Recuerdos de un 11 de septiembre y la conciencia histórica negativa

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

El 11 de septiembre resuena para muchos como uno de los días más oscuros en las luchas por la liberación de los pueblos latinoamericanos, referimos al golpe de Augusto Pinochet contra el gobierno popular y socialista de Salvador Allende. Probable y lamentablemente la mayoría de los diarios y noticieros hagan mención, el próximo viernes, solamente a los atentados ocurridos en Nueva York en 2001 (junto con las diarias cifras de contagiados y muertos por el covid-19), mientras que para recordar la tragedia vivida por el pueblo chileno en septiembre de 1973 se requiera una tarea específica de búsqueda. Hoy queremos reflexionar sobre el fuerte impacto que generó para el continente esa acción genocida.

Dicho de manera muy general, la conciencia histórica negativa es parte de la condición de posibilidad para sostener el coloniaje que subyuga a nuestros pueblos. Ésta conciencia histórica negativa se expresa con carácter totalizador por medio de una valorización de lo europeo y norteamericano, lo blanco y lo cristiano; por sobre, lo indígena, lo africano, lo mágico, en fin los componentes no europeos de nuestra cultura. Para atacar está conciencia se requiere del esfuerzo por develar y producir narraciones históricas que valoren la presencia popular, lo que Zavaleta llamaría algo así como “construir el relato de la nación fáctica”, donde esté representado el conjunto de los sectores populares como actores claves del devenir de las naciones. Esto lo entendemos cuando vemos el dato básico de lo social en su historicidad, como parte de la disputa de poder.

Ahora bien, a que viene la anterior generalización, pues esta tiene el sentido de alegar por la disputa que en todos los planos de la conciencia social debemos sostener como componentes del proceso de transformación de la realidad injusta en la cual vivimos en nuestros pueblos. Es indudable que después del 11 de septiembre de 2001 se tendió sobre el mundo un monstruoso entramado de acciones y discursos para justificar la intervención directa del imperialismo sobre los pueblos; no obstante, queremos recordar que tras el golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno de La Unidad Popular se ensayaron y consolidaron dispositivos represivos-económicos que tuvieron un fuerte impacto sobre la región.

Pensando con René Zavaleta, retomamos la secuencia de disolución de las experiencias democráticas que se dieron en el continente durante la década de los sesenta y setenta. Entre 1963 a 1965 ocurren golpes de Estado o desplazamientos forzados de los gobiernos populares de Juan Bosch en República Dominicana, Carlos Arosemena en Ecuador, Joao Goulart en Brasil, Víctor Paz Estenssoro en Bolivia y Arturo Ilia en la Argentina, situaciones que fueron claramente provocadas desde el centro hacia la periferia. Estos gobiernos coincidían en su origen producto de procesos electorales y su distanciamiento, e incluso oposición, con la presión norteamericana para propiciar la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno socialista cubano. Vemos como la decisión política desde el centro (el imperialismo norteamericano) da cuenta de la capacidad de producir resultados homólogos en diferentes países, al promover especies de castigos en busca de ejemplarizar.

En un segundo momento, a los inicios de la década de los setenta se da la instalación de gobiernos militares en el cono sur tras el derrocamiento, en su mayoría, de gobiernos en el marco de democracias representativas con auge de participación popular. Podemos decir que la primera víctima fue el gobierno popular o de izquierda nacional de Juan José Torres en Bolivia, el cual fue derrocado en 1971 por Hugo Banzer; luego en junio de 1973, Juan María Bordaberry, quien ejercía la presidencia del Uruguay, disolvió las Cámaras de senadores y representantes para instalarse como dictador con el apoyo de las fuerzas armadas; en septiembre un golpe militar encabezado por la fuerza de Carabineros pone fin al gobierno de Salvador Allende; y finalmente el golpe militar en 1976 contra el segundo peronismo. Es importante destacar que estos golpes de Estado se dan en un marco de auge en la movilización y participación popular, lo que en palabras de Zavaleta describe procesos en que  “… la autonomía democrática de las masas adquiriera en lo previo una desenvoltura y un volumen más extensos que el marco democrático representativo previo, o sea que se tratara del arrasamiento de la institución democrática por el auge democrático de la multitud” (Zavaleta, 2009). Éste ciclo de golpes de Estado refleja una profundización mayor de la política desde el centro, toma un sentido más orgánico y estructural, instala un modelo político homológico para la implantación de un modelo económico.

Acá vuelvo a lo dicho párrafos atrás, ya que entre todos esos golpes el de Chile constituyó el de mayor éxito para la expansión del neoliberalismo en la región, presentándose como modelo, al tiempo que se justificaba en baja voz por su aparente “efectividad y logros económicos”. Los elementos esenciales que se instalaron en Chile tras el golpe se basan en: 

  1. Remplazar, con la represión por supuesto, las formas organizativas existentes en la sociedad civil, para sustituirlas por formas de relación grupal de tipo corporativas.
  2. La estrategia económica es basada en la ortodoxia del sistema mundial, nada que esté fuera de él es presentado como racional, la transnacionalización de la producción es la contracara positiva de la lógica nacional. La lógica de la inserción al sistema mundial es más importante que la lógica de la inclusión de los sectores sociales nacionales a la producción; “El maniqueísmo de la “bipolaridad” del mundo conduce al anhelo de estar comprometido o inserto de la más profunda manera con el centro, que en este caso no es sólo dominante sino también hegemónico (ésta es la razón del satélite privilegiado), consecuencia explicable del grado de seducción del desarrollo tecnológico-económico obtenido por la potencia culminante” (Zavaleta, 2009).
  3. La doctrina de la seguridad nacional y el enemigo interno, es la ideología oficial manifiesta.
  4. La represión se dirige a la resistencia verificable en los momentos iniciales, luego se instala un horizonte de referencias de carácter negativo.

Estos elementos constituyeron el soporte para la expansión progresiva del neoliberalismo en el continente, configurándose y reconfigurándose de acuerdo a las dinámicas nacionales. La dictadura impuesta en Chile a partir de 1973,  representó una forma clásica de gobierno vertical-autoritario que logró su permanencia incluso más allá de la salida de Pinochet del gobierno, tomando oxigeno por medio de la reconfiguración en una democracia representativa después de un largo proceso de afianzamiento de la conciencia histórica negativa. Por fortuna Chile sigue siendo parte de nuestras sociedades abigarradas y las historias inmaculadas siempre son apariencia en nuestramérica, como lo muestran las manifestaciones populares iniciadas el año pasado en Santiago, “se abren las grandes alamedas”.

Trabajos citados

Zavaleta, R. (2009). Problemas de la determinación dependiente y la forma primordial. En: La autodeterminación de las masas. Bogotá: Siglo del Hombre y Clacso.

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