Bolívar, las dialécticas de las dificultades de hoy

Por Miguel Ernesto Salazar

Bolívar. Acción y utopía del hombre de las dificultades”, es una obra escrita por el historiador e intelectual venezolano, Miguel Acosta Saignes. Son de esos libros que no deben de faltar en una biblioteca para completar cualquier análisis sobre la vida del Libertador Simón Bolívar. Acosta Saignes realiza una interpretación dialéctica del proceso independentista y de la personalidad de ese hombre “común y corriente”, del que menciona Páez en su autobiografía o de aquel descrito por José de San Martin como “el hombre más asombroso que haya producido la América del Sur”.

Acosta Saignes, en el último pasaje de su obra, precisa los acontecimientos que han marcado al Libertador Simón Bolívar durante el quinquenio (1825-1830). Estos últimos años son plasmados por el historiador como un mar de profundas contradicciones en las fuerzas patriotas de cara a la conformación del gran proyecto Bolivariano, Colombia, proyecto de integración que buscaba la edificación de una nación poderosa.

La expulsión del imperio español de los territorios del sur, significo la titánica tarea de tejer un conjunto de alianzas entre los diversos actores sociales que protagonizaban la lucha por el control del territorio. Un fragmento de este capítulo recoge estas contradicciones surgidas en las naciones que hicieron parte del proceso emancipador una vez expulsado el enemigo español: “Los criollos peruanos se sintieron desconfiados del ejército traslativo de Bolívar, que podría llegar a representar ambiciones de los mantuanos venezolanos; estos no estuvieron contentos con que se legislase desde Bogotá sobre producción, comercio, aduanas, empréstitos, deudas, diplomacia, divisiones territoriales y, precavidos y pragmáticos,…”. Otras diferencias existentes, como las lingüísticas o las geográficas se le sumaban las nacidas entre las clases sociales protagonistas de la gesta independentista. Otro fragmento de este capítulo da cuenta de ello: “Las grandes contradicciones de la producción y su disfrute; del poder compartido entre criollos, militares y eclesiásticos; de las rivalidades entre las antiguas castas, igualadas en los campos de la lanza y el caballo; de la desconfianza entre las antiguas provincias coloniales, se reflejaban en actitudes personales de envidias, calumnias, odios, inquinas, maquinaciones, alzamientos, intentos de asesinatos, muertes violentas, agresividad general”. Bolívar enfrentaba a todos los demonios, como el Quijote contra los molinos de viento, en su intento por concretar la utopía Bolivariana.

A casi doscientos años después le tocaba a Hugo Chávez navegar en el mar de las contradicciones al llegar al poder por la vía electoral en el año 98. Amenazas y dificultades confronto de inmediato el nuevo proyecto que colocaba el ideario bolivariano como base para la conquista política del poder y la ruta trazada para concretar la independencia plena, materia pendiente desde la desaparición física que aquel hombre de aspecto “apacible” cuando estaba de buen humor pero “terrible cuando estaba irritado”, según lo recordaba el fiel O’Leary.

Hugo Chávez logro la ruptura con el viejo orden político y militar, contraponiéndole una nueva doctrina política y en paralelo una nueva doctrina militar, hoy fusionada sobre solidos pilares. En esta primera etapa, el miquelenismo, calcando el modelo santanderista en el sentido más estricto del oportunismo buscó avanzar subestimando la capacidad política del Comandante del 4F formado en las líneas y las ideas de Bolívar. Ante el plan truncado, este sector oportunista, aliado a sectores conservadores de la burguesía, respondieron con un golpe y un paro petrolero. Derrotadas las conjuras, Chávez se convirtió en una potente fuerza que levanto la utopía Bolivariana de la integración latinoamericana, el ALBA, UNASUR y la CELAC, fueron muestras de ello.

Hoy, Nicolás Maduro afronta a los demonios desatados entre quienes insisten hacerse del control político, elevando a Santander como bandera. Los enemigos no solo están en territorio venezolano, desde Bogotá, la vieja clase sandanteriana apoyada como siempre por Washington busca servir de tenaza junto al Brasil que levanta Bolsonaro para aniquilar la idea Bolivariana. Ante la ausencia de oposición ocupando la escena que le corresponde, las contradicciones afloran a lo interno de los sectores que han protagonizado la lucha por el poder durante estos últimos 20 años. Nuevas alianzas surgen entre estos sectores, facciones de la oposición y factores de la burguesía importadora y financiera que pujan por la recomposición en Venezuela de la “Restauración Conservadora”, esparcida cual pandemia por el continente americano.

Para hacer frente al avance de la “Restauración Conservadora”, tanto en el plano interno como externo, Nicolás Maduro, en medio de la lucha contra el COVID-19, de cara a un nuevo proceso electoral, orienta al PSUV a que mantenga la maquinaria en la calle, bajo las medidas extremas de prevención, es en esta, donde se buscan las respuestas y salidas a la crisis, tal como Bolívar lo planteo para salir al paso a la conjura de Santander. El Partido cabalga las dificultades, con la calle como escenario de batalla. Nicolás no está solo, tiene en la dialéctica su principal instrumento para enfrentar los cambios constantes y de renovación que el propio proceso revolucionario se va dando y en algunos casos lo van forzando.  Al Presidente Constitucional de Venezuela y Presidente del PSUV, la historia le ha encomendado hacer frente a los planes del Gobierno de los Estados Unidos.              

El gran objetivo estratégico de Washington sigue siendo aniquilar al Chavismo, tal como en el pasado, cuando Monroe fijaba la política exterior; disminuir a un simple personaje histórico a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco. Para ello varias luminarias de la intelectualidad americana son empleados para erigirse como los sepultureros del Libertador. Para ello desempolvan a la vieja “Sociedad Socrata Parlamental”, cuyos miembros como Luis Vargas Tejada o un Pedro Azuero, disminuían la figura de Bolívar a la de un mero “tirano”, desprovisto de los elementos políticos necesarios para hacer frente a las adversidades y ponerse al frente del Gobierno. En nuestro país, en el ahora, el “think tank” del partido terrorista, Voluntad Popular, Elías Pino Iturrieta no se inmuta en afirmar que “Venezuela debe terminar de enterrar a Bolívar”. Pino Iturrieta, historiador tarifado por intereses contrarios al ideal bolivariano sirve de esta manera a la política exterior de Washington para América Latina encarnada en la Doctrina Monroe, el “América para los americanos” del siglo XXI.

Y esta es una de las contradicciones antagónicas contra la cual a diario se debate nuestro devenir. El ideal Bolivariano del Congreso Anfictiónico de Panamá contra el ideario americano de Monroe. La condición anti-imperialista de Bolívar, personajes como Iturrieta, los Vargas Tajada y los Azuero de hoy, tratan de borrarla de la memoria colectiva no solo del venezolano si del latinoamericano que permita justificar la alianza nueva  de la “Restauración Conservadora” con Washington. Esta nueva historiografía reconstruye el nuevo pensamiento fascista que sirve de base para la disputa del poder, justificando el colonialismo y el desmembramiento del territorio, nacional y regional. Nos es casual enaltecer a Santander por un lado del continente mientras desde Washington, Donald Trump en plena campaña electoral busca defender el legado de los confederados inscritos en placas de acero a la entrada de alguna guarnición militar gringa o hacer frente al derribe de las estatuas confederadas a lo largo de los Estados Unidos de manos del pueblo.

La entrega de Citgo a los corporaciones petroleros estadounidenses por Juan Guaidó, que por todos los medios tratan de silenciar o la desaparición de UNASUR alentada por la “Restauración Conservadora” para abrir paso a su proyecto excluyente y entreguista, como lo es PROSUR, son dos ejemplos más de lo que pretenden contrabandearnos entre frases extraídas con pinzas del ideario bolivariano. Y aquí enfrentamos otro peligro.

¿Es posible que la “Restauración Conservadora” en el continente y su capítulo en Venezuela que gravita en la violencia, reclame a Bolívar como símbolo que unifique la lucha de esta por despojar del poder al Chavismo?

Recordando un fragmento de la obra del fallecido poeta e intelectual cubano Roberto Fernández Retamar, “Pensamiento de nuestra América. Autorreflexiones y propuestas”, nos llega a pensar que tal amenaza es posible, “Yo diría que los neomantuanos (es decir, los conservadores) tienen algún derecho a reclamarlo, pero sólo a un pedacito suyo. A Bolívar lo reclamamos sobre todo los revolucionarios (…) Hay etapas en el pensamiento de Bolívar que se corresponden con lo que va viviendo históricamente (…)”.

La Guerra por la independencia va moldeando el pensamiento del Libertador, la Carta de Jamaica, el Discurso de Angostura o el Decreto de Guerra a Muerte, lo van configurando y apartándolo del mantuanaje. Pero no resulta descabellado que este mantuanaje del siglo XXI pretenda llevarse consigo de nuevo la imagen del Libertador confiscándola para colocarla en pedestal como hicieron durante años, apartando y desproveyendo al ideal bolivariano de su principal valor histórico de ayer, de hoy y de siempre, la fuerza del pueblo. Un pasaje de un escrito de Luis Brito García muestra lo titánico que resultaría para los enemigos de Bolívar de hoy completar su misión de reducirlo a un mero personaje histórico de cualquier página de cualquier libro: “Exigente empresa es hoy odiar a Bolívar. Advirtió Neruda que “estás en la tierra, en el agua, en el aire de toda nuestra extensa latitud silenciosa”. Añadió que: “todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:/tu apellido la caña levanta a la dulzura,/ el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,/ el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,/la patata, el salitre, las sombras especiales,/las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,/todo lo nuestro viene de tu vida apagada,/ tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,/ tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre”. Bolívar es ese legado titánico. ¿Cómo borrar a quien está en todo y es todo? A ver quién nos deshereda”.

En la gesta del Libertador Simón Bolívar levantada de los recuerdos por Hugo Chávez están las respuestas para continuar la ruta hacia la conquista de la Independencia Plena. Toca al primer presidente del Chavismo, un profundo Bolivariano como Nicolás Maduro izar las banderas del ideal bolivariano repotenciadas con la obra de Chávez. Los enemigos de Bolívar son los que no quieren la Independencia.

Nicolás ¡Independencia o Nada! , es la consigna Bolivariana. Avanzar sin dilación para complementar su legado, nuestra misión.

@salazarerespia

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