Conocernos, primero, para valorar a Choquehuanca (1)

Escuela de Sabidurías (47)

Por Gregorio Pérez Almeida

El discurso del Vicepresidente de Bolivia, David Choquehuanca, brilla como una luz en la oscuridad que ocasionó el golpe de Estado durante casi un año y proyectaba su sombra sobre el resto de Abya Yala, sus palabras son un compendio de sabiduría “andina” y, léase bien, la palabra “andina” está entre comillas, porque es clave para estas clases.


Sin dudas que la “globalización desde abajo” nos ha permitido conocer estas y otras cosmo-bio-visiones de Nuestra América, de África, de China, etc., pero muy poco de las nuestras. En clases anteriores escuchamos voces de los pueblos wayuu, ye´kuana, warao, añú, baré, chaima, pero son apenas un pequeño porcentaje de los 43 pueblos indígenas reconocidos. ¿Indolencia? ¿Desprecio del criollo por las culturas no blancas? ¿Endorracismo? Todo esto y algo más.


Aunque no comprendamos por qué en el «Preámbulo» de nuestra Constitución de 1999 no se incluyó a las y los afrodescendientes como “antepasados que contribuyeron con su heroísmo y sacrificio a forjar una patria libre y soberana”, no es extraño entre blancos(as) criollos, porque las y los pensadores decoloniales de hoy reconocen al inca Guaman Poma de Ayala como precursor del pensamiento indígena decolonial en la Abya Yala de ayer y el tipo era un racista antinegro.


Para comprender a Choquehuanca desde y en Venezuela, no sólo hace falta leerlo sin prejuicios y con la mente abierta a otras racionalidades, sino que necesitamos conocernos desde el momento fundacional de la modernidad en nuestro territorio con la invasión española. Territorio es el lugar y el tiempo determinado donde crean y reproducen su vida las comunidades humanas e incluye el pasado que nos creó y al presente que nos recrea.


El colonialismo español implementado en Venezuela tuvo características distintas a las del colonialismo en los pueblos andinos, no sólo por las condiciones geográficas y climáticas, de flora y fauna, sino porque era distinta la organización social de los pueblos indígenas y distinta fue su lucha de resistencia en la que tuvo un peso importante la población africana que comenzó a llegar esclavizada desde muy temprana fecha a nuestro territorio.


Sostiene el historiador Carlos Edsel González, en su libro “Los esclavos negros en Venezuela”, que: “Con la importación de los negros africanos no sólo se estaba adquiriendo la mano de obra requerida para impulsar la economía esclavista del <Nuevo Mundo>, sino que se contribuyó también a la creación de un nuevo tipo de hombre con rasgos específicos: el mulato y el zambo”.


Un nuevo tipo de hombres y de mujeres que sin dudas crearon un nuevo tipo de “mestizaje”: la rebeldía negra ensangrentada con la indígena caribe que había resistido desde la llegada de los invasores. A la guerrilla indígena que azotó al ejército imperial, se sumó el territorio libre de las y los esclavos sublevados: el Cumbe. Y los procesos culturales originarios se enriquecieron con la cultura africana y viceversa, que “mezclados” con los blancos de orilla, conformaron la casta de los “pardos”.


Pero, no sólo es este rasgo distintivo de nuestra sociedad colonial el que nos distingue de los pueblos andinos, sino que, sostiene también Edsel: “Además, se introdujo el elemento humano o el punto de partida para una verdadera lucha de clases, lucha de tipo económico, que se expresó muy pronto en Venezuela con la sublevación en Coro, hacia 1532, de 30 negros sangrados por el trato inhumano de los conquistadores…”.

Quizá fue esta particular forma de explotación socioeconómica y la resistencia que enfrentó, lo que determinó la estrategia que utilizaron los mantuanos organizados en el nuevo Estado nación “postcolonial” venezolano para dominar a la población subalternizada (indígenas y afrodescendientes) mediante de lo que Pablo González Casanova llama Colonialismo Interno, que tuvo distintas concreciones en América Latina. En Venezuela fue la dispersión y el alejamiento de los centros urbanos importantes y una persecución en frío mediante instituciones públicas y privadas que encubrían su verdadero objetivo: exterminarlos.
Hoy, indígenas y afrodescendientes están en pleno proceso de reconocimiento social (léase: educativo, religioso, económico, político y más), se ha avanzado bastante en comparación con la Cuarta República, pero falta mucho por hacer y, ante todo, para impedir el retroceso, porque no es sólo el supremasismo mantuano y su racismo ancestral el que amenaza en cada vuelta de esquina, sino el endorracismo y el sentimiento de inferioridad instalado como ley divina en el corazón de (¿pocos, muchos?) indígenas y afrodescendientes.

Sobre esto último, escuchemos la opinión de *Maribel del Carmen Ipuana*, mujer wayuu, a propósito del discurso de Choquehuanca:
Que interesante ese discurso del Vicepresidente de Bolivia, hay una muestra clara de identidad propia como pueblo ancestral, el amor a lo auténtico, lo nuestro, la relación y respeto a la madre tierra, la claridad con la que defiende lo colectivo y no lo individual, una muestra clara desde las formas de aprender cómo indígena

Muy interesante, espero sea de mucha reflexión para todo aquel que dice ser indígena pero que no defiende su identidad, sino que asume la que ellos creen que si vale la pena: la cultura occidental. Muy importante resaltar el respeto a nuestros ancestros, a nuestras creencias como pueblos originariosOjalá que nuestros hermanos indígenas de Venezuela entendieran de una vez y por todas, que la estructura tradicional occidental nos fragmenta como pueblos”.

 Culminamos esta clase resaltando que nosotros, venezolanas y venezolanos, tenemos una historia distinta a la de los pueblos andinos, otro lugar de enunciación, y aunque existen aspectos comunes entre las cosmo-bio-visones en todos los pueblos originarios de Abya Yala, la presencia africana en nuestra idiosincrasia marca una diferencia esencial, además de que esos aspectos comunes están situados en un territorio cuyo horizonte se dibuja sobre un espacio marítimo que fue medular en la construcción de la diversidad cultural moderna: la Caribe Mar, donde se produjeron dos acontecimientos determinantes en la historia Nuestramericana: el Sermón de Montesinos y la Revolución haitiana.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *