De Helms a Waltz, la nueva Escuela de Las Américas.

Por Miguel Ernesto Salazar

El congresista republicano por Florida Mike Waltz, un ex boina verde convertido en político, autor de libro “Diplomático guerrero: Las batallas de un boina verde desde Washington a Afganistán”, asesor de políticas del vicepresidente Richard B. Cheney , director de política de defensa en el Pentágono, presentó el pasado 28 de enero ante Cámara de Representantes de los Estados Unido a través del Comité de Fiscalización y Reforma , la “Ley bipartidista de Prohibición de Operaciones y Arrendamientos con Régimen Autoritario Ilegítimo, o la Ley BOLIVAR, que prohibirá al gobierno contratar a personas que tengan operaciones comerciales con el régimen de Maduro”.

El objetivo de esta propuesta de Ley es prohibir que cualquier titular de una entidad privada logre  celebrar un contrato para la adquisición de bienes o servicios con cualquier persona que tenga operaciones comerciales con el Gobierno Bolivariano de Venezuela, afectando de esta manera cualquier transacción que pueda estar dirigida a obtener equipamiento o insumos médicos, por ejemplo. El congresista Waltz, entre otras cosas ha dicho «Esta legislación bipartidista establece la hoja de ruta que deben seguir otros países con la esperanza de restaurar la libertad y la prosperidad para el pueblo de Venezuela».  El propio ex boina verde y congresista por La Florida fue protagonista anteriormente de incentivar una prohibición de contratos con el Gobierno Bolivariano a través del Departamento de Defensa (DoD) en el impulso a la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) del año 2020, un proyecto de ley quesería  referente para otras prohibiciones que involucran  a todos los demás departamentos y agencias federales. Prohibición que cuenta con algunas exenciones  para contratos relacionados con la prestación de asistencia humanitaria, socorro en casos de desastre, la realización de evacuaciones de no combatientes o relacionados con las operaciones de la misión diplomática de Estados Unidos en Venezuela. Aunque las y los venezolanos ya sabemos lo ocurrido con los recursos que la administración Trump entrego a Juan Guaidó y su grupo de piratas.

Para introducir este proyecto de Ley ante el Congreso gringo, Waltz contó con el apoyo de 11 representantes que acompañaron dicha presentación: los demócratas por Florida, Debbie Wasserman Schultz y Alcee L. Hastings. Los republicanos por Florida, Mario Díaz-Balart, Stephanie N. Murph,  Maria Elvira Salazar, Jenniffer González-Colon, Bill Posey, Carlos A. Giménez,  Matt Gaetz y los republicanos Brian K. Fitzpatrick (Pensilvania) y Anthony González (Ohio).

Una muestra de tres representantes a la cámara y sus publicaciones en sus cuentas tuiter da una panorámica de los elementos comunes entre el concepto de esta propuesta de Ley y el decreto firmado por Obama colocando a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para los Estados Unidos, decreto que fue mantenido bajo la administración de Trump; el primero es de Mario Diaz-Baralt: “Debemos seguir apoyando al pueblo venezolano negando recursos a sus opresores. Apoyo este esfuerzo bipartidista y recomiendo @RepMichaelWaltz para que esta legislación proteja los intereses de seguridad nacional de los EE. UU.” El segundo va de la mano de una especie de Claudia Gurisatti de los medios de información bajo la tutela del gran capital, se trata de Maria Elvira Salazar: “Me enorgullece introducir la ley BOLIVAR junto al Congresista @michaelgwaltz que PROHÍBE que los Estados Unidos haga negocios con empresas vinculadas al narcoestado…”. Y esta última publicación de Carlos Giménez un anticastrista a rabiar anclado en el pasado marcatismo: “Los socialistas en #Venezuela representan una grave amenaza para los intereses de Estados Unidos en Latinoamérica”.

Todos estos representantes a la cámara de los Estados Unidos, incluyendo al auspiciador de la Ley, el ex Boina Verde, Mike Waltz, tienen algo en común, su profundo desconocimiento del Ideario Bolivariano. Colocarle a esta propuesta de Ley, el nombre del Libertador de América, es por lo menos ni siquiera darle una discreta mirada (no digamos lectura) a la carta de Simón Bolívar al Sr. John Baptist Irvine sobre los hechos que rodearon a las acciones contra el buque “Libertad” por parte de la valiente caballería llanera, veamos como ya en pleno 1818, los Estados Unidos, bautizaban a sus buques con estos nombres para llevar la idea de Monroe a tierras latinoamericanas.  Vale la pena recordarle a los representantes Waltz, Maria Elvira Salazar, a Gimenez y a Diaz-Baralt un fragmento de esta carta: “Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende.”

