SIMÓN BOLÍVAR Y SU CONCEPCIÓN DEL CAMPO DE BATALLA -Guerra de Independencia y Territorio Extenso-

Por Néstor Rivero Pérez

En la trayectoria militar del Libertador Simón Bolívar hubo, como en la de todo genio de la vida pública, una evolución iniciada en sus mocedades cuando se integró como cadete de las Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, y que, pasando por la excepcional Campaña de Carabobo de 1821, culmina con la obra maestra del arte de la guerra configuradas en 1824 por las jornadas de Junín y Ayacucho, las que dieron su independencia al Perú. En este último ciclo de la gesta emancipadora continental y que culmina en 1825 con la creación del Bolivia, el Libertador cuenta con la asistencia invaluable del héroe cumanés Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho. Y en la concepción militar de Simón Bolívar resalta una línea de evolución que se perfila al paso de los años entre 1812 con su primera campaña militar, la del Magdalena en Nueva Granada, pasando por la Admirable de 1813 y la de Carabobo en 1821, hasta la del Perú en 1824, la que habrá de desembocar en las acciones de Junín y Ayacucho. Y en esta evolución de pensamiento militar del Libertador se inscribe la noción de vanguardia y retaguardia, en el marco extenso de liberación del  territorio en una contienda de escala continental, como sucedió durante la Guerra de Independencia del Siglo XIX frente a España.

I.- De Cadete de Milicia a Estratega de Junín.-

Fernando Falcón Veloz, estudioso de la primera formación militar de Simón Bolívar en su fase de cadete, recuerda que España tenía interés en dar instrucción adecuada a los cuerpos que defendían sus posesiones de ultramar. Así, en 1764 se dicta en La Habana el reglamento de Milicias de Cuba, el cual sirvió de base para el resto de los cuerpos de milicias que la Corona autorizó para Tierra Firme. De este modo, cuando en 1798 el joven Bolívar se recibe como subteniente de la Sexta Compañía de las Milicias de los Valles de Aragua, ya poseía los rudimentos técnicos indispensables sobre táctica para la defensa del territorio suramericano, que España proveía a sus súbditos de las colonias, puesto que a la Corona le interesaba disponer de grupos disciplinados que repeliesen las incursiones de los corsarios y flotas de potencias europeas interesadas en controlar nuevos territorios para afirmar su expansión, en el marco de las querellas interimperiales de la vieja Europa. Sin embargo, la monarquía española se cuidaba de dar una formación militar extensa e integral, temerosa de que eventualmente emergiese una oficialidad díscola con propósitos de subvertir el orden colonial y aspirase a la independencia teniendo armas y tropas bajo su mando. Así, a diferencia de los militares españoles que arribaban a las colonias, y de aquellos criollos que habiendo viajado a la Península durante las últimas décadas coloniales habían adquirido saber académico y experticia como soldados de España en contiendas en las cuales esta potencia intervenía, casos Francisco de Miranda, José de San Martín y Carlos de Alvear entre otros, Bolívar dio comienzo a su carrera militar partiendo de una modesta formación como cadete de milicias. Empero no se crea que ello significó obstáculo para una personalidad tan penetrante como la del futuro Libertador en lo concerniente al campo de batalla. Al contrario, en lugar de imponerse gríngolas, las limitaciones de cátedra le impelieron a cultivarse de forma autodidacta en el ámbito de la teoría castrense. De este modo Bolívar pasará a la historia americana como genio de la guerra en atención a una magistral combinación de tres factores: su voracidad lectora de temas militares, la agudeza del análisis y reflexión para extraer lecciones de cada combate, especialmente de las derrotas, y la aptitud de escuchar, de discutir con otros que poseyesen el vuelo” suficiente como para examinar la experiencia de las batallas sin dejarse arrastrar por las primeras impresiones o el sólo factor de la fuerza bruta. Así, el genio como organizador de campañas que se manifestó en Bolívar durante la campaña final del Perú y Alto Perú (Bolivia) entre 1823 y 1825, no dejará de reconocer la grandeza y pedir consejos, cuando aquella descollé en cabeza ajena, tal como se manifiesta en la carta que con fecha 14 de diciembre de 1823, le dirige al General Sucre desde Cajamarca, donde le señala “Si no es Ud no tengo a nadie que pueda ayudar(me) con sus auxilios intelectuales”.

