Teoría y práctica de la revolución

Escuela de Sabidurías (24)

Por Gregorio Pérez Almeida

Advertencia pedagógica: Hoy la clase es “densa” y bancaria, así que si se fastidian, pueden abandonar el salón para ir al baño y no regresar… sin quitarse el tapabocas.

Teoría y práctica de la revolución

“El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento –aislado de la práctica- es un problema escolástico”.

Esta es la 2ª de las 11 tesis escritas por Karl Marx para explicar las diferencias entre su concepción materialista y revolucionaria de la historia y el materialismo contemplativo de Feuerbach.  La escribió en 1845 y hoy, 2020, no sólo está más vigente que nunca, sino que es un lugar común entre la gente de a pie que pone a prueba sus pensamientos días tras días para sobrevivir al capitalismo salvaje, sobre todo las mujeres venezolanas que llevan la responsabilidad de la organización y administración de la casa, díganme si hablamos de la comida…  

Cuando al pueblo le hacen una “oferta de cambio” o una fórmula teórica que le “salvará la vida”, pregunta ¿Y con qué se come eso?… En la Biblia, que tanto utilizaba Marx como referencia en sus análisis, dice Mateo: “Por sus frutos los conoceréis”. Y, más cercano a nuestra vida diaria, quienes cocinan saben que la verdad de una receta no está en el recetario, sino en el plato servido. Es decir que Marx sabía de lo que hablaba y dónde estaba la verdad de sus investigaciones teóricas… y Jenny, su esposa, sabía la verdad del repollo agrio y el strudel de manzana.

¿Por qué esta explicación si vamos a hablar del Che Guevara? Por varias razones. Una: hay que andarse con mucho cuidado con lo de los sustantivos abstractos y concretos y la conjugación de los verbos, porque este hombre se diferencia de los otros que hemos citado por dos rasgos: murió como vivió, de pie, luchando y con los ojos abiertos, intentando demostrar en la práctica la verdad de sus pensamientos y no en una cama rodeado de seres queridos y médicos como mueren generalmente las y los intelectuales.

Otra: sus escritos son reflexiones teóricas hechas al ritmo de la lucha a muerte contra el capitalismo y su forma imperialista de dominación (primero como guerrillero y luego como “alto funcionario” del gobierno revolucionario cubano) y no apuntes de clase o conferencias académicas. Aunque haya dirigido dos seminarios, uno de estadísticas y otro sobre El Capital, mientras estuvo en la Habana, el Che fue un revolucionario de acción.

¿Entonces, el Che no fue un “intelectual”? Nestor Kohan y Paco Ignacio Taibo II, indican que a los 16 o 17 años comenzó a escribir un diccionario filosófico que culminó en México como a los 27 años. Y Paco editó *“El cuaderno verde del Che”, una libreta que cargaba en el morral que llevaba en Bolivia, donde estaban copiados, de puño y letra, 69 poemas de cuatro poetas: Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén y León Felipe. Evidentemente, no fue un intelectual burgués porque su finalidad no era sólo comprender y explicar el mundo, sino transformarlo.

De manera que ese “mundo” en el que pensó y escribió teoría, era el mismo mundo que estaba cambiando con su práctica revolucionaria, en la que estaba comprometida no sólo su vida sino la del pueblo cubano, por eso sus estudios del marxismo no fueron para ostentar sabiduría en el mundo académico o político y acumular publicaciones, sino para orientar su práctica como revolucionario responsable de la revolución socialista cubana.

Nos dice Kohan que, “en su concepción teórico política, sus conceptos filosóficos, sus análisis sociológicos, sus métodos de lucha y sus planteos económicos forman un conjunto orgánico que pretende –y lo logra- ser coherente”, y dicha coherencia no está libre de tensiones porque el Che fue crítico, y se enfrentó al marxismo soviético.

Y volvemos sobre el rollo de la teoría y la práctica, porque sigue diciendo Kohan: “El che no se conforma, únicamente, con el tratamiento de las grandes cuestiones filosóficas, sin <ensuciarse> con el descenso a los problemas prácticos de la transición. Fue un pensador político pero también un estratega y un táctico”, por esto, cuando se enfrenta al marxismo soviético no sólo lo hace en la teoría sino en la práctica como ministro de industrias y quizá su frente de batalla principal fue el papel de la conciencia, es decir de la subjetividad individual y colectiva, de los trabajadores en la construcción del socialismo en Cuba, lo que llamó el “Hombre Nuevo”.

Cuba, América Latina, allí se encontraba su proyecto comunista y no en Hamburgo, París o New York, porque para el Che, “el socialismo marxista no era sólo una teoría universal sino también asunción específica de la problemática mundial desde una perspectiva no colonizada: la de una revolución anticapitalista del tercer mundo occidental”, afirma Kohan, “desde los derrotados y oprimidos, desde los que nunca tuvieron voz. Comprender y hacer la historia desde «Nuestra América”, hoy decimos desde y en el sur global.

El papel activo de la subjetividad en la transición al socialismo desde un país del “tercer mundo”, lo lleva a rechazar, en primer lugar, la idea rígida de que el camino al socialismo debía cumplir estrictamente unas etapas históricas, objetivas, a las que la subjetividad debía respetar ciegamente y adaptarse, y, en segundo lugar, a proponer que los incentivos morales a los trabajadores debían tener mayor peso que los incentivos materiales.

Esta propuesta obedecía a que el Che reconocía el carácter categórico de la espiritualidad humana en la superación del capitalismo y en la transformación socialista y, por ende, concebía la satisfacción de las “necesidades espirituales” como contrapeso decisivo de la satisfacción de las “necesidades materiales”: las primeras exigían bienes culturales y artísticos, las segundas bienes económicos, como el salario y otros incentivos institucionales y entre ambas debía existir un “desequilibrio estratégico”.

Y llegamos al meollo del tema: las necesidades humanas, pero la cosa se pone más densa y lo dejaremos para la próxima clase… Por cierto, el baño como que está bien lejos, porque estoy viendo que mucha gente no regresó

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *