De las montañas de Simacota al Valle de Caracas.

Por Miguel Ernesto Salazar

“Cuando la tormenta pase / y se amansen los caminos / y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo / con el corazón lloroso / y el destino bendecido / nos sentiremos dichosos / tan sólo por estar vivos”, es la letra del cantautor Piero, quien estuvo incluso presente durante las actividades que marcaron el acuerdo de paz con la FARC durante el gobierno de Santos, «De la locura a la paz / de mi carne a la libertad / Ojalá, ojalá…», vida y paz, son claves ahora para la proyección de una Colombia del “Pacto Histórico”.

En el marco de esta nueva Colombia, ganada en las movilizaciones, refrendada en las urnas de votación, lograr la paz es la premisa de Gustavo Petro, quien como miembro del M-19, vivió aquel proceso iniciado en el año de 1984 que entre avance y retrocesos culminó en 1990 con la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Durante el proceso que prosiguió al acuerdo de paz, Carlos Pizarro fue asesinado, al que se sumó el asesinato de Bernardo Jaramillo de la Unión Patriótica (Iniciativa política surgida a partir del dialogo establecido con la FARC-EP, mayo de 1985, cuyos miembros fueron exterminados por el Estado colombiano) y al de Luis Carlos Galán, candidato liberal que acumuló la suficiente fuerza para llegar por la vía electoral a la presidencia colombiana. El Acuerdo de La Habana, firmado durante el gobierno de Santos en el 2016, último gran acuerdo de paz con un sector de la insurgencia colombiana, ha enfrentado hasta el presente la oposición de los sectores más conservadores, especialmente desde el uribismo. Solo al día de hoy, en este año, 34 firmantes de la paz, integrantes de la FARC fueron asesinados para englobar una cifra de 344, Reude Suarez Guerrero fue el último firmante de paz asesinado el pasado 7 de septiembre. Pero no solo son excombatientes ligados a la insurgencia, este año, 135 líderes sociales fueron asesinados y 82 masacres han sido cometidas. Juan Gabriel Rueda, fue el último líder social además militante del Pacto Histórico y jefe de la campaña en Salgar, Antioquia, asesinado el pasado 2 de octubre. Entendamos el drama que vive Colombia en este tuit del Presidente Gustavo Petro el pasado 2 de octubre: “No podemos cantar victoria pero el mes de septiembre es el mes durante el año donde murieron menos líderes sociales y uno de los de menos masacres y muertes de excombatientes que firmaron por la paz”.

Es compresible entonces en el contexto anteriormente expuesto que a pesar del anuncio hecho en días pasados de la retoma de las negociaciones entre el gobierno de Colombia y el ELN, integrantes de este último tengan dudas, incertidumbre o puedan vacilar en pleno dialogo, “cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo”, dice un refrán popular.

Pero no es la Colombia de Duque en la cual el ELN abrió el camino a la paz, en Caracas, el propio Comandante Antonio García señalaba: “Pensamos que en esta oportunidad las nuevas circunstancias políticas de Colombia han permitido reiniciar las conversaciones”.

¿Es posible transitar caminos en busca de un nuevo acuerdo de paz con la insurgencia colombiana bajo el término “paz total” en la que se basa la propuesta central del nuevo gobierno de Gustavo Petro? ¿Están las garantías suficientes para que en los próximos 4 años se construya un país sumergido en un conflicto con siete décadas sobre la vida de la sociedad colombiana?

En la Editorial de la Revista Digital “Insurrección”, N859, bajo el titulo, “LAS CONFUSIONES DEL PROYECTO DE LEY SOBRE LA PAZ “ (5 de septiembre de 2022), firmado por el Comando Central (COCE) del ELN, ejemplifica el empedrado camino del diálogo que renace entre la principal fuerza insurgente de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional y el naciente gobierno del Pacto Histórico encabezado por Gustavo Petro: Un horizonte de salida política dialogada y negociada podrá generar una nueva legitimidad, no antes, el ELN mantiene sus propias normas, sus estructuras, sus programas, su sistema de resistencia, por lo tanto, la legitimidad no deriva de la capacidad de fuerza sino de los valores de un proyecto político e histórico que supere el desastre del DDR, Proyecto de una Colombia democrática, sobre el cual esperamos poder conversar para encaminar los cambios de fondo que el pueblo necesita”. ¿Un DRR 2.0? Se interrogan los integrantes de ELN, el Modelo de Desmovilización, Desarme y Reinserción (DRR) aplicado a las FARC, parece ser la propuesta del gobierno colombiano para aplicarla al ELN.

