El Che y Venezuela 2020

Escuela de Sabidurías (27)

Por Gregorio Pérez Almeida

Nuestro país se encuentra en un proceso de transición al socialismo, ya sabemos que no tenemos puntos de comparación con la experiencia cubana, no sólo por los años transcurridos, sino por el contexto mundial y regional de ambos procesos. Quizá lo único que tenemos en común es el enemigo, pero en 60 años el imperialismo yanqui ha perfeccionado sus estrategias injerencistas y sus tácticas de guerra que lo hace más eficaz y peligroso. Sin embargo, escuela al fin, si leemos al Che es para aprender algo, entonces nos preguntamos ¿Qué podemos rescatar en Venezuela de las reflexiones y experiencias del Che?

1º) En la línea del comentario de Werther:

La discusión de fondo que sostuvo el Che como ministro de industrias fue con los economistas que proponían y defendían el “socialismo mercantil”, con una planificación basada en el “cálculo económico” que opera a través de la Ley del Valor y el mercado, es decir del salario, la mercancía, la plusvalía y las ganancias, que requiere de empresas gestionadas en forma descentralizada, con autonomía financiera, compitiendo e intercambiando entre sí con dinero y sus respectivas mercancías en el mercado. Un sistema económico apoyado completamente en el estímulo material, sin mayor preocupación por los estímulos morales y la formación práctica de la conciencia socialista.

El Che proponía un proyecto político en el que “planificación” y “mercado” son términos antagónicos, porque la planificación era, más que un simple recurso técnico para gestionar la economía, la palanca para la construcción del hombre nuevo y el socialismo. Planificar era ampliar y profundizar la racionalidad humana y disminuir el “fetichismo” de la Ley del Valor, que la concibe como una ley natural inevitable. Se unificaban los bancos, y las fábricas se integraban para formar conglomerados que intercambiaban sus productos no como mercancías sino a través de un registro de cuenta bancaria. Un sistema económico que promovía el trabajo voluntario y privilegiaba el estímulo moral como herramienta fundamental en la formación de la conciencia socialista.

Si miramos bien, nuestro proyecto es muy parecido al primero y tal vez no sea posible la propuesta del Che en Venezuela, pero, como sostuvo Werther, es necesario que se discuta más a fondo si podemos avanzar hacia el socialismo con un sistema económico basado en el cálculo económico que le da al salario el mayor peso en la remuneración de la fuerza de trabajo, sin tomar en cuenta la formación de la conciencia socialista de las y los trabajadores. ¿Podremos avanzar hacia el socialismo utilizando las “armas melladas del capitalismo” como el salario y el mercado, sin hacerle ni un tantico así de daño?

2º) La relación entre la ciencia y las empresas:

El modelo del cálculo económico mantiene un divorcio entre ciencia y empresas y si en la URSS el problema era el desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnológico y la lentitud de las empresas para asimilarlo por el respeto absurdo a los planes estatales de productividad, al contrario, el modelo del Che proponía darle prioridad a la integración de los avances tecnológicos en las fábricas aunque ello significara “incumplimiento” momentáneo del plan de productividad. Si una fábrica se tenía que parar tres meses para incorporar una nueva tecnología, había que hacerlo, formar a los trabajadores durante ese tiempo y confiar en que el próximo año mejoraría sustancialmente la producción gracias al avance tecnológico.

3º) Tecnología contra burocratismo:

Las nuevas tecnologías, prioritariamente las producidas en Cuba, significaban racionalizar y simplificar los procesos administrativos y  productivos y tal como ocurre en el capitalismo inevitablemente ello significa reducción de trabajadores en las fábricas y empresas, pero en el plan del Che esto no generaba desempleo, porque el sistema integrado de empresas tenía capacidad para formar, rotar y trasladar a las y los trabajadores hacia ramas donde fueran necesarios. De esta manera se combatía científicamente el burocratismo y se promovía la integración de las academias e instituciones científicas con el aparato industrial y económico.

Esta vinculación entre ciencia, tecnología y planificación económica debía aplicarse también en la administración del gobierno, es decir, en los ministerios, donde el burocratismo causaba peores estragos.

4º) Estudiar y pensar con los pies en la tierra y reconociendo la ignorancia, aunque seamos ministros(as):

Le dice el ministro Che a unos compañeros durante una discusión sobre las características que debía tener la planificación socialista que la diferenciaran de la capitalista:

“No conozco mucho que digamos, puedo discutir a nivel general, pero ya una cátedra sobre eso me es imposible, pero de acuerdo con estas limitaciones pues vendré yo también y compañeros que tengan especialización en ciertas cosas podrían explicarme”.

Y a aquellos que se aferran a los textos de Marx o de algún otro teórico para buscar soluciones a los problemas concretos, lo que los lleva con seguridad a paralizarse frente a la realidad, les dice:

“Tenemos la obligación imperiosa de pensar ¡Imperiosa! […] Pero la tarea tiene que ser de todos, las tareas prácticas y las teóricas. La teoría la hace Marx, cuando es Marx, pero que cuando no es Marx, tenemos que hacerla nosotros”.

Podríamos seguir en esta tarea de rescatar las propuestas del Che que nos enseñan algo como actor principal del primer país que inicia la transición al socialismo en el Caribe Latinoamericano, pero se haría muy larga la clase. A quienes estén intersados(as) en ampliar su repertorio de ideas en este sentido, les recomiendo la lectura de las actas de las reuniones bimensuales del Consejo de Dirección del Ministerio de Industrias. Son unas clases de crítica a la economía política burguesa inigualables.

Y para que no crean que no me preocupa lo que ocurre en el mundo alrededor de la pandemia, aquí les dejo esto:

Miseranias sobre la pandemia

Algunos(as) andan emocionados por los resultados exitosos de Suecia en la guerra a la pandemia sin confinamiento, confiados en la responsabilidad individual de las y los ciudadanos suecos, pero se les olvida que ese país es de los más fríos del mundo y sus relaciones humanas son tan frías como el clima, tanto que tiene una de las tasas más altas de suicidio juvenil en Europa, además de que son unos 10 millones distribuidos en más de 470 mil kilómetros cuadrados, con una densidad poblacional de 23 habitantes por kilómetro cuadrado.

Arrechos son los vietnamitas que también han logrado controlar la pandemia y son más de 95 millones de personas viviendo en 331 mil kilómetros cuadrados, con una densidad poblacional de 288 habitantes por kilómetro cuadrado. Ese pueblo venció a los imperios más poderosos del siglo 20, ¿Qué es una raya más para un tigre?

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *