¡Carajo! Como duele la Desaparición Forzada.

Por Humberto Vargas Medina*

Remontándome en el tiempo, recordando a aquellos revolucionarios que atendieron al llamado de la historia, jóvenes, soñadores, con los cuales compartí momentos que quedaron indelebles en mi memoria yque regresan de vez en cuando para recordar la hidalguía, la valentía y el compromiso con la búsqueda de una sociedad más justa y de igualdad, pero también la tragedia de cuarenta años de dictadura “democrático representativa” de AD y COPEI.

Y así aparecen las imágenes que recrean aquellos tiempos libertarios compartiendo una sardina, un cuento, un abrazo, un bombardeo, una sonrisa, una plomazón, la madre, la novia, la esposa, los hijos, los hermanos, una corredera, un sueño …

Y así mi mente va aflorando recuerdos de camaradas que tuve cerquita, con los cuales anduve y compartí vivencias de piel a piel, que los miré a los ojos.

¡Coño! ¿Y se los tragó la tierra? ¿Se esfumaron así por así?

Sus restos nunca aparecieron. Los detuvieron, los torturaron, los asesinaron y los escondieron para tapar la ignominia de los perversos que gobernaban entonces.

¡Asesinos del puntofijismo!

Y me transporto hacia aquellos instantes en que estábamos juntos, y ahí está Napoleón Rodríguez Mireles (El Turro) aquel llanero jodedor que siempre tenía un chiste para alegrar momentos, o Alejandro Tejero, el que cruzó los Pirineos en el vientre de su madre huyendo del fascismo que Franco imponía en España para luego regar con su sacrificio, su sangre en nuestra Patria, o Nicolás Hurtado Barrios, aquél militar patriota egresado de la Escuela Militar que se hizo guerrillero con el sueño de liberar a Venezuela del  capitalismo dependiente y entregó su vida en las montañas de Portuguesa, o Joel Linares (El Taparo) que con su cuatro se llevó en silencio el corrío que le compuso a Argimiro Gabaldón, o Tabanuco  aquél valiente y solidario muchacho de los barrios de Petare con su sonrisa de siempre y su ejemplo en el trabajo, o Leonel Petit joven campesino,  hermano de Dimas y de otros que como él en su familia, corrieron la misma suerte, o Gustavo Aranda, muchacho de mi barrio que dejó sus restos destrozados porque los militares utilizaron su cuerpo de tiro al blanco, en las montañas de Falcón, o Francisco Ojeda Negretti, hermano de Baltazar, Fedor y Hugo, guerrilleros también, detenido en una alcabala y fusilado por el ejército en los llanos de Barinas, o Rafael el Margariteño al que mataron por los lados de Sabana Larga en el estado Yaracuy, o César Aray, obrero de Caracas, aquel que capturado por el ejército dejó sus huesos en las montañas de Cojedes, el que siempre andaba en alpargatas e ilustró la portada del libro “Remembranzas”.

Hoy, otros brazos, otras manos empuñan sus ideas, sus figuras de gigantes están presente en los nuevos acontecimientos. Hoy regresan …

Carlos Lanz los trae en el ejemplo y en el recuerdo.

Intelectual y guerrillero como ellos en los años sesenta del siglo pasado, indoblegable, antiimperialista, leal al socialismo, consecuente con sus ideales, con más de sesenta años de militancia revolucionaria. En el proceso bolivariano presidente de Venalum, creador del Proyecto Todas las Manos a la Siembra, con trabajos y escritos sobre la Guerra asimétrica, la Guerra no convencional y la Guerra de todo el pueblo, instructor del Alto Mando de las FANB, de comunidades y movimiento sociales, en preparación contra la agresión militar oligárquica o imperial, viniera de donde viniera.

A Carlos se lo llevaron el ocho de agosto del 2020.

Sus captores lo fueron a buscar a su casa, lo llamaron, salió, y de ahí en adelante no se ha sabido más de él. Su familia asegura que solo personas de su confianza pudieron llevárselo de esa manera. Su formación forjada en épocas de persecución y clandestinidad no da lugar a que se lo llevaran tan fácil. El tiempo pasa y su situación se hace más angustiante, ya hace más de seis meses de ese ingrato día y no aparece. El gobierno guarda silencio. Las investigaciones que marchan con lentitud tienen que profundizarse y acelerarse. Ese es el clamor de sus camaradas, familiares y amigos.  Hay que impedir que el silencio se convierta en olvido y lucharemos por encontrarlo hasta el último momento y más allá de él. Así lo han decidido quienes seguimos luchando por su aparición. Creerlo muerto es dejar sin sentido su búsqueda y de esa manera se impondría la impunidad de sus secuestradores.

El Estado es el garante de los derechos de sus ciudadanos y por tal razón tiene el reto y la responsabilidad de que Carlos Lanz no se convierta en un caso de Desaparición Forzada. No se concibe repetir la nefasta experiencia del puntofijismo. Aunque en aquella época esos métodos fueron aplicados como política de Estado con premeditada impunidad para detener y desaparecer a sus adversarios y hoy no es así, el Estado y el gobierno bolivariano no pueden permitirse que suceda un caso similar, por eso tienen la obligación moral y ética de esclarecerlo y llevar a la cárcel a los involucrados en tan horrendo crimen.

Carlos está vivo y hay que encontrarlo vivo. Vivo se lo llevaron y vivo ha de regresar.

¡Flores rojas!

¡Puño en alto!

¡A Carlos lo queremos sano y salvo!

Humberto Vargas Medina* Integrante del Comité de lucha y liberación de Carlos Lanz

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