Vo Nguyen Giap (VI)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA GUERRA DEL PUEBLO. EJÉRCITO DEL PUEBLO (VI)

Después de la derrota de los franceses por los japoneses, en una directiva histórica del 12 de marzo de 1945, el Comité Central del partido estimó con perspicacia que se habían creado nuevas condiciones favorables, pero que, sin embargo, “las condiciones para la insurrección no estaban todavía maduras”. Precisó, por otra parte, que el momento en que las fuerzas japonesas desguarnecieran su retaguardia para reagruparse y hacer frente al desembarco aliado sería en extremo favorable para lanzarse a la insurrección. La directiva añadía: «Si estallase la revolución en Japón y se instaurase el poder revolucionario del pueblo japonés, o si los fascistas japoneses sufrieran una derrota semejante a la de Francia en 1940 y el cuerpo expedicionario japonés se desmoralizase, nuestra insurrección general podría estallar y triunfar aunque no se produjese el desembarco aliado.” El movimiento revolucionario crecía como una marea.

La situación mundial evolucionaba rápidamente. El 8 de agosto de 1945, el Ejército Rojo soviético atacó el nordeste de China; el más fuerte ejército japonés, el de Kuan Tung, se desmoronó en pocos días. Acorralados en una situación cada vez más crítica, los japoneses se dispusieron a capitular sin condiciones. En ese momento la Conferencia Nacional del partido, reunida en Tan Trao, decidía, conjuntamente con el Comité Nacional del Vietminh, dar la orden de insurrección general para instaurar el poder popular en todo el país; se creó el Comité Nacional de la Insurrección. Inmediatamente después el Congreso Nacional de los Representantes del Pueblo, reunido en Tan Trao, eligió al Comité de Liberación del Pueblo Vietnamita, es decir, el gobierno provisional, dirigido por el presidente Ho Chi Minh.

Se conoció entonces la noticia de la rendición de los japoneses. Siguiendo las directivas del Comité Central, en numerosas localidades la organización del partido y el escalón correspondiente del Vietminh, sin esperar la orden de insurrección, que no había llegado todavía, y aprovechando el momento –las tropas japonesas estaban en plena crisis, sus títeres en un profundo desorden y la milicia en un estado avanzado de desmoralización– lanzaron a las masas populares a la conquista del poder.

El 11 de agosto, levantamiento popular en Ha Tinh; el 12, orden de insurrección en la zona libre, ataques a varios puestos enemigos por el Ejército de Liberación, que marchó unos días más tarde sobre Thai Nguyen, liberándolo; el 13, levantamiento en Quang Ngai. El 19, triunfo de la insurrección en Hanoi, la capital, seguido de las insurrecciones victoriosas de Hue, el 23, y Saigón, el 25. El 29 el primer regimiento del Ejército de Liberación de Vietnam hizo su entrada en Hanoi.

En todo el país, en el campo y las ciudades, decenas de millones de personas se alzaron unánimemente para arrancar el poder de las manos de los japoneses y los títeres a su servicio, rompiendo el yugo de los imperialistas y los feudales. Por haber sabido apoyarse en las poderosas fuerzas políticas del pueblo, secundadas por las fuerzas armadas y semiarmadas, y neutralizar a las tropas japonesas ya en plena descomposición, la insurrección general pudo reducir al mínimo la efusión de sangre y asegurar el triunfo rápido en el norte y en el sur del país. Frente al empuje popular, el rey Bao Dai abdicó, y el gobierno de Tran Trong Kim capituló. El 2 de septiembre el gobierno provisional se presentó a la nación. En la plaza de Ba Dinh, desde entonces histórica, el presidente Ho Chi Minh leyó la Declaración de Independencia, y nació la República Democrática de Vietnam.

Por la justa elección del momento, nuestro partido condujo a la victoria la insurrección general de agosto. Si se hubiera producido antes se habría expuesto indiscutiblemente a numerosas dificultades. Si hubiese tenido lugar más tarde, habría corrido un gran peligro: las tropas de Chiang Kai-shek y las fuerzas británicas estarían ya en el país. Nuestro partido dirigió al pueblo en su levantamiento y en la conquista del poder en el preciso momento en que los japoneses acababan de capitular y antes de la entrada de las tropas aliadas en Indochina.

