CORONAVIRUS; LA VÍA A LA BIOREVOLUCIÓN O ¿BIOCOLONIZACIÓN?

Por Miguel Ernesto Salazar

El Coronavirus ha llegado para quedarse convirtiéndose en un gran desafío para la humanidad en el ahora y hacia el futuro. Su impacto en el mundo está aún por analizar y por escribir. Por ahora amenaza con producir una gran depresión en la economía global, los precios del petróleo llegaron a niveles insospechados hasta por los mejores expertos petroleros. El Coronavirus no solo ha puesto en evidencia la desigualdad social sino que amenaza con elevar los niveles de pobreza, tal como lo ha recogido Frei Betto recientemente la citar a la organización Oxfam sobre datos en la región: “la pandemia debe aumentar el número de pobres en nuestro continente, pasando de 162 millones para 216 millones, o sea, otros 54 millones más de personas con una renta diaria inferior a USD 5.5. Actualmente sobreviven en la extrema pobreza 67,5 millones. Número que podrá llegar a 90,8 millones”.

Pero también el Coronavirus volcó a la ciencia y la tecnología a generar una vacuna que haga posible retornar a la normalidad, si tal cosa es posible después de esta pandemia. Por ahora en el mundo, hay más de 70 investigaciones en desarrollo para encontrar una vacuna efectiva que enfrente al  coronavirus. Pero también ha despertado las teorías de conspiración vinculadas al origen humano de este Coronavirus y el uso de la ciencia y la tecnología para tal fin.

Coronavirus y conspiración

No ha bastado que la Organización Mundial de la Salud declare el origen animal del nuevo virus. Las teorías conspirativas sobre el desarrollo y uso de agentes biológicos y químicos para hacer la guerra han florecido en las redes sociales y en espacios virtuales de discusión, nuevamente con la llegada del coronavirus.  Acusaciones y suposiciones sobre el origen humano del Coronavirus han inundado las redes sociales.

Trump con su verbo encendido no tardo en acusar al Gobierno Chino, el “virus chino”, como lo ha bautizado, es para el inquilino de la Casa Blanca un arma construida por su rival en la batalla comercial por la conquista de la economía global. El portal digital español de noticias, “Hispanidad”, en una nota de Elogio López (16 de abril de 2020) sobre las acusaciones de Trump, señalo: “…el coronavirus es un invento de un laboratorio chino, aún más: ha aludido a que podría no tratarse de una negligencia sino de algo peor: un arma creada por la tiranía comunista china” (1). El propio Washington Post, el 25 de abril reseñaba el “memorándum de estrategia republicana” que “aconseja a las campañas republicanas culpar a China por el coronavirus”. “Don’t defend Trump” “Attack China.” Destaca el memo.

El trabajo de Colby Itkwitz en el Post, además señala: “El consejo para que los candidatos que voten por abajo sean consistentes con un esfuerzo republicano en curso para calificar al presunto candidato presidencial demócrata Joe Biden como «blando» con China. La campaña de Trump y un súper PAC pro-Trump han publicado anuncios que vinculan a Biden con China, este último incluso creó un sitio web llamado «BejingBiden» para resaltar los supuestos vínculos del ex vicepresidente” (2).

Las teorías de conspiración, algunas seguramente salidas desde las unidades “creativas” de la CIA, incluso han vinculado al magnate que te atesoró fortuna a partir de Microsoft y que ahora ha devenido en una suerte de filántropo,  Bill Gates, junto a la propia OMS y al Gobierno Chino, como protagonistas de esta trama conspirativa.

