Elecciones en EE.UU: América pierde.

Por Miguel Ernesto Salazar

Este martes serán las elecciones presidenciales en los Estados Unidos para elegir al presidente número 46 desde que en 1789 George Washington fuese elegido por consenso, al amanecer de este 3 de noviembre un poco más de 95 millones de estadounidenses habrán ejercido su derecho al voto vía correo del total de casi 240 millones de votantes inscritos, incluyendo a Donald Trump quien recientemente adelanto su voto. Un record sin precedentes en la historia de los Estados Unidos motivado principalmente por la pandemia que ha trastocado a la cotidianidad de la humanidad,  al escribir esta nota, 9.184.689 millones de norteamericanos se han contagiado del COVID-19 y un total 230.843 han sucumbido ante este enemigo invisible. Vale destacar que sobre el errático, torpe y soberbio manejo de la pandemia por parte de Trump y su administración, ha  dado oportunidad al que el candidato demócrata coloque como una estampilla al COVID-19 en la boleta al coronavirus. Trump parece haber percibido al COVID-19 como parte de la nómina de “The Trump Organization” o como un participante The Apprentice.

Al cierre de esta columna, según RealClearPolitics, una empresa de medios independientes que promedia encuestas que hemos citado en otra oportunidades, presenta su “poll average” con un Joe Biden con 50,9% por encima del 44,4% de Trump.  Ohio, Florida, Carolina del Norte, Texas, Iowa, Arizona, Michigan, Pennsylvania y Georgia, estarán bajo la lupa de la opinión pública estadounidense y mundial, al ser estos espacios decisivos para el desenlace final. “Vote for América”, parece ser la consigna común entre republicanos y demócratas, cada quién tiene su propia versión de los “padres fundadores”, cada quién desea salvar el “sueño americano” amenazado por el otro. Visión que pudiera nuevamente ser clarificada nuevamente en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

En este contexto Trump se apresura para estar preparado en la noche del martes y cantar prematuramente su victoria alertando además sobre el “fraude electoral” orquestado por los demócratas, lo cual ha venido sosteniendo con mayor fuerza desde hace un par de meses de manera sistemática. Los republicanos han hecho de todo para retrasar y obstaculizar el voto por correo, han utilizado a sus patotas de supremacistas blancos y a la fuerza policial para intimidar al votante. Incluso, ya Trump los ha convocado a defender la “victoria”. Garry Kasparov, un columnista de CNN sobre Trump escribía este pasado fin de semana: “No podemos saber exactamente qué hará Trump en estos últimos días, solo que sea lo que sea, estará pensando solo en sí mismo. Si declara la victoria en la noche de las elecciones, independientemente de las papeletas no contadas, ¿entonces qué? ¿Qué pasa si llama a toda la elección un fraude, un engaño y exige que se detenga el conteo? ¿O si los partidarios armados de Trump escuchan su llamado para intimidar a los votantes en las urnas? ¿Qué pasa si usa Twitter con «LIBERATE AMERICA!» y sus fanáticos del MAGA responden?”. Pero colocaba igualmente la otra interrogante “¿y si gana?” ante lo que añadía: “Digamos que Trump permanece en el cargo, ya sea por un impactante revés electoral o porque los jueces de la Corte Suprema elegidos a dedo hacen lo que él eligió para hacer”.

Por otra parte, la “acción afirmativa” “globalista” de Biden atenta contra quienes encontraron en la consigna “américa primero” la protección a su empleo durante la campaña presidencial Trump del 2016. Su esfuerzo en convertir el voto en una fuerza moral choca con las aspiraciones inmediatas de la masa trabajadora. Una masa conservadora que como por ejemplo encontramos en estados como Pennsylvania, ricos en energía y manufactura, ven a Trump como una figura fuera del establishment. Esta masa trabajadora ve incluso a Trump como una víctima de la elite política de Washington y del sesgo informativo de los grandes medios estadounidenses. Para fortalecer este criterio un artículo de Clay Travis, titulado, “Por qué estoy votando por Donald Trump”, cuyo historial electoral lo llevo a votar por John Kerry, Barak Obama y por Gary Jhonson durante las primarias del 2016, enuncia lo siguiente: “El Partido Demócrata solía ser el partido de la gente trabajadora promedio en el país, gente como mi mama y mi papa, que nunca ganaban 50 mil dólares al año en sus carreras. Ahora ha dejado atrás a esa gente”.  Biden aspira a dejar de lado la retorica del inquilino de la Casa Blanca y busca cobrar las promesas incumplidas a los trabajadores en el 2016. Biden anhela a que los datos proporcionados por The Economic Policy Institute que calculó 1.800 fábricas habían cerrado entre 2016 y 2018, le transmitan algo a la masa trabajadora.

El discurso se ha centrado en la necesidad de conquistar la paz en los territorios donde la violencia ha sido protagonista a causa de la política y practica policial, un candidato fuerte y el otro débil es el discurso que trata de permear también en la masa trabajadora. Un Trump que “abate al COVID-19”, “¡Me siento poderoso!”, arenga ante la multitud que se concentra en sus actos de campaña marcado por la tendencia a no utilizar el tapaboca, porque significa debilidad. A diferencia de Biden que se muestro ante poco público en sus actos y siempre llevando consigo el tapabocas.

Por lo descrito anteriormente descartar al man del reality show, The Apprentice, es un error aun teniendo aparentemente todo en contra. Pero más errático es asomar la falsa o fantasiosa interrogante ¿Quién es peor, Trump o Biden? ¿Con cuál se podrá convivir mejor? Un error en especial para los pueblos de Latinoamérica, con Venezuela en la mira directa de republicanos y demócratas.

Será que se nos olvidó tan rápido el discurso de la Unión por parte de Donald Trump en el Congreso de los Estados Unidos, en el cual su presidenta, Nancy Pelosi, pico literalmente en dos la copia de su discurso pero ovaciono de pie ante el anuncio de Trump que señalaba la presencia de Juan Guaidó en dicho hemiciclo. Hay un acuerdo bipartidista sobre Venezuela y el futuro de Latinoamérica, tal vez no visto en su complejidad y totalidad al estar encandilados ante los resultados de la votación de Bolivia donde el MAS de Evo Morales volvió nuevamente al poder, ante la victoria del apruebo en Chile o ante la aseveración del presidente Argentino en afirmar el resurgimiento de UNASUR, un proyecto de integración quebrado por el cambio de correlación de fuerzas en la región de la mano de la administración y la política exterior de Trump.

Para Republicanos y Demócratas, Venezuela seguirá siendo una amenaza inusual y extraordinaria para un país que hace un poco menos de una semana llevó a cabo una prueba de su misil balístico intercontinental Minuteman III, un arma estratégica que acaba de cumplir 50 años en servicio.

Ambos candidatos presidenciales han vuelto al estado de la Florida antes de cerrar sus campañas con el objetivo de arrastrar el voto latino a su favor, en cada intervención el tema Venezuela ha sido parte del libreto de campaña por ambos comandos de campaña. Por una parte Trump, en su última visita a la Florida, llevo a cabo un mitin en el Aeropuerto Internacional Sanford de Orlando teniendo como fondo al Airforce One. En esta oportunidad Trump no ha perdido oportunidad para señalar que Biden “quiere darle todo a Cuba y a los Castro, y también quiere darle todo a Nicaragua y a Venezuela”. Se deleita la paranoia extremista que vive al sur de la Florida al escuchar a Trump enfilar sus baterías contra Venezuela, Cuba y Nicaragua. La administración Trump y la comunidad de inteligencia ha estado activa en su ruta hacia derrocar al Gobierno Bolivariano y en el aniquilamiento del Chavismo.

Por su parte Joe Biden en su paso por la Florida ha señalado: “Deberíamos estar liderando los esfuerzos internacionales para enfrentar la masiva crisis humanitaria en Venezuela. Maduro le está causando un sufrimiento increíble a los venezolanos para mantenerse en el poder. Los venezolanos necesitan nuestro apoyo para recuperar la democracia y reconstruir su país”. Para Biden no es suficiente lo ejecutado por Trump contra el pueblo venezolano. Parafraseando al columnista de CNN, Garry Kasparov, sobre un posible resultado a favor del “demócrata”, “¿y si gana?”, qué pasaría de ganar Biden. Primero tengamos presente que Joe Biden voto en el Congreso estadounidense a favor de la guerra con Irak bajo el guión de Bush con base al uso de armas de químicas por parte de las fuerzas de Hussein. Recordemos además en su rol de Vicepresidente de Obama, aprobó un buen número de intervenciones militares en el  mundo, entre ellas la intervención de la CIA en el asesinato del líder libio Muamar el Gadafi. Es muy probable que emulando a Kennedy, el candidato demócrata una vez elegido como presidente de continuidad a los planes de la CIA por intervenir en Venezuela. La invasión de Bahía de Cochinos, Cuba, en 1961, fue planeada bajo la administración del presidente republicano Dwight D. Eisenhower. Kennedy, presidente demócrata elegido daría “continuidad administrativa” al plan para invadir a Cuba.

La respuesta del pueblo y de la naciente Revolución Cubana está escrita en la historia, las fuerzas revolucionarias, la unidad cívico-militar, encabezadas por Fidel Castro derrotarían a las fuerzas invasoras respaldas por EE.UU.

A Kennedy parece extraviársele un discurso un año antes de la invasión: “¡Democracia es esta, en que un gobierno busca la fuerza del pueblo y la une! ¡Democracia es esta, que hace fuerte al pueblo, porque lo une! ¡Democracia es esta, que les entrega un fusil a los campesinos, y les entrega un fusil a los obreros, y les entrega un fusil a los estudiantes, y les entrega un fusil a las mujeres, y les entrega un fusil a los negros, y les entrega un fusil a los pobres, y le entrega un fusil a cuanto ciudadano esté dispuesto a defender una causa justa!¡Democracia es esta, en que no solo cuentan los derechos de la mayoría, sino que le entrega armas a esa mayoría! ¡Y eso solo lo puede hacer un gobierno realmente democrático, donde las mayorías gobiernen!”. Podría entonces Biden enfrentarse en todo caso a la misma voluntad con la que los cubanos en su momento hicieron frente a la intervención gringa e incurrir en el mismo error de su antecesor demócrata porque Trump ya ha probado las mieles de la derrota en las costas de Chuao.

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *