Antonio Gramsci: el horizonte democrático.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

A Luis Aché, hermano y camarada

Gramsci es uno de los autores que considero de profundo valor entre los clásicos marxistas; su obra es aún fuente útil para comprender y abrir posibilidades de transformar el presente, es la potencia de su esfuerzo intelectual que aporta categorías y nociones de provecho para el análisis político, claro está, y probablemente sea reiterativo ya que en otras oportunidades he insistido en el peso que los tiempos fuerzan sobre las interpretaciones de lo social, que fue un autor y militante político marcado por su tiempo, como todos, encadenado en las galeras del transcurrir histórico.     

Entre las claves conceptuales que podemos extraer de su faena intelectual que hoy nos permiten pensar la democracia se encuentra la invaluable interpretación que realiza sobre el concepto de Hegemonía, que lo aproxima casi en sinonimia a la idea de una dirección cultural y política que se materializa en el poder. Desde un sentido analítico la hegemonía para Gramsci se concreta en las estructuras de mediación del poder que actúan sobre la vida de los sujetos, abarcando todos sus ámbitos; es la manifestación de los diversos mecanismos de dominación cultural e institucional de los que se valen las clases dirigentes para afianzar su dominación más allá de los notoriamente coercitivos.

El filósofo italiano intuye primero y luego se convence, que el control ideológico que afianza a la estructura del orden capitalista no es solo una consecuencia del dominio socio-económico, sino que se constituye en factor de su posibilidad por medio de la asimilación en la sociedad de los valores que emanan de las clases dominantes. El imaginario de los sujetos sociales se cierne sobre la trama de principios y valores que provienen de la clase dominante, para ello las estructuras e instituciones culturales, educativas, legales, entre otras, forman los pasillos del laberinto donde deambulan los dominados. Y este lugar más dialectico y complejo de entender la hegemonía le viene de su práctica política, su praxis como sujeto revolucionario, podemos notarlo en su laborioso esfuerzo educativo/formativo plasmado en L´Ordine Nuovo y en los Cuadernos de la Cárcel con mayor madurez de pensamiento.

Para romper las bifurcaciones múltiples que como espejismos va depositando en la superestructura el control hegemónico, hay que levantar una hegemonía alternativa a la dominante que subvierta los valores interiorizados y asumidos como propios por los sectores dominados, cimentar el camino a un nuevo modelo social desde las organizaciones revolucionarias de la clase obrera (que como bien sabemos es para Gramsci el sujeto revolucionario). Ahora bien, no es el sindicato la organización con ese atributo, su valor no es negado por Gramsci en la lucha reivindicativa pero carece de potencia transformadora por haber surgido del seno del capitalismo; hay que crear otras organizaciones y florecen entonces los consejos obreros de fábricas, modelo organizativo que el revolucionario sardo presenta y practica como idóneo para construir esos cimientos del nuevo modelo socialista, son conglomerados de trabajadores con autogobierno y por ende con atributos rizomáticos para fundar otro nuevo orden social.

En esta lucha contra-hegemónica y/o alterno-hegemónica cobra un importante papel la figura del intelectual, sujeto que opera en el ámbito superestructural de la sociedad y ostenta la condición de creador de hegemonía desde una posición conservadora o transformadora; para Gramsci las y los individuos son en potencia intelectuales pero la mayoría no puede desarrollar esa función precisamente por estar sujetos (en términos foucaultianos) por la hegemonía dominante, sin embargo alguna/os pueden integrar una intelectualidad orgánica coligada a los intereses de la clase obrera, que se forme desde la base y el accionar de los sujetos concretos que asumen la praxis revolucionaria, para desde la atalaya de los consejos obreros visualizar las demandas contra-culturales, fraguando esa nueva cultura no subalterna y diferente a la burguesa (como cultura dominante).

También hay que tomar en cuenta que la hegemonía no es un concepto puramente analítico que funciona como descriptor de la realidad, al contrario tiene presencia necesaria en el ejercicio del poder, su ubicación en el plano sensible e inteligible es la fuerza que consolida el sistema de creencias e ideas que dan forma coherente, aun en apariencia, al mundo y de ello los lugares desde donde los hombres y mujeres asumen la manera de vivir y enfrentar la realidad que les envuelve. Por otra parte la hegemonía tiene otro sentido, incluso otro destino histórico en la concepción socialista de Gramsci, pues el autogobierno consciente de la clase obrera, en nuestros términos de los sectores sociales explotados por el capital, conformaría una hegemonía con destino liberador, en tanto da luz a la oscuridad que arropa las diferencias históricas que han marcado las relaciones sociales de producción. 

La alternativa hegemónica que plantea Gramsci refiere al descorrer el velo que cubre la realidad oculta por fórmulas ideológicas que nublan la explotación y dominación en el modelo capitalista, por lo cual es motor concientizador de las masas para subvertir la dictadura de la minoría (expresada en la democracia representativa surgida como necesidad de la consolidación del modelo capitalista) y sustituirla en el proceso revolucionario por una democracia plena de las mayorías, con estructuras institucionales venidas del autogobierno y democracia directa que en la propia construcción de los consejos ha ido fructificando. Se trata entonces, de subvertir la hegemonía dominante, en un proceso de creación de la alternativa hegemónica de las masas como horizonte de lucha en tanto proceso dialéctico de desconstrucción y construcción de poder y nuevas instituciones, estas últimas resultado de la acumulación al seno de la clase, oprimidos y explotados, por medio de la praxis revolucionaria o experiencia progresiva de lucha de los colectivos sociales en la confección del nuevo modelo productivo socialista.

Para explicar cómo la hegemonía opera en el recinto superestructural, Gramsci se vale de las nociones de Sociedad Civil y Sociedad Política, con un sentido de ordenar puramente su razonamiento. La sociedad civil está formada por todo el resto de instituciones y organismos que están fuera del Estado, los “vulgarmente llamados privados” diría Gramsci, que constituyen la base sustanciadora de lo ético, donde cumple su función la hegemonía del grupo dominante sobre el resto de la sociedad, es la sociedad contrapuesta a la Sociedad Política que es el Estado, pero en función de su relación; es decir, la sociedad civil es en tanto está hegemonizada por la sociedad política, pero hay momentos cuando esa relación se rompe, momentos de crisis que generan una escisión que deja en evidencia las brechas posibles para la conformación de otro Bloque Histórico. También, en los momentos de ruptura de la relación hegemónica de la sociedad política y la sociedad civil regularmente la primera se vale puramente de la coerción para sostener su poder y es ahí donde la violencia de la dominación se hace evidente también en la superestructura. Esta relación explica porqué la hegemonía se ubica en otro plano diferenciado de la dominación simple, al tiempo que soporta la premisa que la revolución socialista es tal en la medida que transforma las relaciones sociales de producción y no solo en la toma del poder por los socialistas.

La hegemonía permite la cohesión del bloque histórico, los socialistas deberán asumir los intereses de los sectores sociales receptores de su accionar político, propiciar las formas de autogobierno de las organizaciones de clase y abrir las alternativas a la participación protagónica en la toma de decisiones, en el proceso de consolidación de una hegemonía diferente que funde la insurrección contra el orden actual, y permita rehacer la democracia desde las propias prácticas sociales y políticas de los sectores mayoritarios. Es en esta dimensión donde vemos uno de los aportes fundamentales de Gramsci en la consecución de un horizonte democrático que rompa el formalismo del modelo para profundizar en su sentido liberador.


Textos consultados:

-GRAMSCI, A. (2004). Antología. Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires.

-___________ (2001) Cuadernos de la Cárcel. México (Era).

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