II.- Avanzar sin dominar (1812-1816).-

En sus Apuntamientos, o memorias sobre las campañas de la Independencia en las cuales fue figura principalísima, el General Rafael Urdaneta recuerda a manera de consideración autocrítica, que en 1813, durante la célebre Campaña Admirable, el Ejército Patriota al mando del Libertador Simón Bolívar “avanzaba y vencía, sin asegurar territorios”. Habiendo sorprendido a un enemigo desprevenido que disponía de más de siete mil hombres a lo largo del territorio venezolano, el jefe realista Domingo de Monteverde terminaría, tras ser vencido por Bolívar el 31 de julio de aquel año en Los Taguanes (Cojedes), recluyéndose en el Castillo de Puerto Cabello, merced la sorprendente acometida que desde Occidente encabezada Bolívar con sólo ochocientos efectivos, al tiempo que desde el Oriente y sin ninguna coordinación entre uno y otro, Santiago Mariño libraba su Campaña Libertadora de Oriente; empero las dos fuerzas republicanas no sobrepasaban los mil seiscientos soldados. Así puede sostenerse que desde su Campaña del Magdalena, en territorio neogranadino, desde diciembre de 1812 hasta enero de 1813 -pasando por la Admirable de este último año en Venezuela-, e igualmente por la Guerra a Muerte de 1814, la segunda campaña del Libertador en Nueva Granada, desde finales de 1814 y primeros meses de 1815 y hasta la Expedición de los Cayos de 1816, con resultados inicialmente adversos para la persona del Libertador-, dichas experiencias bélicas  constituyeron el lapso de un duro aprendizaje y choque de sus ideas iniciales con la terrible complejidad del cuadro social, político, económico y cultural en medio del cual se aspira construir una patria. Será dentro de este cuadro que Bolívar alcance la plenitud de su madurez como estratega, en medio de un torrente histórico marcado por el extremo antagonismo entre quienes desean la Independencia para confirmar su derecho nobiliario, patriarcal y feudal sobre la masa esclava y el peonaje de una parte, y de la otra la mano de obra que pugna por liberarse de la servidumbre y que sólo a partir de 1816, tras los decretos abolicionistas dados por Simón Bolívar en Carúpano y Ocumare, en 1816, comenzará a encontrar el significado de la libertad en la lucha contra el orden colonial impuesto por la Corona española. A tan intrincado conjunto de circunstancias la mente del héroe aplica una voluntad tempestuosa de sabiduría, permítase la expresión, al filo de nuevas y continuas lecturas, tertulias y contrastes con otros próceres, de uniforme o gabinete, expandiéndose de este modo de forma decisiva, el horizonte reflexivo de quien se venía preparando para cumplir una excepcional misión continental.

III.- Realidades y avances (1817-1818).-

Será tras su resolución irrefragable de cruzar el Orinoco entre marzo y abril de 1817, para ponerse al frente del pequeño Ejército Libertador -que a las órdenes del General Manuel Carlos Piar había librado la Batalla de San Félix dando inicio a la liberación de Guayana-, cuando el Libertador se persuada del camino que le llevará a la victoria final de la causa republicana: era necesario disponer de una base regional de operaciones, periférica de Caracas, a partir de la cual se lograría el propósito de echar de Venezuela a los españoles colonialistas, y luego escalar victoriosamente la guerra contra la Península a nivel continental. Será a partir de la liberación de Guayana, y de disponer de los recursos de las Misiones del Caroní y tras la liberación del Orinoco y toma de Angostura en agosto de 1817, cuando la estrategia de Bolívar se constituye en una concepción de la base territorial como retaguardia, y el campo de batalla como punto de vanguardia del proyecto republicano emancipador En adelante se ira despejando esta visión de la contienda que asume el territorio liberado como retaguardia del territorio que aún permanece en manos del enemigo colonial. Así, en 1819, la Batalla de Boyacá constituirá la vanguardia de un vasto escenario de guerra donde la retaguardia se encuentra en Angostura, la capital adonde llegan pertrechos, legionarios, delegaciones diplomáticas y en donde se editan los periódicos y sesionan los congresistas que diseñan la institucionalidad republicana.