El partido y las causas subjetivas condujeron la insurrección general de agosto a la victoria. Evidentemente, la insurrección debe también su éxito a causas objetivas en extremo importantes. Hay que destacar la coyuntura creada por la victoria del Ejército Rojo soviético y de las fuerzas aliadas sobre el fascismo germano-italiano, situación particularmente favorable a la causa de la liberación nacional de los pueblos oprimidos del mundo entero.

En nuestro país, durante las jornadas de la insurrección de agosto, el enemigo de la revolución se encontraba en plena crisis. Después de la ocupación de Francia por los nazis, el poder y la autoridad de los colonialistas franceses en Vietnam, se había debilitado visiblemente. Más tarde, vivas contradicciones habían surgido entre los conquistadores; el enemigo que ocupaba nuestro país desde hacía muchos años había sido derrocado por los fascistas japoneses, y el poder feudal, puesto a su servicio, también se había desintegrado.

En cuanto a los japoneses, que fueron nuestro enemigo principal a partir del 9 de marzo, se encontraban ya en una situación más que precaria a consecuencia de una serie de derrotas, y el gobierno títere projaponés no tenía la solidez ni la fuerza necesarias para hacer frente a un movimiento revolucionario cada día más poderoso. Después de la gran victoria del Ejército Rojo soviético y la capitulación de los japoneses, las tropas japonesas estacionadas en Indochina llegaron al colmo del desorden, disipado su sueño de dominación en nuestro país. En esta coyuntura, las masas revolucionarias supieron neutralizarlas, y por ello la insurrección general no tropezó con una resistencia encarnizada y pudo triunfar rápidamente. El factor objetivo extraordinariamente importante que acabamos de señalar prueba que las fuerzas del socialismo, de la democracia y de la paz, y principalmente los éxitos del Ejército Rojo soviético, han influido profundamente sobre nuestra revolución y la han ayudado mucho, que la Revolución Vietnamita es parte integrante de la revolución socialista en el mundo, que estamos en la época de la revolución socialista y de la revolución de liberación nacional, del debilitamiento y la disgregación del imperialismo colonialista.

Sin embargo, pese a toda su trascendencia, ese factor objetivo no minimiza las altas cualidades dirigentes de nuestro partido, ni su importancia en el triunfo de la insurrección general de agosto. Para apreciar mejor el papel decisivo de una dirección justa, basta comparar la situación en Vietnam con la de ciertos países del sudeste asiático en la misma época, durante las jornadas de agosto, en que, a pesar de las mismas condiciones objetivas, la revolución no sólo no triunfó, sino que tropezó con dificultades. Verdaderamente, la insurrección general de agosto ha sido para nuestro pueblo y nuestro partido un brillante éxito.

Es el levantamiento victorioso del pueblo de un país colonial y semifeudal que, bajo la dirección del partido comunista, ha desarrollado una larga lucha política para pasar después a una lucha armada localizada durante el periodo preinsurreccional y ha sabido, escogiendo finalmente el momento oportuno, a favor de una crisis en extremo profunda en las filas del enemigo, apoyándose principalmente en las fuerzas políticas de las masas, secundadas por las fuerzas revolucionarias armadas y semiarmadas, alzarse valientemente en ciudades y campos, destruir la dominación de los imperialistas y los feudales e instaurar el poder democrático popular. El éxito de la insurrección general de agosto muestra que, en condiciones históricas dadas, el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos puede, por la vía de la insurrección, obtener el triunfo.

Esta es la primera vez que, bajo la dirección del partido comunista, el pueblo de un país colonial pequeño y débil se alza heroicamente para liberarse por sí mismo del dominio de los imperialistas y sus agentes.

II. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ CON ÉXITO LA GUERRA DE RESISTENCIA CONTRA EL IMPERIALISMO FRANCÉS Y LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA

Poco tiempo después del triunfo de la Revolución de Agosto y la fundación de la República Democrática de Vietnam, el 23 de septiembre de 1945, los colonialistas franceses, apoyados por las tropas británicas, iniciaron las hostilidades en Saigón, intentando reocupar nuestro país. Nuestros compatriotas del Nam Bo se alzaron, decididos a resistir. El 19 de diciembre de 1945 la resistencia se extendió a todo el país. Nuestro pueblo emprendía una larga guerra de liberación, contra los imperialistas franceses y los intervencionistas norteamericanos, que terminaría nueve años más tarde por su gran victoria en el frente de Diên Biên Fu, mientras en la Conferencia de Ginebra se restablecía la paz sobre la base del respeto de la soberanía, de la independencia, de la unidad y de la integridad territorial de nuestro país, Camboya y Laos. El norte de nuestro país estaba completamente liberado.

