DE PALMEROLA A CHUAO, 300 COMANDOS DE OPERACIONES ESPECIALES.

A propósito del artículo publicado por Dick Emanuelsson, “¿Participará HONDURAS en una GUERRA de EEUU contra VENEZUELA?”

Por Miguel Ernesto Salazar

Esta semana revisando como es habitual, el portal Alba que dirige Fernando Bossi, encontré un artículo de Dick Emanuelsson (fuente original Telesur), periodista sueco con amplio conocimiento de Latinoamérica. El artículo, titulado, “¿Participará HONDURAS en una GUERRA de EEUU contra VENEZUELA?”, expone la entrevista realizada a Gilberto Ríos, dirigente del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), sobre el movimiento de helicópteros militares de la base de aviación del Comando Sur de EEUU, Palmerola, en Honduras. La movilización militar coincidía con el anuncio de la embajada gringa en Colombia del arribo de “…una brigada norteamericana de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés), que viene para ayudar a Colombia en su lucha contra narcóticos. La SFAB es una unidad especializada del Ejército de los Estados Unidos formada para asesorar y ayudar operaciones en naciones aliadas.”, de la cual hicimos referencia la semana pasada.

En este trabajo varios interrogantes Emanuelsson le hace al dirigente de LIBRE: ¿Cuál es tu lectura sobre los masivos sobrevuelos de por lo menos 15 helicópteros Black Hawk y Boeing CH-47 Chinook que la población en Comayagua fue testigo ayer, miércoles 28 de mayo, 2020? ¿Cuál es el papel de Honduras en el mapa geopolítica del Caribe y el norte de Sudamérica? ¿Qué futuro tiene Palmerola para la oposición política en Honduras? “ “Honduras siempre se ha comportado como una colonia, como un satélite a la política exterior norteamericana”, sostiene el dirigente de la izquierda hondureña. Recordando además que el gobierno de Honduras está en la lista de los que han reconocido internacionalmente al “treparrejas”, Juan Guaidó. Más adelante, en el artículo proporciona otra información importante: “El Pentágono confirmó el miércoles 4 de septiembre 2019 la construcción de cuarteles militares en la base aérea Palmerola con una inversión de 21 millones de dólares. Nuestra fuente dice que son para las instalaciones militares, no para el aeropuerto o pista o cuarteles. En Palmerola hay toda una ciudadela subterránea bajo la pista. La base es estratégica para los gringos, es un centro de comunicaciones y un enorme almacén de combustible para sus naves”.

Palmerola fue, es y será centro de agresiones

En el 2018, en Panamá, las fuerzas militares gringas realizaron los ejercicios militares en conjunto con SENAFRONT (Servicio Nacional de Fronteras de Panamá). Estos ejercicios contemplaron ensayos de operaciones militares como las llevadas a cabo en Honduras donde derrocaron al Presidente  Manuel Zelaya, sacándolo en piyama  de su casa y en un avión del país una vez consumado el golpe de Estado. Palmerola fue la base aérea utilizada para esto.

Los ejercicios militares (“Nuevos Horizontes”) del 2018 contaron con la participación de 415 efectivos militares de EE.UU, y se desarrollaron en las  Provincias de Darién, Coclé y Bocas del Toro en Panamá. A estos ejercicios le han seguido una docena más de diversa escala desde el 2018 hasta el 2020. El centro de operaciones de estas acciones se concentró en la Base Militar de Palmerola.

La Base Área José Enrique Soto Cano, conocida como Palmerola, es desde donde el Comando Sur a través de la Fuerza de Tarea Conjunta – Bravo (JTF-B) desarrolla sus actividades en la región cuya finalidad expresa es “…apoyar la seguridad, estabilidad y prosperidad para las Américas”.

Fue el centro de operaciones para el impulso de la Contra nicaragüense, fuerza paramilitar financiada por los gringos con recursos del narcotráfico a través de la CIA, que enfrentó a la Revolución Sandinista. Palmerola es un punto clave en la acción contrainsurgente y en el desarrollo de los planes para intervenir contra gobiernos progresistas en la Región. Ha sido pieza esencial de la política exterior estadounidense.

Palmerola, fue, es y será un enclave para las operaciones clandestinas de la CIA.  La directora de la Central de Inteligencia estadounidense, Gina Haspel conoce y maneja a la perfección el uso de esta base para los planes gringos de intervención en la región.

Incluso, en alguna ocasión después del Golpe de Estado del 2002 contra el Comandante Hugo Chávez, un general protagonista de la operación “Rescate de la Dignidad”, llego a sugerirme que Palmerola era el lugar de llegada de la aeronave de siglas norteamericana que se encontraba en La Orchila y cuyo pasajero sería Hugo Chávez Frías.

En Venezuela, el objetivo en la mira, son los principales dirigentes de la Revolución Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. La “Operación Gedeón” fue un intento fallido en ese sentido. ¿Serviría la Base Militar de Palmerola como apoyo logístico para los mercenarios de Silvercorp? ¿Saldrían de Palmerola los helicópteros o aviones que se encargarían de trasladar al Presidente Nicolás Maduro a territorio extranjero de haber tenido éxito la “Operación Gedeón?   

El despliegue operativo militar a partir de Palmerola.

Desde los tiempos de Barack Obama el despliegue de grandes unidades militares a los teatros de operaciones dispuesto por los Estados Unidos en el mundo, que conducían a agresiones militares costosas e impopulares dieron paso a una nueva estrategia donde las fuerzas especiales juegan un papel de primer orden, ya sean estas propias o contratadas. Hoy Trump, continua la estrategia militar de Obama. Un relato de un soldado retirado de las fuerzas especiales puede darnos algunas luces a este respecto: “Cuando serví en Irak y Afganistán, aproximadamente la mitad de las  40 brigadas de combate del Ejército se desplegaron en esos dos teatros regionales en un momento dado. El resto estaba entrenando para sus próximas rotaciones y ya en el » gráfico de parches » donde el logotipo de cada unidad indicaba su futuro despliegue programado. Esta era la vida en la cinta transportadora de la guerra estadounidense que vivía una generación de soldados como yo. Para enero de 2017, sin embargo, el número de brigadas convencionales desplegadas en la guerra contra el terrorismo podría contarse con una mano”. Y termina su comentario de esta manera: “Por ejemplo, la ronda de despliegues más reciente del Ejército, anunciada en abril, incluyó solo seis brigadas. De estos, dos eran unidades de aviación y, entre las fuerzas terrestres, uno se dirigía a Europa, otro a Kuwait. En otras palabras, solo dos brigadas de combate terrestre estaban programadas para Iraq, Siria o Afganistán, y una de ellas era una Brigada de Asistencia de la Fuerza de Seguridad reconstituida, esencialmente, una tripulación esquelética de oficiales y suboficiales destinados a entrenar y asesorar a las tropas locales”. ¿Les es familiar la Brigada de Asistencia de la Fuerza de Seguridad?

Los comandos estadounidenses son los que soportan ahora la mayor parte de la carga de los despliegues de guerra y las bajas a lo largo y ancho del mapamundi imperial con asistencia de aviones no tripulados (lanzados desde bases como Palmerola, incluso desde Colombia). Del mismo lado pero de otra forma, paramilitares y grupos de narcotraficantes bajo el tutelaje de la DEA, desertores de unidades militares y policiales como en el caso venezolano y por supuesto los llamados bajo el eufemismo de contratistas, léase, mercenarios. La Proxy War.

En un artículo de  Danny Sjursen publicado el pasado 27 de mayo por The Nation, bajo el título, ¿Cómo será la guerra pospandémica?, sobre esta nueva doctrina señala: “La lucha de guerra de Estados Unidos ya se ha privatizado cada vez más. Recientemente, Erik Prince, el ex CEO de la compañía militar privada Blackwater, un influyente aliado de Trump y hermano de la Secretaria de Educación Betsy DeVos, presentó al presidente un plan descabellado para privatizar toda la guerra afgana (…) es probable que se acelere la tendencia a utilizar solo unos pocos de ellos para ejecutar una máquina de guerra cada vez más proxy”.

Pero veamos algunas cifras importantes para tener en cuenta en el análisis a partir de del uso de bases como Palmelora para intervenir en la región utilizando pequeñas unidades militares.

Las cifras.

Otro trabajo publicado en The Nation pero esta vez de la mano de un conocido investigador en temas militares, Nick Turse, publicado el pasado 21 de marzo, con el título, “¿Qué están haciendo las fuerzas estadounidenses en el extranjero? No lo sabemos necesariamente”, proporciona un conjunto de cifras sobre el uso de fuerzas elites militares (“Navy SEALs, Army Green Berets y Marine Raiders”). Las cifras son  “proporcionadas a TomDispatch por el Comando de Operaciones Especiales de EE. UU. (SOCOM)”.

El 2019, estas fuerzas de operaciones especiales se movilizaron en 147 países, “… el 72 por ciento de las naciones de este planeta. Si bien se redujo de un máximo de 149 países en 2017, esto todavía representa un aumento del 135 por ciento desde fines de la década de 2000, cuando los comandos de Estados Unidos operaban en solo 60 países”. Según el autor este incremento de las actividades de estas agrupaciones de la elite de operaciones especiales estuvo ligado a hechos que iban contra la “ética” de los comandos: “Incidentes recientes han cuestionado nuestra cultura y ética y amenazan la confianza depositada en nosotros«, reseña Turse sobre una declaración del general Richard Douglas Clarke, jefe del Comando de Operaciones Especiales.

Otro dato que nos deja el artículo de Nick Turse, sobre el número de bajas de estas Fuerzas Especiales en los distintos escenarios de agresión imperialista donde “…han absorbido más del 40 por ciento de las víctimas de estos años, principalmente en los conflictos de los Estados Unidos en el Gran Medio Oriente y partes de África.

En lo referente a los recursos destinados para el despliegue de estas fuerzas, “…la “financiación específica para operaciones especiales”, que ascendió a $ 3,1 mil millones en 2001, según el portavoz de SOCOM Ken McGraw, aumentó a aproximadamente $ 13 mil millones en la actualidad”.

Sobre el mismo de efectivos, Turse, escribe que en el 2001, los integrantes de estas fuerzas especiales ascendían a unos “45,000 personas de SOF” y que para hoy, esa cifra puede estar alrededor de los “73,000 miembros del Comando de Operaciones Especiales (personal militar y civiles)” y agrega que estas están “llevando a cabo una amplia gama de actividades que incluyen contraterrorismo, contrainsurgencia, asistencia de la fuerza de seguridad y guerra no convencional”. “En 2001, un promedio de 2.900 comandos se desplegaron en el extranjero en una semana determinada. Ese número ahora es de 6,700, dice Ken McGraw de SOCOM”, nos señala Turse en su trabajo. ¡6.700 en una sola semana! “Durante cualquier semana, los comandos se despliegan en aproximadamente 82 naciones”. ¿Cuántos de estos efectivos militares estarán dispuestos para un plan de intervención militar sobre Venezuela? ¿Cuántos alberga Palmerola?

Según las estadísticas reseñadas por Turse “proporcionadas a TomDispatch por el Comando de Operaciones Especiales”, un poco más del “62 por ciento de esos operadores especiales desplegados en el extranjero en 2019 fueron enviados al Gran Medio Oriente, superando con creces a cualquier otra región del mundo. Esto representó un repunte para los operadores especiales en el área de operaciones del Comando Central, o CENTCOM”. Solo un “3,75 por ciento en América del Sur y Central, así como el Caribe”.

¿Cuál fue el papel jugado por un poco más de 300 efectivos de las fuerzas especiales de los Estados Unidos en la región? ¿Luke Denman y Airan Berry, los dos mercenarios gringos detenidos por los pescadores de Chuao, forman parte de este 3,75% en las estadísticas del CENTCOM?

No hay que perderle la vista al grupo de la Brigada de Asistencia de la Fuerza de Seguridad que acaba de llegar a Colombia, ni a los ejercicios militares programados para los meses por venir como es “Unitas LANT” en el Atlántico entre el 18 y el 31 de agosto. ¿Activación de la fachada amazónica? Ejercicios preparativos para combatir las posibles amenazas futuras. ¿Zonas Futuras?

No olvidemos lo dicho por el Jefe del Comando Sur Almirante Craig Faller haciendo referencia a la doctrina militar gringa basada en  “futuras amenazas”: “Entre estas se incluyen los desastres naturales y los provocados por el hombre, así como la debilidad de las instituciones gubernamentales, corrupción, organizaciones de seguridad con pocos recursos, crímenes violentos, organizaciones criminales, y células extremistas violentas”.

Para  el imperialismo yanqui seguimos siendo una amenaza extraordinaria para la seguridad de su pais. Para nuestra tierra bolivariana la amenaza  es una realidad que se manifestó con la ”Operación Gedeon” y late con cada paso agresivo que da el gobierno de Trump, intentando acabar con nuestra independencia. Si Palmerola es la base imperial, Chuao mostró nuestra respuesta.

@salazarerespia

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