Fijemos en este otra idea expuesta por el COCE sobre el Proyecto de Paz Total que hace semanas eran introducido al Congreso de Colombia por el ministro de Interior de la nación neogranadina, incluso, fue presentado por el propio Senador Iván Cepeda, lo que puede darle una connotación importante: “… en el marco de la denominada Paz Total, un Proyecto de Ley pretende que estructuras que ejercen violencia sistemática por razón de negocios de lucro y acumulación de capital, tengan el ropaje que el Derecho Internacional sólo otorga a partes contendientes; así, implica dos grandes trampas el plausible objetivo de desactivar con método dialógico a grupos criminales que han crecido exponencialmente, por la propia inmersión estructural en la miseria, por la exclusión que rodea a miles de muchachos dedicados al narcotráfico”.

Dos puntos son claves de esta opinión del COCE para entender una de las principales fisuras en este naciente diálogo sobre el mecanismo a establecer para lograr un acuerdo de paz:

“Primera: calificar a bandas del crimen organizado sin motivaciones de alzamiento armado, conectadas con los intereses de las élites, como si fueran organizaciones de oposición, amparándose de forma retorcida en requisitos convencionales del Derecho Humanitario, hablando por ejemplo de “control territorial” o “dirección de un mando responsable”, como si el mando fuera quien dispara, el sicario, y no quien organiza esas redes en unas áreas con presencia estatal; se hace abstracción de dónde están las grandes fortunas amasadas con el despojo y dónde viven los determinadores, que ya hablan abiertamente de emprender el reciclaje paramilitar, como Lafaurie de Fedegán lo anunció hace pocos días, incluso la Comisión de la Verdad en su disgregado informe, reconoce quiénes promueven ese fenómeno y recientes reportes más exactos de otras entidades lo ratifican”.

“Segunda: formular en general un plan de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR), no sólo destinado formalmente a esas estructuras instrumentalizadas por los de arriba en función de sus patrimonios y garantías, sino más a fondo dirigido a la insurgencia del ELN para eliminarla, o sea, el modelo que se aplicó a las Farc recientemente y que ha sido reconocido como un fracaso.

“Si en el Proceso de Paz que Santos desarrolló exitosamente para desarmar a las Farc, el torrente de “legalidad” era implícito, ratificado por la final incorporación o sumisión de aquella guerrilla a las normas del Estado siguiendo el DDR, el Gobierno Duque fue redundante y puso apellido a esa paz del régimen: la llamó “paz con legalidad”, bajo el ideal y el slogan de la Paz Total se habla ahora en primer lugar y de forma predominante de “agrupaciones ilegales”, incluyendo en ese manto al ELN, buscando igualarle en esa tabla a otras expresiones caracterizadas por rasgos diametralmente opuestos a la insurgencia”.

No está fácil la cosa, cuando por ejemplo, el ministro del interior de Colombia, Alfonso Prada, ante el XXIV Congreso de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (7 de septiembre), señalaba sobre la “paz total”: “Tenemos una meta como Gobierno: construir la paz total, a través de un acuerdo nacional para que Colombia sea una gran potencia de la vida”. ¿Quién pudiera en las primeras de cambio oponerse a este planteamiento?

Un artículo publicado en la propia Revista Digital “Insurrección”, bajo la firma de Damaris Izaguirre, introduce un nuevo elemento al señalar que el Proyecto de “paz total” busca establecer un acuerdo de paz de manera rápida sobre los actores del conflicto armado pero expone que hasta la fecha no se tenido información de cómo aportarían las Fuerzas Armadas Colombianas a este proceso de paz, “quienes son las encargadas de ejecutar la política de Estado del Enemigo Interno, y por ella son responsables de miles de vejámenes y asesinatos producto de su colusión con el paramilitarismo y el narcotráfico”.

Y esta última idea expresada en este párrafo del trabajo de Izaguirre creo que deja una vista de lo complejo que resultaría alcanzar un acuerdo de paz, duradero, creíble y con amplia participación de masas: Alcanzar la Paz Total implica cambiar la Doctrina de las FFAA y deslindarse por completo de la Guerra perpetua que ordena el Tío Sam, lo cual implica tener una política antidrogas propia que se centre en los eslabones representativos del narcotráfico; además implica modificar los paradigmas de la Paz Total y centrarla sobre las causas del conflicto social y armado, ya que tal como está ahora, solo busca sentar las bases para desarrollar un proceso de DDR rápido y multilateral, en otras palabras, busca silenciar los fusiles y que el Estado recupere el monopolio militar, pero está lejos de vislumbrar un verdadero proceso de Solución Política”.  

