranaje que a continuación es utilizado para impedir al Gobierno ejercer el control del conjunto”.

Veamos este dato sobre una de las organizaciones de extrema derecha que estuvo involucrada en el asalto al Capitolio. Fiscales Federales de los Estados Unidos alegaron que un sector de “Oath Keepers” almacenó armas y municiones en las afuera de Washington. Y un nuevo informe publicado por la “Liga Anti-Difamación” donde se señala la existencia de 38 mil integrantes de esta organización de extrema derecha, entre ellos militares y policías en situación activa, por lo menos, 117 militares activos, 11 reservistas, 31 contratistas militares, 11 alguaciles y 10 jefes de policía. Además hay que sumarle a la lista un conjunto de alcaldes y concejales. ¿Algún Gobernador, Senador, Congresista o dueño de un conglomerado industrial-militar?   

Sé que aún después de colocarle al lector algunos elementos sobre la posibilidad de un Golpe de Estado o una guerra civil en los Estados Unidos que pueda desarrollarse en la medida que la crisis mundial empuje a la tierra de Washington al borde del abismno, nos quedan aun dudas. Voy a recurrir al guion de Oliver Stone y Zachary Sklar, que da vida a la película “JFK” (1991). El asesinato de Kennedy como expresión máxima de la transformación de un país en un gran negocio de guerra, con Vietnam y Laos como combustible para la industria armamentista, el asesinato de Kennedy como el resultado de un Golpe de Estado, es la trama principal. No dejemos de lado que esta puesta en escena está construida bajo los resultados del famoso Informe de la “Comisión Warren” que sirve para que los libros, “Tras la pista de los asesinos” de Jim Garrison y “Crossfire: El complot que mató a Kennedy” de Jim Marrs, de origen a la película. Una escena de la trama desvela la intriga detrás del poder, el dialogo de 15 minutos entre los personajes del Fiscal Jim Garrison (Kelvin Costner) y un funcionario de la inteligencia militar conocido como Sr X (Donald Sutherland). El Sr X, un especialista en “operaciones negras”, en Golpes de Estado, luego de indicarle cada una de las acciones que ha protagonizado los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de construir un nuevo orden mundial, le lanza la pregunta de las 64 mil lochas a Garrison: “¿Por qué? Esa es la pregunta clave. El cómo y el quién, solo son migajas para el público (…) les impide hacer la gran pregunta ¿Con la muerte de Kennedy quién se beneficio, quién tiene el poder para encubrirlo? El principio organizador de cualquier sociedad se basa en la guerra.”   

Una frase del escritor albanes Ismail Kadaré es propicia para cerrar: “Un enfrentamiento, un intercambio de golpes terribles pero sordos han tenido lugar en las profundidades, en los cimientos mismo del Estado (…) Y entretanto nosotros, como ya he dicho alguna vez, no vemos más que sueños, jirones de niebla.”

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