En esos nueve años de resistencia victoriosa bajo la dirección de nuestro partido, el pueblo vietnamita, desde los primeros combates del Nam Bo a la victoria de Diên Biên Fu, derrotó al ejército de una potencia imperialista.

Intentaremos en este artículo recoger cierto número de experiencias esenciales extraídas del trabajo de dirección de nuestro partido en la guerra revolucionaria.

  1. En primer lugar, la resistencia de nuestro pueblo debe su éxito a que nuestro partido ha acordado una política justa: unir a todo el pueblo para continuar incansablemente la resistencia.

Así como en los primeros días de la segunda Guerra Mundial, cuando preconizaba muy justamente la preparación de la insurrección para lograr la liberación nacional, así en 1945-46, inmediatamente después de la instauración de la república democrática, nuestro partido definió la política siguiente: hacer todo lo posible para unir al pueblo, alzarse resueltamente y resistir la agresión para defender las conquistas de la Revolución de Agosto y la independencia nacional que se había reconquistado.

Desde el mismo día del triunfo de la revolución, nuestro partido preveía ya el peligro de una agresión por parte de los colonialistas franceses; por ello, en la Declaración de Independencia y en el Juramento de la Independencia llamaba al pueblo a redoblar la vigilancia y a mantenerse dispuesto a combatir para defender la patria.

Se conocen los hechos: los primeros disparos de los franceses sonaron en Saigón en un momento en que el poder popular no estaba todavía consolidado y en que teníamos dificultades considerables en todos los terrenos. Jamás habíamos tenido tantas tropas extranjeras en nuestro suelo: las tropas japonesas que, pese a su rendición, conservaban aún todo su armamento; en el norte, las tropas de Chiang Kai-shek, que ayudaban todo lo que podían al Kuomintang vietnamita a derrocar nuestro poder; en el sur, a partir del paralelo 16, las tropas británicas, que respaldaban seriamente a los franceses para extender la guerra de agresión.

Nuestro partido llevó resueltamente al pueblo del Nam Bo al combate. A fin de concentrar todas las fuerzas y enfrentarlas al enemigo esencial, preconizó, en el plano interior, la línea siguiente: más aliados, menos enemigos; ampliar el Frente Nacional Unido, fundar la Unión Nacional Vietnamita (en abreviatura Lien Viet)

Unir todas las fuerzas que pudiesen ser unidas, neutralizar todas las fuerzas que pudiesen ser neutralizadas, dividir todas las fuerzas que pudiesen ser divididas; al mismo tiempo hacer todo lo posible para consolidar el poder, desarrollar y reforzar el potencial militar, organizar las elecciones generales, elegir la Asamblea Constituyente, formar un gobierno de coalición para la resistencia. En el plano exterior, el partido preconizó la línea siguiente: aplicar por todos los medios una política amistosa hacia las tropas de Chiang Kaishek, evitar en la medida de lo posible todo conflicto con ellas.

En cuanto a los agresores franceses, el enemigo esencial, preconizó la política siguiente: de una parte, impulsar al ejército y al pueblo del Nam Bo a una resistencia feroz a las tropas agresoras; en el resto del país, orientar al pueblo a sostener sin reservas el Nam Bo, a enviar refuerzos al sur y prepararse activamente para la guerra de resistencia en caso de generalización de las hostilidades; por otra parte, no dejar pasar ninguna ocasión para aprovecharse de los antagonismos entre Chiang Kai-shek y Francia, emprender negociaciones con el gobierno francés para ganar tiempo y salvaguardar la paz.

El resultado positivo de esta línea política y de esta táctica justa fue la firma de la convención preliminar del 6 de marzo de 1946 entre nuestro gobierno y Francia. Por nuestra parte, aceptamos el estacionamiento de cierto contingente de fuerzas francesas en diversos puntos del Bac Bo para relevar allí a las tropas de Chiang Kai-shek; por su parte, el gobierno francés reconocía a la República Democrática del Vietnam como un Estado libre en el seno de la Unión Francesa, con su asamblea nacional, su ejército, sus finanzas, etc. Podíamos así arrojar fuera de nuestro territorio a los 200 000 hombres del ejército de Chiang Kai-shek. Más tarde, las tropas contrarrevolucionarias del Kuomintang vietnamita, que ocupaban todavía cinco provincias fronterizas en la región media del Bac Bo, fueron igualmente liquidadas. De esta forma, el régimen democrático popular se afirmaba.

Con la convención preliminar cumplíamos la consigna: “la paz para avanzar”. Inmediatamente después de su firma, las ilusiones de paz embotaron relativamente la vigilancia frente a las maniobras de los colonialistas.

Pero de una manera general la línea política de nuestro partido siguió siendo la misma: de un lado, darlo todo para consolidar la paz; de otro, dedicarse a reforzar nuestro potencial y prepararse a hacer frente a cualquier eventualidad; de un lado, respetar el acuerdo firmado; de otro, combatir resueltamente para defenderse en caso de que el enemigo torpedease la convención. Los propósitos del adversario se percibían cada vez más claramente. Cuantas más concesiones hacíamos, más exigían los colonialistas. Destrozaban la convención, continuaban realizando operaciones de limpieza en las regiones ocupadas del sur, cometían provocaciones y avanzaban paso a paso en diversas regiones, y hasta en Haifong y Hanoi. Se dedicaban con todas sus fuerzas a reconquistar nuestro país. Por ello, cuando no hubo ya ninguna posibilidad de mantener la paz, el partido llamó al pueblo a emprender la guerra de resistencia.

La realidad había mostrado al pueblo que nuestro partido y nuestro gobierno habían perseverado en su política de paz y que los franceses querían a toda costa reconquistar Vietnam; nuestro pueblo no tenía ya otro camino que un levantamiento en masa, con las armas en la mano, para defender a la patria. La realidad había mostrado al pueblo francés y a los pueblos del mundo amantes de la paz que nosotros aspirábamos a la paz y que los colonialistas querían a todo trance provocar la guerra; por ello, nuestra resistencia contaba cada vez más con la aprobación y el apoyo del propio pueblo francés y del mundo entero.

Nuestro partido actuó justamente al decidir lanzarse a la guerra de resistencia: respondía a las exigencias de las masas populares profundamente indignadas contra la agresión de los colonialistas. Por ello el ejército y el pueblo respondieron al llamamiento de resistencia del presidente Ho Chi Minh sin retroceder ante los sacrificios ni ante las privaciones, decididos a continuar la resistencia hasta el aniquilamiento de los agresores.

  • Durante toda la resistencia nuestro partido aplicó la línea de la revolución nacional democrática, lo que le permitió realizar una guerra popular y vencer.

La resistencia de nuestro pueblo era precisamente la continuación de la revolución nacional democrática bajo la forma de una lucha armada.

Por consiguiente, aplicar bien la línea de la revolución nacional democrática en la dirección de la resistencia era cuestión clave y decisiva.

Como hemos dicho anteriormente, Vietnam era un país colonial y semifeudal. Desde la Revolución de Agosto nuestra sociedad se había modificado profundamente. Aunque habían sido derrocados la dominación imperialista y el poder del rey y de los mandarines, agentes de los imperialistas y representantes de la fracción más reaccionaria de la clase de los terratenientes feudales, la clase terrateniente subsistía aún y el problema agrario sólo había sido resuelto parcialmente.

Las fuerzas de los colonialistas franceses volvían al país para hacer una guerra de agresión. La contradicción fundamental entre nuestra nación y el imperialismo reaparecía bajo una forma en extremo aguda. ¿Quién era el agresor? Los imperialistas franceses, sin duda alguna. Al comienzo, dada la participación de elementos progresistas en el gobierno francés, tácticamente teníamos que denunciar como enemigos a los ultracolonialistas franceses. Pero después, y sobre todo desde 1947, en que el gobierno francés llegó a ser claramente reaccionario, el agresor extranjero fue, sin ambigüedad posible, el imperialismo francés. Enemigo de toda nuestra nación, se aprestaba a hacer una guerra contra ella.

En esta coyuntura, el factor nacional desempeñaba un papel de primera importancia. Para batir a los franceses era necesario unir a la nación entera, concentrar a todas las clases revolucionarias, a todos los patriotas, consolidar y ampliar el Frente Nacional Unido. Nuestro partido obtuvo un gran éxito con su política de unión nacional. La consigna lanzada por el presidente Ho Chi Minh: “La unión, la gran unión para la victoria, la gran victoria”, se convirtió en una realidad sorprendente. El Frente Nacional Unido Antiimperialista de Vietnam es un ejemplo típico del más amplio Frente Nacional Unido en un país colonial.

Bajo la dirección del partido comunista, ia revolución de liberación nacional jamás se separó de la revolución democrática.

La tarea de la lucha antiimperialista, aunque era la más apremiante, marchó siempre a la par de la lucha antifeudal. A causa de la atrasada economía agrícola de nuestro país, los campesinos constituían la gran mayoría de la población.

Si desde el punto de vista revolucionario la clase obrera era la clase dirigente, el campesinado fuertemente antiimperialista y antifeudal era la fuerza principal. Por otra parte, nuestra resistencia debía proseguir, apoyándose en el campo para constituir sus bases, desatar la guerra de guerrillas a fin de aislar al enemigo en los centros urbanos y liberar finalmente las ciudades. La toma en consideración del problema campesino, del problema antifeudal era, por estas razones, de alta significación.

Durante la resistencia, ¿cómo resolvió nuestro partido el problema antifeudal a fin de alzar a las fuerzas campesinas? Durante la Revolución de Agosto, después de haber derribado el poder del rey y de los mandarines, castigamos a ciertos traidores, confiscamos sus tierras para distribuirlas entre los campesinos, y los dominios de los colonialistas fueron objeto de un reparto provisional. Después del regreso de los franceses y de su agresión, se produjo poco a poco una connivencia entre los imperialistas y la fracción más reaccionaria de los terratenientes feudales; la contradicción esencial en aquella sociedad era la que oponía el conjunto de nuestra nación y nuestro pueblo a los imperialistas franceses y sus agentes, los feudales reaccionarios. Lanzamos nuestra consigna primordial: aniquilar a los ultracolonialistas y a los traidores. Por ello, desde los primeros años de la resistencia, cierto número de terratenientes particularmente reaccionarios fueron castigados en el curso de operaciones destinadas a destruir a los colaboradores más importantes y a liquidar a los espías. Sus dominios, así como las tierras abandonadas por los propietarios ausentes, fueron a su vez distribuidos, o provisionalmente entregados a los campesinos. Así, en la práctica, la realización de la tarea antifeudal proseguía continuamente.

Sin embargo, en las ideas y en las medidas tomadas se notaba la influencia de nociones confusas, que se remontaban a 1941, sobre el contenido de la revolución de liberación nacional.

Esto llevó, durante los primeros años de la resistencia, a descuidar en cierta medida la tarea antifeudal y conceder a la cuestión campesina una atención que no correspondía a su importancia. Hasta 1949-1950 este problema no fue planteado claramente. En 1952-1953 nuestro partido preconizó la movilización de las masas por la reducción integral de las tasas de arriendo y la realización de la reforma agraria, aplicando la consigna: “La tierra para los que la trabajan.” Gracias a esas medidas, la combatividad de millones de campesinos fue poderosamente estimulada y reforzada la alianza de los obreros y los campesinos. El Frente Nacional Unido se fortalecía, se vigorizaban el poder y el ejército y las diversas actividades de la resistencia recibían un nuevo impulso. La reforma agraria, es cierto, estaba plagada de errores, pero éstos, cometidos esencialmente después del restablecimiento de la paz, no tuvieron ningún efecto sobre la resistencia. Conviene añadir que se procedió no solamente a la reforma agraria en el norte, sino también, a partir de 1951, al reparto de tierras a los campesinos en el Nam Bo.

La realización de la reforma agraria en el curso de la resistencia misma constituye una política justa del partido, una política de carácter creador.

Cuando las hostilidades se extendieron a todo el país, nuestro partido lanzó la consigna: Hacer una guerra de resistencia popular y total. Este es el contenido fundamental de la guerra popular. Este contenido se enriqueció cada vez más y se concretó en la práctica durante los años de resistencia, principalmente después del comienzo de la guerra de guerrillas y a partir del momento en que la cuestión campesina fue colocada en el lugar que le correspondía en el problema nacional.

Como la independencia y la tierra, objetivo político de nuestra resistencia, respondían a las aspiraciones fundamentales y profundas de las masas, todo nuestro pueblo se puso en pie de lucha. El presidente Ho Chi Minh lanzó su célebre llamamiento:

“Que todos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, sin distinción de creencias religiosas, convicciones políticas y nacionalidades, al solo nombre de Vietnam se levanten para combatir a los colonialistas y salvar a la patria.

Que los que tengan un fusil lo empuñen, que utilicen la espada los que la posean, que tomen picos o palas los que no tengan armas; que cada uno luche con todas sus fuerzas contra los colonialistas, por la salvación nacional.”

El pueblo vietnamita respondió al llamamiento del presidente Ho Chi Minh, millones de hombres y mujeres se levantaron y participaron en la resistencia contra el enemigo. Esta guerra popular, considerada desde el punto de vista de las fuerzas participantes, era esencialmente una guerra campesina; desde hacía mucho tiempo los campesinos de nuestro país combatían bajo las banderas de nuestro partido; se habían alzado durante la Revolución de Agosto para la conquista del poder y siguieron desempeñando un papel muy importante durante toda la resistencia.

En efecto, nuestra resistencia era una guerra popular. En el frente, el ejército combatía para aplastar al enemigo; en la retaguardia, el pueblo se esforzaba por aumentar la producción (el campesino en el campo y el obrero en la fábrica de armas) a fin de aprovisionar al ejército y servir al frente. Las fuerzas armadas populares estaban constituidas por el ejército regular y también por las tropas regionales, los guerrilleros y los francotiradores. Bajo la consigna de: “Todo el pueblo en armas”, cada habitante se convertía en un combatiente, cada aldea en una fortaleza, cada célula del partido y cada comité de resistencia en un estado mayor. Así ocurrió en la zona liberada y aun en la retaguardia enemiga.

La resistencia de nuestro pueblo se llevaba a cabo en todos los terrenos. No solamente en el aspecto militar, sino también en el político, el económico y el cultural. En el aspecto político, en el interior, era necesario educar y movilizar aún más al pueblo, reforzar constantemente la unión nacional, destruir todos los intentos del enemigo para dividir y engañar; en el exterior era preciso ganar la adhesión y el apoyo de los pueblos progresistas del mundo, y especialmente coordinar estrechamente nuestras actividades con la acción del pueblo francés y los pueblos de las colonias francesas contra la sucia guerra. (12) 

En el terreno económico debíamos crear a toda costa nuestra economía de resistencia, aumentar la producción, tratar de satisfacer nuestras necesidades por nosotros mismos a fin de proseguir una resistencia prolongada; al mismo tiempo había que sabotear la economía del enemigo, luchar contra sus planes tendientes a acumular todos los recursos humanos y materiales y a mantener la guerra por la guerra.

En el aspecto cultural, teníamos que desarrollar la educación, dándole un carácter de masas y elevando el sentido patriótico y el odio al enemigo; al mismo tiempo había que luchar activamente para barrer la influencia de la cultura oscurantista en las regiones liberadas, detener la difusión de la cultura decadente en las regiones ocupadas, destruir los argumentos de la contrapropaganda enemiga, mantener y reforzar la fe en la victoria y la determinación de continuar hasta el fin la resistencia.

Bajo la dirección del partido, el poder popular tenía un papel importante en la movilización de los recursos humanos y materiales para las necesidades de la resistencia. «Todo para el frente, todo para la victoria», fue la consigna de nuestro pueblo. Era la consigna de la guerra popular.

  • Nuestro partido adoptó una línea estratégica justa: una potente y prolongada resistencia, lograr la salvación por nuestros propios esfuerzos; y decidió un plan correcto de operaciones: la guerrilla, pasando progresivamente a la guerra de movimiento.

Al comenzar la resistencia, el partido hizo un análisis penetrante de los puntos fuertes y débiles de las partes beligerantes, de la correlación de fuerzas y de las intenciones estratégicas del adversario, a fin de acordar nuestra línea estratégica.