Pero todas ellas parten del hecho concreto del uso de agentes biológicos y químicos para torcer el curso de una guerra. ¿Nos extraña que la ciencia y la tecnología hayan utilizado para doblegar a los pueblos en su lucha contra el colonialismo e intervencionismo? ¿El mundo se enteró que EEUU desarrollaba un arma atómica con la finalidad de inclinar a su favor el curso definitorio de la Segunda Guerra Mundial?  ¿Y no lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? ¿Se sorprendió el mundo? Más allá de sorpresa ¿La opinión pública mundial denuncio el uso de la ciencia y la tecnología para este fin? Un científico de la talla de Albert Einstein al principio alentó en una carta al Presidente Roosevelt, el desarrollo de la bomba atómica para evitar que los nazis desarrollaran esta arma, esto sería el germen de lo que se conoció a futuro como “Proyecto Manhattan”  y al llegar el proyecto en su máximo desarrollo, Einstein emitiría otra carta solicitando que dicha arma jamás fuese utilizada. Esta vez no obtendría respuesta y su carta no llegaría a su destinatario y nos dejó su dilema: “El poder desencadenado del átomo lo ha cambiado todo excepto nuestras formas de pensar, y de este modo, avanzamos sin rumbo hacia una catástrofe sin precedentes. Los científicos que hemos liberado este inmenso poder tenemos una responsabilidad abrumadora en esta lucha mundial a vida o muerte para dominar el átomo en beneficio del género humano, y no para la destrucción de la humanidad”.

A Trump y a sus asesores científicos,  en sus acusaciones contra China se le ha olvidado la utilización del Napalm y el “Agente Naranja” durante la agresión a la que fue sometido el pueblo vietnamita durante la guerra que libro los Estados Unidos contra las fuerzas de Ho Chi Ming. Durante un poco menos de una década se estima que más de 80 millones de litros fueron rociados sobre territorio de Vietnam del Sur. Del Napalm quedo aquella terrible imagen de la niña vietnamita, Phan Thị Kim Phúc, quemada y sin ropa. Por otra parte, al día de hoy, miles de vietnamitas siguen padeciendo generación tras generación las consecuencias del uso del “Agente Naranja” como arma de guerra de los Estados Unidos contra el pueblo de Vietnam. Nguyen Van Phuc, un veterano de Vietnam de 64 años señala al diario El País: “Estados Unidos seguirá matando a vietnamitas durante generaciones”.  Aunque no hay que ir a Vietnam para saber cuáles pueden ser los efectos agentes biológicos y químicos en su uso durante un conflicto militar. Nuestro vecino Colombia tiene mucho que decirnos al respecto.  La implementación del “Plan Colombia” bajo la premisa del ataque contra las drogas y la erradicación de cultivos ilícitos puede darnos pistas a lo que el pueblo venezolano pudiera estar expuesto ante una eventual intervención militar. El Fusarium oxysporum, un “micoherbicidas”, prendió las alarmas de la comunidad científica internacional al saber de su uso sobre suelo colombiano a pesar de las restricciones hechas por la ONU sobre el uso armas biológicas y toxicas desde la Guerra contra Vietnam.  Vale la pena recordar también la acción del gobierno colombiano de la época y sus fuerzas militares con bajo el mando estadounidense en la llamada “Operación Marquetalia” donde se utilizó el Napalm con la finalidad de aniquilar a la insurgencia colombiana comandada por Manuel Marulanda.

Lo cierto que hasta la fecha el Coronavirus ha dejado fuera de juego a la más avanzada tecnología de los Estados Unidos  sobre el mar, el portaviones USS Theodore Roosevelt, donde el 20% aproximado de su tripulación fue confirmada como portadora del COVID-19 y su capitán apartada de sus funciones y de la marina por solicitar la atención de sus superiores para enfrentar la situación. Igualmente y según un informe del El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por sus siglas en ingles), considerado el número uno en los Estados Unidos, “así como el centro de excelencia de defensa y seguridad nacional para 2016-2018 por el «Índice Global Go To Think Tank» de la Universidad de Pensilvania”, expone una de las consecuencias que representa para el aparato militar estadounidense el desarrollo de la pandemia conocida como coronavirus, la restructuración del gasto en seguridad nacional “se resume al final del análisis, incluida la necesidad de modernizar el presupuesto de defensa de los EE. UU. Y adaptarse al hecho de que el virus aumentará la inestabilidad en muchos otros países, incluidos los socios estratégicos de los EE. UU. Pasarán varios meses antes de que se conozca a gran escala la crisis del Coronavirus, pero, una vez más, ya es hora de comenzar a considerar las opciones para reducir el gasto y las prioridades para reestructurar la solicitud de presupuesto para el año fiscal 2013”.

