Escuela de Sabidurías (6 y pico)

Por Gregorio Pérez Almeida

Continuamos escuchando la explicación de Leudaris Araujo…

Wopú jepiramúin (camino a jepirra), es el camino que deben recorrer los muertos y al que estamos conectados desde que estamos en el vientre de nuestra madre.

Annero´utyawa (cacho del ovejo), se refiere a la devoción, al trato y fortaleza con la que la mujer wayuu cuida a su familia.

Nuchonyuu juya (hijos de la lluvia), recuerda la hermandad entre todos.

Shiliwala (constelación), elemento de la naturaleza que sirve para medir el tiempo.

Susii wunnun (flor del árbol), simboliza el milagro de traer hijos al mundo.

Jeyuuyaa (forma de hormiga), símbolo de orden y tenacidad.

Súta molookona (caparazón de tortuga), no es más que la virtud de la paciencia.

Shia juya (relámpago), mujer que deslumbra ante los demás.

Wopu sumalaa (caminos y jagüeyes), como elemento de vital importancia en las comunidades indígenas.

Oshokonojushi (representa la flexibilidad de la mujer wayuu ante la razón)

“En la actualidad vemos como hombres y mujeres sin distingo de edades se maquillan de forma diferente imitando a un súper héroe y sin mostrar ningún respeto a la naturaleza, por ello es importante que en las casas y escuelas, nuestros niños, niñas, jóvenes, adultos y docentes atavíen sus rostros con diseños propios de su identidad cultural y realcen sus fortalezas y virtudes de ser wayuu. Así pues, conocer su espacio de producción de vida social y simbólica que contribuyan a la transformación de una escuela liberadora y emancipadora en fortalecimiento de las raíces de los pueblos indígenas”.

Para finalizar este primer encuentro con voces wayuu, considero importante que leamos unas reflexiones de Maribel Ypuana que precisan aún más la complejidad de ciertos conceptos e ideas de su cultura en tiempo real, es decir, en su lugar de enunciación:

“Tengo mi opinión respecto a nombrar en un escrito sobre los saberes ancestrales a Dios, son huellas que se mantienen de la religión, siguen siendo creencias occidentalizadas que seguimos utilizando por la misma educación que hemos recibido. No puedo negar que algunas veces pido o doy gracias al dios de los alijuna, porque crecí en medio de la religión católica, y también le hablo y le pido a mis ancestros que me cuiden y protejan con la educación que recibí de mi abuela,  es una liga de la religión y nuestros antepasados.

En cuanto a nuestros maquillajes como mujer wayuu, cada símbolo o signo tiene un significado y representación, depende de qué parte del territorio es y la educación que recibimos, si fue bajo una educación propia o alijunizada. Otra observación que quiero hacer: en territorio wayuu no hay montañas sino serranías, donde lo único que conseguimos en tiempos de lluvia son cujíes y cactus.

Respeto a la sabiduría de cada hermano wayuu y el significado que le damos a cada cosa, depende de en qué territorio está, la alta, media o baja guajira. Esto se combina con las variantes del idioma, ejemplos: En la alta guajira el clan Jusayu lo representa wuuyaliwa (el mapurite), pero si los Jusayu son de la media guajira ellos dicen que lo representa kasiwanou (la culebra). Lo sé, porque mi mamá es de la alta guajira y mi papá es de la media guajira, gracias a ellos entiendo mucho la ubicación del territorio y su contexto”.

Aunque falta escuchar las voces de otros pueblos indígenas de Venezuela, lo que hemos leído hasta aquí, me sirve para decir algunas cosas que ayudan a construir la justificación y fundamentación de la Escuela de Sabidurías.

De lo leído y escuchado quiero resaltar un aspecto que considero fundamental para iniciar la reflexión decolonial desde nuestra racionalidad occidentalizada. Se ha dicho que en el idioma wayuunaiki no existen ni el verbo “amar” ni el concepto “humano”, lo que nos indica varias cosas:

1ª) Su idioma no tiene raíces griegas ni latinas como el español y si aceptamos que una lengua expresa y constituye el mundo de vida de un pueblo, entonces deben tener otras voces, otros gestos que expresen los afectos, la atracción sexual, las emociones, etc., que construyen la estructura inmaterial de la comunidad y la hacen permanecer en el tiempo, eso que llamamos “identidad cultural”;

2ª) Si las raíces materiales del idioma son otras, también otras son la lógicas que rigen la racionalidad de su vida. La occidental es una lógica dualista (lo que llaman “dualismo ontológico”, recuerden a Descartes) en la que todo está dividido en pares jerarquizados: alma / cuerpo; hombre / naturaleza; vida / muerte; seres animados / cosas inanimadas; hombre / mujer; amor / odio; bonito / feo; presente / pasado; yo-nosotros / los otros; blancos / no blancos, etc. Hagan la prueba, encuentren un par que no esté jerarquizado. Como escuchamos, el pueblo wayuu tiene una “ontología” no dualista en la que todo existe en el torrente de la vida (su cosmogonía) y tiene un lugar determinado por su función en el sostenimiento de dicho torrente, pero no está en un orden jerarquizado, sino en una continuidad generacional que comienza con la Tierra y la Lluvia, luego el cerro, los arbustos, las piedras, el barro, el luna, la sol, el viento, los animales, hasta llegar a la generación de los wayuu. (CONTINUARÉ EN LA PRÓXIMA CLASE)

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