Respecto al enemigo, era un país imperialista que, aunque debilitado por la segunda Guerra Mundial, aún resultaba poderoso para Vietnam. Disponía además de un ejército profesional muy entrenado, equipado con armamentos modernos, bien aprovisionado y experimentado en las guerras de agresión. Su punto débil era el carácter injusto de la guerra, que provocaba la división en sus filas, la falta de apoyo popular y la repulsa de la opinión mundial. Sus tropas inicialmente eran fuertes, pero con moral muy baja.

Los imperialistas franceses tenían, también, sus debilidades y sus dificultades: recursos humanos y materiales limitados, viva oposición de su pueblo a la “sucia guerra”, etc.

Por lo que se refiere a nosotros, éramos un país colonial y semifeudal que acababa de recobrar su independencia, y desde todos los puntos de vista, nuestras fuerzas no estaban consolidadas: nuestra economía era agrícola y atrasada, teníamos un ejército de guerrilleros apenas entrenado, mal equipado, que tropezaba con grandes dificultades logísticas, encuadrado por hombres poco experimentados. Nuestra fortaleza se basaba en el carácter justo de la resistencia, que permitía unir a toda la nación, contar con el apoyo del pueblo y del ejército, dispuestos a todos los sacrificios y lograr la adhesión y el respaldo de los pueblos del mundo.

Esas eran las características esenciales del enemigo y las nuestras durante la última guerra de resistencia. De ello se desprende que los puntos fuertes del enemigo eran nuestros puntos débiles, y que igualmente nuestros puntos fuertes eran los débiles del enemigo, pero que mientras los puntos fuertes del enemigo eran temporales, los nuestros eran fundamentales.

De todas estas características se deduce que la estrategia enemiga se orientaba a una acción rápida para una decisión rápida. La prolongación eventual de la guerra le privaría progresivamente de sus puntos fuertes mientras agravaba cada vez más sus debilidades. Esta estrategia estaba en contradicción con el potencial limitado de los franceses, ya seriamente debilitado a consecuencia de la segunda gran guerra. Por ello, en la realización de su plan agresivo, el enemigo estaba obligado a combinar la fórmula de las acciones rápidas para una decisión rápida con incautaciones graduales y a veces hasta emprendiendo negociaciones para ganar el tiempo necesario para fortalecer su potencial.

Pese a todas las dificultades y obstáculos creados por sus propias debilidades, tan pronto le era posible reanudaba su plan de acción rápida para una decisión rápida, con la esperanza de poner fin a la guerra pronto y victoriosamente. Desde los primeros días del conflicto los franceses ambicionaban terminar la ocupación y la “pacificación” del Nam Bo en unas semanas.

Al no poder aniquilar nuestras fuerzas regulares en las ciudades, y después de la generalización de las hostilidades a todo el país, concentraron sus tropas y lanzaron una gran ofensiva contra el Viet Bac con el objetivo de destruir nuestros organismos de dirección y nuestras fuerzas regulares y lograr una victoria decisiva. Después del fracaso de esta ofensiva, se vieron obligados a prolongar la guerra y pasar a la “pacificación” de su retaguardia sin renunciar, sin embargo, a su plan estratégico de acciones rápidas para una decisión rápida. Mediante múltiples cambios en el alto mando, sobre todo con el envío a Indochina del general Navarre, pretendían asestar golpes decisivos que pusieran rápidamente fin a la guerra de agresión.

Consciente de los puntos fuertes y débiles del enemigo, así como de los propios, nuestro partido, para hacer frente a los propósitos estratégicos del adversario, preconizó como línea estratégica la resistencia prolongada: ante un enemigo temporalmente superior, nuestro pueblo no estaba en condiciones de emprender acciones rápidas para una decisión rápida: necesitaba tiempo para superar sus debilidades y agravar las del enemigo. Para lograr la victoria final necesitábamos tiempo a fin de movilizar, organizar y consolidar las fuerzas de la resistencia, desgastar las del enemigo, modificando poco a poco la correlación de fuerzas hasta lograr nosotros la superioridad, y aprovechándonos al mismo tiempo de los cambios internacionales cada vez más favorables.

NOTAS:

12 El pueblo francés conocía la guerra de Indochina como “la guerra sucia” (la sale guerre).

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 62-71.

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