“Cuatro conceptos de democracia” de René Zavaleta. Parte I

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

El capital sólo surge allí donde el poseedor de medios de producción y de vida encuentra en el mercado al obrero libre como vendedor de fuerza de trabajo, y esta condición histórica envuelve toda la historia universal.

Kart Marx, El Capital

En esta oportunidad volvemos a René Zavaleta Mercado (https://puebloenarmas.com/blog/al-encuentro-de-rene-zavaleta/) y a su  propuesta exegética de las sociedades heterogéneas latinoamericanas desde el marxismo crítico. Escogimos el texto: Cuatro Conceptos de Democracia de 1981, obra que abordaremos desde nuestra oferta interpretativa para continuar con el ciclo de reseñas de aportes teórico-metodológicos marxistas al análisis militante de la realidad histórica de nuestro continente.

El escrito referido fue producido por el autor boliviano en el marco del debate que se precipitaba por toda la región en torno a la “democracia” a finales de los setenta y principios de la década del ochenta del siglo pasado. Está compuesto por cuatro partes: 1) La democracia como movimiento general de la época, 2) como representación, 3) como problema de la teoría del conocimiento y, 4) como autodeterminación de las masas; aspectos que no representan para Zavaleta lugares distintos o islas, sino planos interrelacionadas y susceptibles de explicación dentro de análisis que busquen descomponer el modo de producción capitalista y su componente “democracia”. Para esta entrega referiremos a los dos primeros.

No existe duda alguna que sobre nuestros pueblos se ha impuesto la visión burguesa de la democracia, que consiste fundamentalmente en la presencia de diferentes fuerzas políticas organizadas en partidos y la alternabilidad del poder entre ellas por medio de procedimientos electorales pacíficos; restando o dando poca importancia a los contextos donde se produce la democracia, reduciendo a nada o casi nada la participación por medio de otros medios no electorales-representativos, así como “gríngolando” la trama de relaciones que se generan producto del capitalismo globalizado, con sus respectivas distinciones entre economías hegemónicas y periféricas.

Para el materialismo histórico la realidad del hecho político, su territorio vivo en dinámica socio-histórica es siempre fundamental, de manera que el punto de partida para pensar la democracia puede encontrarse desde estos sures, tal como plantea Ruy Mauro Marini cuando demarca que el asunto de la democracia implica en primer lugar a la soberanía. La democracia entendida en la capacidad de autodeterminarse se plantea la libertad pero atendiendo las necesidades y exigencias de los pueblos, más aun en nuestro caso donde la región transita los lugares del capitalismo dependiente, por tal razón la lucha por la democracia no puede estar separada de la lucha por la liberación nacional. Esta manera de entender la democracia involucra el reconocimiento de las condiciones en las cuales se realiza la misma de forma de dilucidar la relación, siempre tensa, entre Estado y sociedad civil, asunto escabroso en tanto antinomia entre el Estado con su estructura jurídica que da forma a la sociedad o la sociedad civil inmersa en los antagonismos de clase que da sentido y convenciones jurídicas al Estado.

Ya sabemos, lo llevamos en el cuerpo, que las posibilidades de la democracia como autodeterminación desde la soberanía y atendiendo a lo señalado antes, es posible en América Latina, es la experiencia que abrió en el presente siglo Venezuela, Bolivia, Brasil, Argentina y Nicaragua, procesos que han tenido rezagos e incluso retrocesos, como bien vivimos en la Argentina con la vuelta de un gobierno neoliberal en 2015 y aún vive el Brasil, y eso sin entrar en la acción de la determinación externa, el imperialismo que nunca descansa y aprende de nuestros errores muchas veces más que nosotros mismos.

Retornando a Zavaleta, su propuesta teórico-metodológica está soportada en Marx, así como en Antonio Gramsci, Lenin y Trosky, entre los más visibles. Plantea un sentido explicativo de la democracia que tiene como centro la fuerza movilizadora de las masas, su intersubjetividad, autodeterminación y acumulación de conocimiento en su seno (de la clase); al tiempo que indaga con las crisis como método de conocimiento las condiciones de posibilidad para superar las barreras de los modelos de democracia burguesa: “En el desconcierto absoluto o malestar cósmico que produce la multiplicación de los objetos del mundo, los hombres están solos en medio de las cosas que se amplían sin cesar. ¿No es verdad acaso que esto es ya la soledad de la época, la falacia general de su identidad y, en fin, lo que podemos llamar la segunda pérdida del yo?

El conjunto de estos acontecimientos ontológicos desemboca en la cuestión de la democracia, que es la medida de la presencia del hombre, como una entidad activa frente a la vida, en una época cuya señal de esencia es su totalización.” (Zavaleta, 2015:121)

Primer concepto: La democracia considerada como movimiento  general de la época. El epígrafe escogido para este artículo  ya marca el camino del análisis que despliega en esta apartado René Zavaleta, la libertad del trabajador de vender su fuerza de trabajo como condición de posibilidad del capitalismo. La democracia considerada como movimiento epocal es el signo de la dominación burguesa en el Estado capitalista, el modelo de explotación requiere necesariamente a los individuos libres con la finalidad de comprar su fuerza de trabajo e introducirlos en la fábrica para la producción, esa libertad es posible cuando se reconoce la igualdad entre las personas como esencia de lo social, de forma que el capitalismo requiere la igualdad de todos como factor clave para la producción, de tal forma que las necesidades de la producción se expanden al terreno también de lo jurídico; entonces, la lógica de la fábrica es asimilada también por el Estado.

No refiere aquí Zavaleta a la libertad absoluta, más bien a una libertad en gradualidad que confiere el régimen burgués, en base a las necesidades que requiere la estructura económica para reproducirse; en otras palabras, es una libertad e igualdad a medida del grado de explotación intimado por la acumulación de capital.

Ahora bien, el reconocimiento de la libertad sobrepasa la estructura económica para determinar la superestructura, en consecuencia la dominación burguesa no puede darse sin reconocer la libertad formal de hombres y mujeres, de modo que la democracia se hace necesaria como forma política totalizadora que reconoce la libertad e igualdad entre las personas que participan de la producción; el “yo” da origen al valor y determina también las diversas etapas y expresiones de la democracia burguesa.

Al respecto Zavaleta nos dice: Que el hombre libre sea el requisito de la supeditación real es ya bastante decisivo … Es por tal concepto que puede escribirse que la fuerza productiva primaria de este momento de la civilización que es el capitalismo es el hombre libre. Es una inferencia infalible hacia el espacio de lo colectivo: el hecho mismo de la libertad, como una compulsión misteriosa y antes desconocida, es una referencia al otro. En consecuencia, no se es libre sino entre hombres libres y, en último término, uno sólo es relativamente libre si la libertad no es un hecho que comprende a todos los hombres del escenario al que uno refiere su existencia”. (Zavaleta, 2015:122)

La democracia viene a ser un requisito para la existencia y sobrevivencia de la burguesía como clase dominante, que transfiere los principios del valor de la mercancía al sentido de la política y el gobierno, al promoverse como sujeto y no solo como resultado, de la acumulación originaria, ¿Por qué se dice, en efecto, que el valor es una “medida histórico-moral”? Porque no es una cosa dada sino un resultado, o sea, un movimiento. Mientras lo histórico es la separación del momento respecto del devenir no discriminado, lo moral es ya la inserción de lo humano en el tiempo discriminado”. (Zavaleta, 2015:123)

La lógica de la fábrica fundamenta la dependencia, es “escuela de  subordinación”, por lo cual la democracia (que puede signar en momentos un estado de desprendimiento individual por lo colectivo) está envuelta, maniatada por la dictadura (expresada en la subordinación que impone la lógica de la fábrica), su condición histórica dentro del modo de producción está en el hecho que esta lógica jamás sea superada por el desprendimiento de lo individual en el colectivo. Se basa, entonces, en el consumo de la libertad individual por medio de la producción; es decir, la producción capitalista depende de la libertad del trabajador pero al mismo tiempo en el proceso de producción va aboliendo esa libertad,Aquí los hombres no sienten su libertad porque la practican, sino porque la pierden (pérdida de la libertad en los aspectos pactados y por el tiempo pactado).” (Zavaleta, 2015:123). Pero, en ese proceso alienante se presenta (contradictoriamente para el capital), una posibilidad de transformación en el trabajador, una oportunidad paradigmática, pues en la razón de la fábrica el trabajador exprimido en su libertad va dando paso al trabajador colectivo en el momento de la producción. Zavaleta considera esto como clave para la conciencia social y por tanto un horizonte de autodeterminación.

En este sentido en la explotación se produce un reconocimiento o autoconocimiento de las y los explotados, el concepto de masa en Zavaleta toma su acepción propia, pues “…la libertad como pertinacia de las masas da como resultado una libertad global más amplia que la suma de las libertades de los individuos, cuya individualidad por lo demás no es posible ahora sino en los locus de lo no individual” (Zavaleta, 2015:124). Es un acto de percepción de la libertad del otro y por ende de la propia, una trama de reconocimiento de libertades, que dan paso a la conciencia de clase, en “…ese momento se deja de ser parte y objeto de la democracia de los otros para asumir el momento de la autorreferencia”. (Zavaleta, 2015:124)

Segundo concepto: La democracia como representación. Acá Zavaleta se adentra en analizar la democracia desde la representación, no en su expresión cuantitativa, sino más bien desde su condición cualitativa; es decir, como se registra la relación representativa entre sectores y clases de la sociedad civil en el Estado y dinámicas del poder. Esta relación esta enlazada con la unidad que el Estado haya podido construir o mejor a la impresión que da de ello, en tanto incorporación de los intereses de las clases a los de la clase dominante, pues El Estado, … nunca es la forma de la unidad de la sociedad, sino la expresión de su diferenciación interna, es decir, la forma de dominar del lado dominante de la diferenciación” (Zavaleta, 2015:129). 

El Estado tiene límites para representar a todos los sectores y clases sociales, pues entre muchas cosas, es la expresión de la dominación de una clase por sobre otras,  marcando una determinación para la representación igualitaria de los diversos sectores sociales que conforman una sociedad. Sin embargo, modernamente es la democracia representativa (revelación de la democracia como condición de la época) una expresión asociada a la idea de Estado-nación como totalidad, que al ser confrontada en las sociedades latinoamericanas presenta resquebrajamientos y debilidades, pues la heterogeneidad y desigualdad presentes en ellas producto de las colonización, sometimiento y explotación, hacen imposible que la representación se realice de forma efectiva; en otras palabras, en nuestras sociedades donde las desigualdades materiales son estructurales, el Estado solo en apariencia representa a todos los sectores sociales, a lo sumo expresa la operatividad en la separación entre sociedad civil (por lo demás desarticulada en lo orgánico) y sociedad política. La noción de Estado aparente que describe Zavaleta va a la incapacidad del Estado de articular los intereses de la mayoría de los sectores sociales y en consecuencia excluye (principalmente) a los que son objeto de mayor dominación. El problema entonces de la representación en la democracia solo puede plantearse en relación con la formación económico-social a la que refiere, ya que la calidad de la representación estaría condicionada por el grado de unidad estatal y la articulación de los sectores sociales con el mercado de poder.

Texto consultado: ZAVALETA Mercado, R. (2015). Cuatro conceptos de democracia (1981): La autodeterminación de las masas / antología. México, D. F. Buenos Aires: Siglo XXI Editores; CLACSO.

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