Pero sin duda que la tentativa de Watlz en trazar la ruta de la política de la administración de Joe Biden sobre Venezuela, recuerda lo hecho por quienes seguramente fuesen faros que guiaron la carrera militar y política de Waltz, en el caso de Jesse Helms. Waltz mirando el retrovisor, va tras la huella de Helms quien a mediados de la década de los noventa pondría las bases para una ley que por 25 años ha encontrado en el pueblo cubano la más digna resistencia y el rechazo de la mayoría de las naciones que conforman las Naciones Unidas.

Tras la huella de Helms.

La “Ley para la libertad y la solidaridad democráticas cubanas o Ley Libertad, mejor conocida como Ley Helms-Burton, fue firmada durante la administración de un demócrata, Bill Clinton, esta consta de cuatro capítulos. “El Primero convierte en Ley todas las medidas, que hasta entonces eran decisiones ejecutivas y conforman el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba y lo amplían y tratan de extenderlo por todo el planeta”, de acuerdo a lo escrito por Ricardo Alarcón en un trabajo publicado en abril del 2019 por el portal Cubadebate. “El Segundo describe, con cierto nivel de detalle, lo que ocurriría a partir de la hipotética derrota de la Revolución cubana como consecuencia de la guerra económica”, continua señalando Alarcón, a lo que además agrega: “A todo lo largo del Título II se repite con machacona insistencia que para la eliminación del Bloqueo y las futuras relaciones con una supuesta Cuba post-revolucionaria una condición indispensable será la devolución de sus propiedades a quienes las perdieron el primero de enero de 1959”. Un título III “que establece la posibilidad de promover acciones legales ante tribunales norteamericanos contra empresas o personas que usen de cualquier modo propiedades reclamadas por quienes, alegadamente, eran sus dueños o sus descendientes”. Y por último, “el Título IV, aplicado ya en varias ocasiones, niega el visado para entrar a Estados Unidos a empresarios y a sus familiares que utilicen propiedades objeto de reclamación”.

La Ley Helms – Burton, tuvo su origen “cuando el republicano Jesse Helms asumió la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y propuso una agenda de diez puntos, encaminada a cambiar el sentido de la política exterior del entonces presidente Bill Clinton”, según la referencia que hace el investigador cubano y experto en la relaciones Cuba-EEUU, el Doctor en Ciencias Sociales, Jesús Arboleya Cervera del Center for Public Integrity (CPI).

Sobre la direccionalidad de la Ley, Arboleya, nuevamente coloca un referencia sobre el informe del CPI: “El CPI nos cuenta que el capítulo I de la ley fue básicamente un compendio de las propuestas que Díaz Balart ya había hecho al Congreso contra Cuba. Que el capítulo II fue una obra mayormente de Bob Menéndez, interesado en establecer las condiciones para el cambio de régimen y el levantamiento del embargo y que el capítulo IV no era nada novedoso, toda vez que se refería a las sanciones a aplicar contra los extranjeros que no cumplieran las disposiciones norteamericanas, algo bastante común en la política exterior del país”.

Recordemos que esta Ley fue radicalizada durante la administración de Trump con la activación del Título III abrió la posibilidad a los ciudadanos estadounidenses de establecer demandas ante los tribunales de ese país contra personas o compañías que «trafiquen» con una propiedad nacionalizada por el Gobierno cubano después de 1959. Esto origino cientos de demandas de cientos de anticubanos contra compañías como Amazon, América Airlines,  el banco francés Société Générale S.A o sobre la cadena Meliá Hotels Internacional.

Uno de esos hombres con decoro, martiano y fidelista hasta su último aliento, Eusebio Leal, una vez declaro sobre la Ley Hemls-Burton que “no solo amenaza la paz de la mayor de las Antillas sino la de todos los pueblos del mundo”. Una futura Ley Waltz sobre el pueblo venezolano debemos asumirlo como otra amenaza contra los pueblos del mundo sobre la cual habrá que responder con más Revolución.  

Una nueva Escuela de Las Américas se erige sobre los pueblos que transitan bajo otro modelo de democracia radicalmente distinta a la que plantearon los padres fundadores de EE.UU. Ya no se trata solo de promover guerras, de formar asesinos, otro tipo de acciones se adelantan bajo la bandera de la «libertad».

Por cierto, qué tendra que ver Mike Waltz con la empresa Silvercorp USA, propiedad del mercenario Jordan Guy MacDonald Goudreau.

¿Donde esta Carlos Lanz? Vivo salio de su casa y vivo lo queremos de regreso.

@salazarerespia

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