La Nueva Batalla de Carabobo

Por Equipo del Consejo Editorial

Una de las más grandes operaciones políticas de la nación está en marcha, pudiera ser comparada con la campaña “Maisanta” de 2004, sumada a la complejidad que significa el hecho terrible de la pandemia del Coronavirus, y el bloqueo económico, financiero y comercial.

El pueblo bolivariano definió con suma claridad el objetivo a alcanzar en esta nueva “Batalla de Carabobo”: reconquistar la colina de una institución fundamental de la democracia venezolana: la Asamblea Nacional.

Las organizaciones del movimiento revolucionario se han adecuado a las nuevas formas de combate, todas las fuerzas políticas están en máxima tensión, se percibe que grandes acontecimientos tendrán lugar en las próximas semanas, la decisión está tomada.

Empero, es indispensable señalar que el momento decisivo del seis de diciembre, cuando se producirá una recomposición del cuadro político nacional, es una consecuencia directa de la epopeya que ha librado el pueblo de Simón Bolívar, que ha logrado desbaratar el multiforme plan de invasión militar de los Estados Unidos, emparentado con la pretensión de conformar una institucionalidad paralela, que no ha tenido ni tiene sustentabilidad alguna en la realidad interna del país, pero que es apuntalada desde el exterior por Donald Trump y los gobiernos neoliberales del área.

La derrota del plan de desarticulación de la Patria desatado por un grupo de malhechores que en nuestro país han servido y sirven como “agentes” de una potencia extranjera, se inició cuando el pueblo salió a las calles de todo el país, a levantar la bandera amarilla, azul y roja y a entonar el “Gloria al Bravo Pueblo”, a decir a los cuatro vientos: ¡Leales siempre, traidores nunca!

No pudieron invadir por el Táchira el 23 de febrero de 2019, a pesar de la enorme fuerza mediática y política que alcanzaron a movilizar en el exterior, y el 30 de abril se evidenció que no tienen pueblo, nadie escuchó el llamado a apoyar el golpe de Estado, y muy por el contrario, el 1° de mayo de 2019 se convirtió en una manifestación histórica de los tiempos recientes donde la unidad cívico – militar, eje estratégico de la Revolución Bolivariana, demostró su fortaleza moral y política.

No obstante, desde Washington y Bogotá desarrollan un plan de saqueo a los bienes de la República. El saqueo del dinero y el oro que es propiedad del pueblo y está en los bancos de Estados Unidos y Europa. La empresa más importante del país en el exterior, Citgo, fue robada por la pandilla que para ese entonces dirigía la Asamblea Nacional. Monómeros, en Colombia tambien fue esquilmada.

Los traidores a la patria se presentaron ante la Casa Blanca a pedir de rodillas que invadan a Venezuela y que destruyan a la economía venezolana, aplicando las medidas coercitivas unilaterales, explicitadas en todos sus detalles en las Órdenes Ejecutivas del Presidente Trump..

No fue esa la única misión que se trazó la pandilla de delincuentes dirigida por quien presidió en 2019 la Asamblea Nacional, también se ocupó de solicitarle al gobierno norteamericano que impidiera que renegociemos la deuda, que tengamos acceso a dinero fresco, que podamos adquirir préstamos de emergencia para atender la pandemia, que no pueda salir un solo barco con petróleo para arruinar a la nación, que no podamos comprar alimentos ni medicinas. En fin, el imperialismo y la banda de maleantes que ocupó la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, intentan doblegar a un pueblo por hambre, por desesperación. Este crimen de “lesa humanidad” tiene culpables y los responsables están plenamente identificados.

Y no se puede esperar otra cosa de un gobierno como el de los Estados Unidos que vive de sojuzgar y despojar a los pueblos del mundo. No habrá ninguna sanción judicial o moral que pueda resarcir un acto de bajeza de tal magnitud, aunque nada se puede esperar de quienes el 4 de agosto de 2018 intentaron un magnicidio en grado de frustración contra el hijo de Chávez y la desaparición del Alto Mando politico y militar, y la incursión militar mercenaria de mayo de este mismo año.

Los actos delincuenciales, el hecho bochornoso de pedir a una potencia que invada al país, la desfachatez de implorar a Trump que aplique el bloqueo a la economía venezolana, y la pretensión de liquidar la democracia venezolana, provocaron la implosión de la derecha venezolana. Han quedado aislados y sin poder de convocatoria alguna quienes están llamando a boicotear las elecciones parlamentarias, quienes pretenden seguir siendo directivos de la Asamblea Nacional, por los siglos de los siglos, obviamente para seguir robando, y quienes tienen el descrédito. Han sido derrotados en el terreno político y moral, por el heroico pueblo de Bolívar y Chávez.

Una nueva corriente política de oposición ha surgido en el país, a partir de la ruptura de la Mesa de la Unidad Democrática, por cierto, un liderazgo que hoy está siendo sometido a sanciones de parte del gobierno de los Estados Unidos.

La nueva legislatura que según la Constitución inicia el 5 de enero de 2021, tendrá una composición plural, las fuerzas de oposición jugarán su rol, el chavismo la suya, como el cualquier democracia, empero, la vocería del Poder Popular estará garantizada por las diputadas y los diputados del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, porque la lucha por la construcción del socialismo del siglo XXI, apenas comienza.

Esta realidad política nueva, que ya se perfila en el horizonte, no es obra de la casualidad, sino de la conjunción de esfuerzos que tuvieron como centro la Mesa de Diálogo Nacional, en la convergen todas las corrientes que tienen como mínimo común denominador el respeto a la Constitución, y el rechazo a la invasión al país y al bloqueo, es decir, existe un acuerdo básico en que los problemas de los venezolanos los resolvemos los venezolanos, mediante los mecanismos establecidos por la Carta Magna, y en paz.

El seis de diciembre las venezolanas y los venezolanos elegiremos una nueva Asamblea Nacional, para la cual se han postulado 14 mil candidatos y candidatas de las distintas corrientes políticas, un total de 107 partidos políticos, de los cuales 98 forman parte de la oposición venezolana. En función de dar cumplimiento a los acuerdos de la Mesa de Diálogo, se amplió la composición de la Asamblea Nacional, de 165 a 277 curules, y quedó establecida la preminencia del método de la representación proporcional de las minorías. Se escogerán 144 diputados por el método proporcional, 130 por circunscripciones electorales, y tres de las comunidades indígenas por lista nacional.

Como es usual en los comicios venezolanos, se realizarán 15 auditorías a todo el proceso, antes, en, y después del acto electoral, con la participación de los representantes de todas las fuerzas políticas.

Está muy claro que en toda la región, el imperialismo norteamericano y las élites políticas de la ultraderecha neofascista, han tomado el camino de los golpes de Estado, los fraudes electorales, la asfixia económica de los pueblos, y la amenaza de invasión militar, la antidemocracia y el irrespeto a la soberanía de las naciones. Desconocer la legalidad de las repúblicas,  es el núcleo central de la estrategia de la derecha neoliberal.

Muy por el contrario, las fuerzas revolucionarias y progresistas afirman que el objetivo principal es la defensa de la independencia nacional, el respeto a la Constitución, la consolidación y el desarrollo de la democracia, la preminencia del Estado de Derecho y de Justicia, y la igualdad política, económica, social y cultural de los ciudadanos.

La Revolución Bolivariana enfrenta un triple desafío, contener la pandemia, recuperar la economía en medio de la más grande recesión de la economía mundial que se conozca en cien años, y romper el cerco del bloqueo impuesto por el imperialismo.

El Presidente Maduro y el Alto Mando de la Revolución han definido que la recuperación de la economía es el paso histórico que debemos dar en nuevas circunstancias, los poderes creadores del pueblo han de desplegarse en todo el territorio nacional, y el desencadenante no es otro que construir una nueva realidad política signada por la estabilidad, condición “sine qua non” para que se desarrolle la revolución de las fuerzas productivas.

Las ideas fundamentales del Libertador Simón Bolívar, retomadas y renovadas por el Comandante Hugo Chávez, constituyen el andamiaje teórico y moral de la conciencia patriótica y democrática del pueblo venezolano, que libra en nuevas condiciones, una nueva Batalla de Carabobo, cuando estamos a pocos meses de conmemorar el Bicentenario de la batalla que fue el preludio de la libertad de América del Sur, el próximo 24 de junio, y de la puesta en marcha del proyecto unionista de Bolívar, ayer derrotado y hoy convertido en bandera de lucha por los pueblos de este continente indómito.

Este seis de diciembre vamos a tomar la colina de la Asamblea Nacional !!

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