Aquí quisiera hacer un paréntesis para encaminar el cierre del presente trabajo apelando a la historia de las negociaciones y acuerdos de paz desde la mirada del ELN bajo la idea de Manuel Pérez, uno de los históricos de la insurgencia colombiana y latinoamericana. El Comandante Manuel Pérez responde en una carta al General Álvaro Valencia Tovar (1994) quien publicó un artículo titulado “Diez preguntas al Padre Manuel”. El General Álvaro Valencia fue un acérrimo enemigo de la insurgencia, contra el ELN dirigió la operación militar, llamada “Operación Anorí” que tenía como objetivo para aniquilar a la guerrilla y también fue protagonista del operativo que dio muerte a Camilo Torres cuando Valencia era comandante de la Quinta Brigada del Ejército colombiano. En 1971, el ELN organizaría un atentado en su contra como respuesta a la caída en combate de Camilo Torres. Valencia además funge como uno de los grandes ideólogos de la Doctrina Militar de las fuerzas militares colombianas.

En esta carta del Comandante Manuel Pérez enuncia puntos clave que como 1994, hoy en el 2022, siguen siendo puntos encontrados en cualquier mesa de diálogo que perfile la construcción de una Colombia de vida y paz; 1. DEMOCRACIA, que garantice la toma de decisiones de la sociedad en decisiones transcendentales. ¿Puede ser la “Democracia Deliberativa” planteada por Gustavo Petro el punto de partida para un concepto más amplio de democracia en Colombia? 2. ECONOMÍA, aquella carta exponía la necesidad de un modelo basado en “las necesidades de la vida, trabajo y desarrollo de todos los ciudadanos en armonía con el desarrollo del resto del mundo y de la naturaleza”. “Desarrollaré la industria nacional, la economía popular y el campo colombiano”, señalaba Petro durante su discurso de toma de posesión y además agregaba que Colombia estaría a la vanguardia de la lucha por “la vida planetaria”. 3. POBREZA Y DESIGUALDAD, “No es tiempo de cheques en blanco con la ingenuidad de la buena fe” ante elementos que han originado la violencia en Colombia, sostenía el Comandante Manuel Pérez. En Colombia, recordemos solo en la Guajira colombiana el 67,4% de la población está en estado de miseria. ¿El reciente anuncio de José Félix Lafaurie (presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos) anunciando que los ganaderos, venderan al Estado 3 millones de hectáreas, será suficiente para implementar un acuerdo de paz con reparto de tierras, condición importantísima para quebrarle el espinazo a la miseria en Colombia?

Retomemos finalmente una idea central para darle el justo valor que hoy vive el pueblo colombiano, el venezolano y el latinoamericano, a Caracas ha llegado el Gobierno de Petro y el ELN “contra todo pronóstico, contra una historia” que decía el pueblo estaba cerca la esperanza de gobernar. A caracas, arriba la delegación del Gobierno colombiano y la delegación del ELN “contra los de siempre, contra los que no querían soltar el poder”. Hoy hay que trabajar para romper el concepto de los Rodolfo Hernandez, que se están rodeando a Petro y que planteó que la paz con el ELN era “tan simple como anexarle otro sí al acuerdo de La Habana”. En Caracas, tan solo se han sentado Gobierno colombiano y ELN, falta aun sentar a quienes realmente ostentan el poder en Colombia, ese será el punto de partida para pensar en una Nueva Colombia y en una sola voz de los nadies desde el Sur.

“Honradez y honestidad, lealtad a los intereses del pueblo, transparencia en el decir y en el hacer así como la educación en la verdad en el valor de la palabra, palabras sabias del Comandante Manuel Pérez para quienes en el Valle de Caracas abrazan la esperanza con justicia social.


– Al terminar este trabajo, Edinson Murillo Ararat un reconocido líder social, miembro de la Guardia Cimarrona, que hacía parte del Concejo Comunitario de Cuenca ubicado en el norte del departamento del Cauca, se sumó a la lista de líderes sociales asesinados, el 136 de lo que va del 2022. La realidad de Colombia que enfrenta el acuerdo de paz.

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