IV.- Concepción de una Campaña (1819-1821).-

De este modo en Simón Bolívar se manifiesta cada vez con mayor claridad la concepción según la cual el campo de batalla es una pieza en movimiento, la más tensa y extrema de un armonioso juego intelectual donde la campaña ha sido concebida relacionando los componentes del territorio extenso, como se vio en la Campaña de Nueva Granada de 1819, cuando Bogotá se mantenía bajo firme control del virrey Juan de Sámano y las entradas al Virreinato lucían inexpugnables debido al sólido control de los destacamentos que obedecían al coronel José María Barreiro y que cubrían cada uno de los callejones que conectaban a través de la cordillera andina, las bajas tierras del Casanare, con los valles centrales de Nueva Granada. Esta campaña, con su retaguardia territorial lejana, de donde provenían los recursos, Angostura y el Apure, contemplaba el punto de la vanguardia en cada colisión con las tropas de Barreiro: Tópaga, Gámeza, Pantano de Vargas y finalmente Boyacá. Ya para 1821, con un nuevo escenario, y contando con los recursos que la Nueva Granada liberada podía ofrecer a Venezuela, Bolívar concibe un escenario territorial gran-nacional: desde Angostura, el centro de la retaguardia republicana a los efectos de la guerra, se desplazará a Bogotá, en tanto que la vanguardia se mantendrá con cierta imprecisión, durante los primeros meses de dicho año, entre San Cristóbal y Barinas, hasta tanto la eficaz estrategia del propio Bolívar, obligue al jefe español Miguel de La Torre a reconcentrar sus fuerzas en la planicie de Carabobo en los primeros días de junio. Acompañando la movilización principal del Ejército Republicano entre Guanare y Tinaquillo a mediados de dicho mes, el Libertador ordena operaciones laterales, llamadas de diversión, las que hábilmente ejecutadas por sus lugartenientes, llevan a Bermúdez a tomar Caracas, y a Cruz Carrillo a avanzar sobre Barquisimeto, logrando Bolívar su propósito de que el jefe realista se desprenda de importantes cuerpos de su ejército, unos mil seiscientos hombres, creyendo que de este modo detendría el avance lateral patriota y a la vez mantener, La Torre, su fuerza realista principal estacionada en Carabobo, con condiciones de vencer a Bolívar en la batalla crucial que todos preveían. Así, el acierto estuvo de parte del héroe caraqueño en sus ponderaciones respecto al plan de la campaña, como lo recoge la historia con la victoria del 24 de junio de 1821.

VI.- Logística y Campo de Batalla.-

Tras haber conducido al lado de Antonio José de Sucre la Campaña del Sur y liberación del Ecuador en 1822 Bolívar, en agosto del año siguiente pasará al Perú, donde su estrella al frente del Ejército Unido brillará de modo espléndido. Habituado a trasladar junto a su equipaje varias mulas con cajones de libros, su teoría militar había alcanzado niveles a los que pocos oficiales, si es que los hubo, de su tiempo escalaron. Apenas Antonio José de Sucre desarrolló facultades de comprensión del escenario extenso de la guerra contra España con la magistral combinación de los factores que definen el camino hacia la victoria o el fracaso. Previsiones logísticas recomendaba el Libertador a su lugarteniente, en términos que señalaban una profundidad de la que carecía en 1813. Así el 13 de febrero de 1824 el héroe caraqueño alerta a Sucre respecto al alimento de los caballos y reses “(…) en todos los puntos de la sierra (del Perú) faltan pastos, y se deben suplir por medio de granos. Todo es…sierra pelada”. Ya en su epístola de Cajamarca del 14 de diciembre de 1823, a que se alude en párrafos anteriores, a tres meses de su arribo a la nación de los incas, el Libertador traza un orden de prioridades respecto a la Campaña del Perú “Necesitamos ante todo conocer el país y contar con los medios; después discutir si nuestros medios son de ofensa o defensa; después colocar estos medios y después emplearlos”. Grandiosas concepciones de quien se percata de la terrible encomienda que tiene por delante: dar su independencia a una país cuyos habitantes permanecen en disputas intestinas que ocasionan tres grandes antagonismos o partidos “primero: patriotas anti-grancolombianos; segundo los godos españoles y tercero, godos de Torre Tagle y Riva Aguero” (Carta del 16 de mayo de 1824). En todo caso la singular conjunción de circunstancias castrenses y geopolíticas suscitadas entre junio y diciembre de 1824 -cuando el ejército realista del Alto Perú (Bolivia), se separa del virrey José de la Serna, debilitando a este último en su defensa de la sierra frente a la ofensiva de Bolívar, luego de iniciar este su marcha hacia el Cuzco, asiento del virrey, a la vez que el brillante auxilio que al Libertador prestó Antonio José de Sucre como jefe de tropas en el curso de la Campaña de Junín y luego como general en jefe republicano de las operaciones que concluyeron con la jornada de Ayacucho del 9 de diciembre de dicho año-, elevarán a Bolívar a la condición de árbitro continental de la paz y la guerra, al menos hasta finales de 1826, cuando los sucesos de la Cosiata en Caracas y los manejos del Vicepresidente Santander en Bogotá, hagan descender el telón al ciclo de gloria continental que tuvo su cúspide en el cerro del Potosí. Dicho ciclo mostró a los contemporáneos y a la posteridad, el modo dúctil, coherente, creativo  y de armoniosa combinación de táctica y estrategia que en la mente de Bolívar desempeñaron la retaguardia territorial extensa y el campo de batalla como vanguardia de un escenario de guerra, y donde todos los factores debían ser contemplados para definir los acontecimientos, todos, como por ejemplo el entrenamiento de la tropa en paisajes montañosos y de escalamiento, como lo recuerda el propio Bolívar a Sucre “Diré por fin que máxima del Mariscal de Sajonia se cumple aquí perfectamente “Por los pies se ha conservado el Perú, por los pies se ha salvado y por los pies se perderá (Carta del 15 de noviembre de 1824).

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