Sobre la crisis mundial

Por César Villalona (*)

  1. Contexto económico general

El mundo atraviesa por una de las crisis económicas más profundas de los últimos 100 años, la cual se expresa en una caída de la producción, del comercio, del consumo, de la ganancia empresarial y de la inversión pública y privada. Como resultado de la crisis, aumentan el desempleo y la pobreza.

A diferencia de la crisis de 2008-2009, que afectó principalmente a Estados Unidos y las naciones europeas, la crisis actual es prácticamente planetaria. El Banco Mundial, el FMI, el INCAE y otros organismos internacionales proyectan para este año una caída del PIB mundial de entre -3% y -6%, datos incluso conservadores. La OMC pronostica una baja del comercio mundial de entre -13% y -32% en 2020.

Se estima que la economía de Estados Unidos, la más grande del mundo, con el 24% del PIB planetario (a precios corrientes), caerá -6%, y que el PIB de la Unión Europa, que representa el 21% de la producción mundial, bajará entre el -5% y el -12%. Esos datos pueden empeorar si el confinamiento por el COVID-19 se prolonga demasiado.

La gravedad de la crisis de cada país dependerá de sus fortalezas y debilidades en variables estratégicas como productividad, infraestructura, estabilidad monetaria y de precios, nivel de reservas monetarias, inserción en el mercado internacional, educación, salud, pobreza, entre otras. También influirá el grado de afectación de la pandemia y la política económica y social que apliquen los Gobiernos.

Mientras la mayoría de los países experimentan un desplome económico y un deterioro de las condiciones de vida de su población, el FMI estima que la economía de la India, la quinta más grande del mundo, crecerá 1.9%, y la de China, la segunda en el PIB y la que más exporta, crecerá 1.2%. Aunque esas estadísticas pueden ir cambiado, en el peor de los casos ambos países podrían terminar estancados o con una caída leve, muy inferior a la de Estados Unidos y Europa.

  • Sectores económicos más afectados a escala mundial
  • Industria

La industria aeroespacial perderá alrededor de 115,000 millones de dólares. Ya hay muchas quiebras y fusiones (Avianca, por ejemplo). Las empresas grandes absorberán a las más débiles.

La industria automotriz tiene una caída severa,  pues la demanda bajará 50%. Esa rama tiene un peso importante en las economías más industrializadas.

La industria farmacéutica ya está teniendo un descenso, pues aunque la demanda crece, las restricciones para importar materias primas, por el descenso del comercio mundial, afecta las cadenas de suministro y la producción.

La industria petrolera muestra ya un daño fuerte, por la baja de la demanda y de los precios internacionales. Sin embargo, como se trata de una materia prima estratégica, se espera una cierta recuperación para el año 2021.

La rama de la construcción registra una caída de ingresos de 67%. Muchos proyectos están paralizados y muchas inversiones programadas se han postergado. Este sector es de los que tiene más encadenamientos productivos, pues demanda recursos de muchas áreas económicas.

La agroindustria alimentaria se beneficiará del incremento de precios, por la desviación del consumo hacia los bienes esenciales. Pero ese cambio afectará la producción de bienes no esenciales, como las flores y otros que son importantes en algunas economías dependientes, donde incluso forman parte de los rubros exportación.

  • Comercio y servicios

Además de la baja del comercio mundial, en la mayoría de los países también disminuye el comercio interno como resultado de la reducción del consumo. La rama de turismo y hotelería caerá 30%. Las actividades culturales y de entretenimiento son muy afectadas. Hay cierres masivos de restaurantes debido al descenso del consumo y a problemas de liquidez.

El sistema bancario aumentó su cartera en riesgo, pierde rentabilidad y entrará en un proceso de fusiones que fortalecerá a los mayores capitales, sobre todo los que están asociados a industrias, comercios y otras ramas económicas.

Los centros educativos públicos y privados han perdido mucho ingreso, por disminución del año escolar y las dificultades de los Estados para subsidiarlos. Tiende a crecer la educación virtual.

