CARABOBO HOY:

HACIA LA SOBERANÍA TECNOLÓGICO-PRODUCTIVA

Por Néstor Rivero Pérez

La congratulación que la nación venezolana recibe de todos sus hijos amantes del decoro y el ideal patriótico, así como de los pueblos de otras regiones del mundo que honran la virtud y el equilibrio en el ámbito de la comunidad internacional, debe ser leída en su doble herencia: de una parte se trata de tributar la memoria de quienes entregaron sus huesos al filo de la bayoneta enemiga para legarle patria a la posteridad, con desinterés y abnegación, sin detenerse a pensar en lo que dejaban atrás, como reclama el verdadero sentir de la tierra en que se nace: y de la otra, la de los retos a que compromete tan gallardo pasado a quienes hoy en el cuartel y la calle ejercen su carácter de connacionalidad enfrentados a dificultades de alta monta, como no las conoció el país en sus últimos doscientos años

PASADO – PRESENTE Y CONCIENCIA DE NACIONALIDAD.

Ciertamente, la Venezuela que sucedió a la Guerra de Independencia y hasta quizá la cuarta década del siglo veinte, padeció de modo recurrente el complejo drama de las epidemias, la desnutrición, el analfabetismo, el latifundio y el caudillaje desarticulador de cualquier proyecto nacional con entidad histórica susceptible de trascender su época, caudillaje en uniforme y también el de un civilismo de ocasión y partidocrático. Así, oportunidad para liberarse de dichas taras, sean biológicas, o psico-sociales, se han presentado en la historia venezolana; y la última sin duda ha sido el triunfo por vía electoral en 1998 del comandante Hugo Chávez Frías, y cuyo liderazgo lo prosigue hoy el Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros.

Hubo tramos en la historia del país donde se acometió y logró el sometimiento de algunas de estas taras; tal es el caso de la malaria, el mal de chagas, la lehmaniasis, la tuberculosis y la disentería, a cuyo combate se abocó una generación de investigadores y sanitaristas entre quienes cabría recordar a figuras como Arnoldo Gabaldón, José Francisco Torrealba, José Ignacio Baldó e Isaac J. Pardo Soublette entre otros. Sin embargo, al igual que en materia de independencia político-territorial, la cual eventualmente puede sentir retrocesos cuando se pierde -sea por despojo en contienda con enemigos externos, o por la mala negociación con algún vecino- franjas del espacio fronterizo, también en materia de sanitarismo, alfabetización e identidad cultural, o en lo que respecta al interés nacional en materia del intercambio comercial con las grandes potencias, pudiera presentarse retrocesos en el supremo equilibrio de poderes que se plasma en el principio de soberanía nacional. Y ello puede observarse de forma muy nítida en lo tocanrte a la necesidad de construir y consolidar la soberanía económica de la Nación. Al respecto cabe recordar que para el momento de la Batalla de Carabobo en 1821, las franjas liberadas del territorio venezolano, Guayana especialmente y Apure, abastecían las tropas republicanas que se concentraron en San Carlos de Cojedes desde días antes de la jornada gloriosa del 24 de junio. Cabe igualmente indicar que los pocos sacos de maíz, café y tabaco, así como las mulas, cuero de ganado y ganado en pie que por aquel tiempo pudieron ser embarcados en Angostura con destino a las islas del Caribe para su negociación, permitieron a la República disponer del numerario indispensable para adquirir los uniformes, las armas y municiones para los soldados independentistas en la revista de los Taguanes el día antes de la jornada definitiva.

INDEPENDENCIA COMO SUPREMO BIEN: PAÍS POTENCIA.

Ya en su Discurso del 20 de enero de 1830, hace 190 años, y que fuese leído en Bogotá por el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre ante el Congreso Admirable, el último Legislativo de la Gran Colombia, el Libertador expuso la idea de la Independencia como bien supremo, al dirigirse a los constituyentes “Ciudadanos, me ruborizo al decirlo: la Independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad”.

Sólo con Independencia una nación que aspire dotar de bienestar a todos sus hijos, bienestar con libertad y conciencia de responsabilidad, podrá trazar sus designios como Estado-Nación frente a las ambiciones y los intereses de los grupos de poder del mundo que continuamente urden planes para debilitar las energías y los modelos que emergen en distintas latitudes en pos de un orden multilateral, de reequilibrio en la diplomacia internacional y en el intercambio comercial entre las regiones periféricas y centrales.

Sólo con Independencia podría romperse este ciclo diabólico de la dependencia y el neocolonialismo que se enmascara en lenguajes como el que en 1939 definió las bases del Tratado de Reciprocidad Comercial entre EEUU y Venezuela, bajo los gobiernos de Franklin Delano Roosevelt y Eleazar López Contreras, mediante el cual se perpetuaba una supuesta “igualdad” entre la parte que proveía de aviones, taladros y relojes de marca, y quien sólo podía exportar frijoles, orquídeas, boñiga y otros artículos de escaso valor agregado ¡Vaya “Reciprocidad” en los términos de intercambio que ambas partes acordaron!

Y sólo con Independencia política y territorial -y allí radica la suprema lección de Carabobo- una vez iniciada la gesta de afirmar la integralidad de potencialidades de Venezuela en lo industrial, agro-alimentario y científico-tecnológico, podrá esta, la patria de Bolívar asumir la aventura plausible y concurrente de País Potencia. Solo así podrá cumpĺir con sus obligaciones allende las fronteras: con su conciencia de Patria Grande, con la conciencia de que separadas entre sí las distintas repúblicas latinoamericanas, se verán perpetuamente sojuzgadas dentro de un orden global y hemisférico, orden imperialista que supedita toda potencialidad productiva de estos países, a las estrategias de demanda y procesamiento industrial de las corporaciones estadounidenses y de la Unión Europea con intereses en esta región.

Resulta inexorable así sentenciar que sólo con una Independencia que trascienda la formalidad del voto de sus representantes en asambleas internacionales, sólo con una Independencia que se traduzca en autoabastecimiento agroalimentario, que se haga patente en la cantidad de manufacturas que diariamente salen de sus depósitos y almacenes para ser colocadas en la cava de los camiones que han de trasladarlas a tiendas y supermercados; sólo con independencia económico-productiva podrá darse fundamento al proyecto político que hace doscientos nació en la planicie de Carabobo. Sólo de esta manera podrá darse la mano la Independencia política derivada del discurso de las armas, como proyecto emocional, espiritual y moral, con la Independencia material que reposa en los niveles endógenos de tomar de la tierra y su subsuelo sus recursos, y del talento todo conocimiento apĺicable para transformar aquellos recursos o materia prima, en artículos de provecho para las personas.

HOY: HACIA ‘UN CARABOBO TECNOLÓGICO’

Si en la mente de Simón Bolívar Venezuela era la principal base de operaciones para dar concreción a los sueños de anfictionía y de justicia social en los términos del siglo XIX, en la mente del venezolano de hoy, Carabobo simboliza la posibilidad de culminar la gesta truncada de Boyacá, Pichincha, Junín y Ayacucho, aquella que se expresó en la frustrada República de las Floridas de 1817, en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, la Gran Colombia frustrada en 1830, en la Venezuela que proyectó su progreso cultural, educativo y científico en la Reforma Universitaria aprobada por el propio Libertador en mayo de 1827, con base en el proyecto de Estatutos que presentaron José Cecilio Ávila, José María Vargas y Carlos Arvelo entre otros.

Y hoy, asegurada Venezuela en su destino soberanista, anti-hegemónico y anticolonial por reiteración de su liderazgo político, falta consagrar la soberanía en lo tocante a las políticas de conocimiento, de creación del saber científico y tecnológico, de estrategias que den sustento a programas de identificación, captación y continuidad en el cultivo del talento, para enlazar las ingentes prioridades y necesidades de la coyuntura nacional, con las indispensables respuestas del mediano y largo plazo. Se trata de dar conexión a las respuesta de coyuntura con las soluciones estratégicas, de modo que la gestión de lo inmediato se inscriba dentro del guión del País-Potencia, la Venezuela Potencia, cuya construcción requiere de una sabia y escrupulosa administración de las posibilidades de que dispone la nación en la hora, con los reclamos multisectoriales que golpean los oídos de quienes conducen el Estado, el clamor de los grupos socioeconómicos vulnerables, las quejas de sectores medios justificadas muchas veces y en ocasiones atendiendo al paradigma del confort a que habituó el modelo rentista-importador.

Así, el país puede a partir del patrimonio industrial instalado que posee, encarar hoy el reto de construir una gigantesca plataforma de conocimiento, un sistema social de creación de soluciones científicas, tecnológicas e innovacionales, susceptible de dar rumbo a la soberanía política y territorial de que disfruta hoy incuestionablemente su población, hacia los linderos de la tecnología, de la calificación, profesionalización y “gerentización” de su clase trabajadora, su llamada “clase media”, buscando asimismo comprometer la capacidad de inversión de procedencia pública y privada con que cuenta el territorio, en un programa de alianzas para la construcción, en cada escala del territorio nacional, de soluciones tecnológicas, viabilizando la interconexión entre los núcleos Inces de cada Municipio o Comuna, las ETI’s existentes en cada entidad federal, las Escuelas Nocturnas de Artes y Oficios de cada parroquia del país, así como los centros de I y D, los talleres de mantenimiento de cada fábrica, sea Empresa del Estado o de capital privado; y las Universidades con departamentos, carreras y menciones en áreas de ciencia y tecnología. Se trata de una “Interconexión Territorializada”, que sirva de pivote del Sistema Nacional de Conocimiento básico y aplicado, ancestral y académico, visto como sistema de ciencia, tecnología, humanismo, y que constitucionalmente reta a las comunidades universitarias  a concebirse a sí mismas como una comunidad abocada a “la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación” (artículo 109 CRBV). Interconexión territorializada que contempla asimismo el carácter de seguridad y defensa y por tanto, como materia de orden estratégico para el desarrollo del país que atribuye a la ciencia, tecnología e innovación, en su artículo 110,  la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela.

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