Los sistemas de salud han colapsado en muchos países del mundo. El enorme crecimiento de los casos de COVID.19 ha provocado la desatención de otros tipos de enfermedades.

Las finanzas públicas se están deteriorando en la mayoría de los países, pues el descenso de la actividad económica afecta la recaudación tributaria. Para las economías más débiles y dependientes, el deterioro de sus sistemas impositivos afecta en gran medida la inversión pública y complica el pago de la deuda externa e interna, con consecuencias negativas para sus propias economías y para la banca nacional e internacional. A esto se le suma el encarecimiento de la deuda y la salida de capitales, que ya se estima en 100,000 millones de dólares debido a la mala percepción de riesgo.

Habrá algunas renegociaciones de deuda, pero sin mucho alcance, porque el sistema financiero mundial, incluyendo el multilateral, también es golpeado  por la crisis.

  • América Latina y  el Caribe

La CEPAL estima una caída del PIB de -5.3% y una baja de -15% en las exportaciones. Los mayores descensos de la producción se darían en Venezuela, México, Ecuador, Argentina, Brasil y algunas naciones del Caribe. El desempleo aumentaría 10% y 35 millones de personas caerían en la pobreza (5.6%), 23 millones en pobreza extrema.

Tres fuentes generadoras de divisas están seriamente afectadas: las exportaciones de bienes y servicios, la inversión extranjera y las remesas familiares, que tienen un peso importante en México, Centroamérica y algunos países del Caribe. La menor disponibilidad de divisas afectará las importaciones, las reservas monetarias y los tipos de cambio. Donde haya fuertes devaluaciones se desatarán procesos inflacionarios.

  • Sectores sociales más afectados

La crisis golpea a muchos grupos sociales, pero su mayor impacto recae sobre los más vulnerables, que son los de menos ingresos y los que trabajan en sectores económicos muy afectados por la crisis. Esos sectores son:

  • Población de tercera edad, mujeres, niños y niñas, sobre todo en condición de pobreza
  • Población desempleada
  • Trabajadores y trabajadoras por cuenta propia. Este sector, que labora en la informalidad, es muy grande en la mayoría de los países de Latinoamérica.
  • Familias campesinas
  • Personas dueñas de micros, pequeñas y medianas empresas
  • Capas medias: empleados y empleadas estatales, profesionales

Millones de personas con esas condiciones están siendo empujadas hacia la pobreza.

  • Centralización del capital

En todas las crisis capitalistas, sobre todo las que son muy severas y prolongadas, las empresas de mayor tamaño absorben a las más débiles. Ese proceso tiene fuerza de ley. Y esta vez no será la excepción. El resultado de ese proceso será el fortalecimiento de los monopolios y oligopolios mundiales en los distintos países. Ya está pasando con las empresas de aviación, pero lo mismo ocurrirá en muchas ramas industriales, agropecuarias y de servicios, sobre todo las comerciales y financieras. La riqueza tenderá a concentrase más.

En los países donde gobiernan fuerzas de izquierda o progresistas puede ser que la centralización sea menor, por la naturaleza de la política económica, que tiende a fortalecer a los Estados y a redistribuir el ingreso en favor de los sectores de menos recursos. Pero será inevitable que en algunas esferas privadas haya fusiones de empresas.

  • La crisis de hegemonía

Un resultado muy importante de la actual crisis coyuntural es la agudización de la crisis de hegemonía ocasionada por el paulatino retroceso de Estados Unidos como primera potencia económica, política y militar del mundo.

El mundo unipolar, surgido tras el colapso del llamado campo socialista europeo y sustentado en el poder hegemónico de Estados Unidos, ya no existe. El enorme avance de China, la India y Rusia y el empantanamiento de Estados Unidos en sus guerras en Asia, fueron creando un mundo cada vez más multipolar, donde los poderes tradicionales ya no lo deciden todo. Estados Unidos es la primera potencia a escala planetaria, pero su estructura económica declina y su peso político no es el de 1991, cuando era casi el único centro de poder mundial.

La economía de Estados Unidos retrocede ante sus principales competidores. Muchas variables lo demuestran, sobre todo el menor peso en la producción y el comercio internacional, la situación financiera negativa, el excesivo endeudamiento, el paulatino desplazamiento de su moneda y la carencia de energía.

Para 1945, Estados Unidos generaba el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y en 1948 tenía casi el 22% de las exportaciones mundiales de bienes. Como el sistema monetario internacional depende de la estructura productiva mundial, el país con mayor peso en la producción y las exportaciones impone su moneda como patrón de cambio, pues en la medida en que sus mercancías son las más demandadas su moneda es la más solicitada. Por eso Estados Unidos impuso el dólar como moneda internacional.

Al cerrar el siglo veinte (año 2000), la economía de Estados Unidos generaba el 31% del PIB mundial; en 2005 aportaba el 27.7% y para 2019 cerró con el 24% (cuadro 1). Sigue siendo la mayor, pero su peso en la economía mundial se redujo mucho. En sentido inverso, el aporte de China en esos años pasó de 3.7% a 5% y a 16%. China ocupa el segundo lugar en el PIB planetario. El PIB nominal de China creció 530% entre 2005 y 2019, al pasar de 2,257 miles de millones de dólares a 14,216 miles de millones (cifra estimada). En esos años, China superó a Alemania y Japón y se convirtió en la segunda economía del mundo, solo superada por la de Estados Unidos, cuyo PIB aumentó 70%, de 12,580 miles de millones en 2005 a 21,344 en 2019.

Cuadro 1

Participación en el PIB nominal por países (año 2019)

Pos. País Participación en PIB mundial
1 Estados Unidos 24.0%
2 China 16.0%
3 Japón 6.0%
4 Alemania 4.5%
5 India 3.4%
6 Reino Unido 3.2%
7 Francia 3.2%
8 Italia 2.3%
9 Brasil 2.2%
10 Canadá 2.0%
11 Subtotal 63.6%
12 Resto del Mundo 36.4%
    Total   100.0

Fuente: Fondo Monetario Internacional, según reporte World Economic

Outlook Databases 2019. Consultado el 25 de junio de 2019

Este año, el PIB de Estados Unidos, que tendrá una fuerte caída, cerrará en alrededor del 23% del PIB mundial; el de China, aun si se estancara, pasaría del 16 a cerca del 18%, pues el PIB mundial será menor. La brecha entre ambas economías se cerrará. Y China es la primera potencia exportadora, con el 13% del total, frente a un 10% de Estados Unidos, que ocupa el segundo lugar.

En la medida en que la economía de Estados Unidos disminuye su peso en la producción y las exportaciones mundiales, el dólar se debilita como moneda de intercambio y de reserva internacional. Las implicaciones de ese hecho para Estados Unidos y para la economía del mundo son muy importantes.

Aunque el dólar estadounidense sigue siendo la principal moneda de reserva global, con el 33% de los valores en divisas extranjeras, ha perdido terreno porque en el año 2000 representaba el 55%. Cerca del 40% de las transacciones comerciales del mundo no se realizan en dólares. Además, China y otras economías importantes se están deshaciendo del dólar en su comercio internacional. La economía mundial tiende a desdolarizarse.

Si China y otros países con economías grandes decidieran no cobrar en dólares por sus exportaciones a Estados Unidos, sino en otras monedas, si en su comercio con Estados Unidos pidieran euro, yen (moneda de Japón), renminbi (moneda china) o cualquier otra moneda dura, ese país no podría seguir emitiendo dólares sin respaldo para comprar excesivamente en el mundo; tendría que ajustar sus compras a su disponibilidad de otras monedas, las cuales prácticamente no posee porque su saldo comercial con Norteamérica, Europa y Asia es negativo. El resultado sería una caída de las importaciones norteamericanas, la quiebra de muchas empresas comerciales y bancarias y el descenso de una parte de su aparato productivo. El desempleo crecería y la economía disminuiría su tamaño.

Para las empresas transnacionales, el cambio mundial de moneda no sería traumático, dado su carácter internacional y sus estructuras monopólicas y oligopólicas. Esas empresas operan a escala casi planetaria y articulan las redes productivas, financieras y comerciales de los bienes y servicios que controlan. Sin embargo, en el mundo no solo hay monopolios. Buena parte de las estructuras económicas de los países, si bien están vinculadas al mercado mundial (sobre todo por la vía comercial y financiera), son vulnerables a decisiones políticas internas e internacionales.

Si el dólar fuese sustituido como moneda mundial, disminuiría la capacidad de importación de las empresas de Estados Unidos debido a la falta de recursos para financiar las compras externas de materias primas y bienes de capital utilizados en sus procesos productivos. Una parte de esos recursos proviene hoy de la emisión de inorgánicos, que con el cambio de moneda no podría continuar. El crédito interno bajaría y muchas empresas se arruinarían. Y como el cambio de moneda y el fin de la emisión de dólares sin respaldo afectarían las finanzas del gobierno norteamericano, habría un recorte de subsidios, menos inversión pública y privada, y más desempleo. Las empresas subsidiadas, no importa el origen de sus inversiones, perderían rentabilidad y capacidad competitiva a escala mundial. A su vez, el recorte presupuestario, acompañado de un mayor desempleo, reduciría la demanda interna, las ventas y las ganancias de las empresas, muchas de las cuales no podrían seguir operando.

Consciente de que el desplazamiento de Estados Unidos es traumático, China lo lleva a cabo paulatinamente, para que no ocurra una caída brusca del principal mercado, el que articula la mayor parte del capital productivo, comercial y financiero mundial. Por eso China es una gran acreedora de Estados Unidos, pues le compra bonos del tesoro por cientos de miles de millones de dólares. Como se trata de un movimiento financiero-contable hacia Estados Unidos, parte de esos recursos permiten, a su vez, que los empresarios norteamericanos importen mercancías y el aparato productivo no quiebre.

Pero las leyes de la sociedad capitalista conducen a la lucha permanente por el control del mercado mundial. En un mundo basado en el lucro, el dominio del mercado internacional es la esencia de la política. De tal modo, el posible cambio de hegemonía no estará desprovisto de convulsiones.

Estados Unidos puede ser desplazado como primera potencia mundial, pero también puede  impedirlo utilizando su capacidad política y militar, sobre todo si controla los recursos estratégicos y los mercados de Suramérica, el mundo árabe y Medio Oriente. Por eso, el desenlace de la lucha política en esas regiones del mundo determinará el futuro de la humanidad para muchos años.

Para tratar de controlar el mundo, el Gobierno norteamericano cuenta con 4,500 bases militares dentro de su territorio y 823 fuera de él. Las fuerzas militares de Estados Unidos responden a cinco Comandos Estratégicos a través de los cuales vigilan a todos los países del mundo: el Comando Central, en Medio Oriente; el Comando Europeo, en Alemania; el Comando del Pacífico, en Hawai; el Comando Sur, situado en Miami; y el Comando Norte, que vigila el propio territorio nacional. También cuenta con cuatro comandos de combate sin ubicaciones específicas.

De la actual crisis no necesariamente saldrán revoluciones en América Latina y en otras regiones del mundo, pero podría haber mejores condiciones para el avance de las fuerzas de izquierda y progresistas. Las crisis económicas no liquidan la sociedad capitalista. La revolución requiere situaciones revolucionarias (crisis económica, social y política integral) y fuerzas organizadas que conduzcan los procesos de cambio. Mucho dependerá de las estrategias de la izquierda, de sus aciertos y errores.

(*) Cesar Villalona,  economista , ex-combatiente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y actual asesor de su Comisión Politica.

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