Pero dejemos la especulación y las teorías conspirativas, sobre todo si estas son fabricadas en los laboratorios de Langley, Virginia. Volvamos a los hechos.

El centenario

A un poco más de 100 años de la Primera  Guerra Mundial y el uso por primera vez de armas químicas, el desarrollo e innovación militar también sobrepaso el centenario.   

¿Escuchó hablar alguna vez de Fritz Haber? Premio Nobel de Química, contribuyó a revolucionar la agricultura a través del uso de fertilizantes inventando un método conocido como proceso Haber-Bosch, que multiplicaría con creces su producción. La síntesis de amoniaco haría así su entrada en la historia, su doble uso pondría al mundo a coquetear con su extinción.

A principios del siglo XX, el uso de nitrógeno en la agricultura mediante fertilizantes era tan solo una hipótesis. Hoy en las primeras décadas del siglo XXI, la FAO, determino que en el 2017, más de 109 millones toneladas de nutrientes nitrógeno para uso agrícola eran producidos. Igualmente estimó que  la producción de nitrógeno en el 2018 demandaría en “África 4,1 millones de toneladas, Europa 15,7 millones, las Américas 23,5 millones y Asia 74,2 millones de toneladas” (3).

Haber fue nombrado jefe departamento de suministros químicos del ejército alemán durante la Gran Guerra donde el frente de trincheras fue el protagonista de la contienda bélica, las innovaciones tecnológicas aparecieron en el campo de batalla, llevando a un uso “irrestricto” de la tecnología sin categorías éticas en las normas de combate.  Haber, personalmente supervisó el uso por primera vez de agentes químicos tóxicos con fines bélicos por parte del ejército alemán (1915), en la ciudad belga de Ypres. Un reportaje del  medio español “La Vanguardia” (4), da cuenta de un millón trescientas mil bajas a consecuencia del uso de agentes químicos (Bromoacetato de etilo, Cloro, Fosgeno e Iperita- “Gas Mostaza”, entre otros)  utilizados tanto por alemanes como por los aliados. Fritz Haber, introdujo de esta manera el uso del cloro como arma de guerra y dirigió el desarrollo de otros agentes químicos como el gas fosgeno y mostaza. La dirigencia alemana siempre exaltó el trabajo del químico alemán, tal como lo recoge una carta enviada por Heinrich Scheüch, Ministro de Guerra (1918): “Tus brillantes éxitos vivirán para siempre en la historia y seguirán siendo (…) inolvidables”.

La carta del soldado aleman Willi Siebert que escribió a su hijo (5), sobre el primer ataque con gas de cloro, describe los horrores de los inventos de Haber:

“En un momento se había despejado y pasamos junto a las botellas de gas vacías. Lo que vimos fue la muerte total. Nada estaba vivo. Todos los animales habían salido de sus agujeros para morir. Conejos muertos, topos y ratas y ratones estaban en todas partes. El olor del gas todavía estaba en el aire. Colgaba de los pocos arbustos que quedaban. Cuando llegamos a las líneas francesas, las trincheras estaban vacías, pero a media milla los cuerpos de los soldados franceses estaban en todas partes. Fue increíble. Luego vimos que había algo de inglés. Se podía ver dónde los hombres se habían arañado las caras y las gargantas, tratando de respirar. Algunos se habían pegado un tiro. Los caballos, todavía en los establos, vacas, gallinas, todo, todos estaban muertos. Todo, incluso los insectos estaban muertos”.

¿Biorevolución?

¿Qué tan probable es que ocurra una guerra biológica o química en el mundo? ¿Es Venezuela un objetivo de una guerra biológica o química? ¿Cómo triunfó el pueblo de Vietnam sobre una fuerza superior como los Estados Unidos a pesar del Napalm y el “Agente Naranja” utilizado por estos últimos?  El trabajo reseñado en el número anterior de la Revista Pueblo En Armas; “GUERRA IRRESTRICTA”, nos puede dar pistas para despejar estas interrogantes: “La ruptura con una visión cuantitativa, convencional, de llevar el récord de armas y su preponderancia tecnológica, a moverse en el campo de lo cualitativo y quebrar el campo de batalla clásico. Los coroneles chinos no hayan límites territoriales, culturales, sociales, económicos, científicos en los cuales un país más débil pueda llevar acciones de confrontación y de guerra”.

“Todas las opciones están sobre la mesa”, señaló en su  momento Trump para darle continuidad a la política de Bush y Obama sobre un país  que representa una “amenaza inusual y extraordinaria”. No se puede dejar a “cara o sello” una posible intervención militar a partir del desarrollo tecnológico de nuevas armas para ser usadas contra el pueblo venezolano como lo hicieron en el Japón, Vietnam, Siria, Afganistán, Iraq, Serbia, Líbano y Gaza, por citar algunos ejemplos registrados por la comunidad científica internacional.

¿Hacia dónde van los Estados Unidos? Una conferencia reseñada por el propio CSIS, con la participación de Tara O’Toole, una suerte de Fritz Haber del siglo XXI y que se desempeñó como Subsecretaria de Seguridad Nacional para Ciencia y Tecnología de 2009 a 2013, declara sobre la preocupación de los Estados Unidos sobre su Seguridad Nacional a partir del Coronavirus: “Creo que tengo que comenzar mencionando COVID-19. Sabes, a medida que empecemos a salir de esta pandemia, tendremos que repensar de qué se trata la seguridad nacional de EE. UU”. Continúa O’Toole señalando: “…en los últimos 50 años, hemos profundizado enormemente nuestra comprensión de cómo funcionan los organismos vivos. Y esa comprensión se ha hecho posible y se ha ampliado mediante el uso de las tecnologías, la informática y todo lo que viene con ella para crear lo que justamente se llama una biorevolución. Esta es la siguiente etapa de una serie de revoluciones científicas que han marcado puntos clave de inflexión en la civilización que se remontan cientos de años. Las biotecnologías, incluida la biología sintética, serán fundamentales para la economía del siglo XXI” (6). Incluyamos con el beneplácito de Miss O’Toole a lo último señalado por ella, no solo serán fundamentales para la economía del siglo XXI sino para las guerras que los Estados Unidos  declarará a las naciones que se abren camino hacia su independencia y soberanía, incluyendo a Venezuela.

Pero O’Toole no oculta la “grandeza” en el desarrollo de la BioRevolución por parte de los Estados Unidos: “Y como Jason Kelly de Ginkgo Bioworks lo ha dicho: la biología es esencialmente programable. El código de la vida no está escrito en bits o en unos y ceros. Está escrito en ácidos nucleicos que están secuenciados en código. Y debido a nuestra capacidad para secuenciar el ADN, lo que comenzamos a hacer en la década de 1970 y están mejorando cada vez más, nos hemos vuelto bastante buenos leyendo el código de vida”.

Más adelante continua explicando O’Toole: “Las armas biológicas a menudo se malinterpretan. Cuando tuvimos un programa ofensivo de armas biológicas en los años 60, demostramos en todas las situaciones, menos la guerra, que las armas biológicas son esencialmente el equivalente de las armas nucleares en términos de su capacidad para matar personas y su gran área de cobertura. Y recuerde, estas pruebas se realizaron con tecnología de la década de 1960. Y entre entonces y ahora hemos tenido una revolución en biología y biotecnología”.

Finalmente la conferencia de Tara O’Toole termina con un claro y “disuasivo” planteamiento: “En términos de una imagen más amplia del uso de la biología sintética en defensa, preferiría tomar: elegir uno o dos grandes objetivos, grandes misiones y tratar de lograrlo. Creo que en realidad es así: el enfoque del Proyecto Moonshot o Manhattan es en realidad una forma muy efectiva, según muestra la historia, de reunir equipos multidisciplinarios y armar algo que sea más grande que la suma de las partes. Así que elegiría un par de proyectos pequeños y crearía asociaciones público-privadas para lograrlos. Tanto para mostrar lo que la biología sintética puede hacer y lo que no puede hacer, como una forma de familiarizar al liderazgo y al país con la promesa de esta nueva tecnología”.  Recordemos que el Proyecto Manhattan fue el que desarrolló la Bomba Atómica como ya lo referenciamos al principio de ese trabajo. Y nos volvemos a preguntar ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar los Estados Unidos en su urgencia por recuperar la Hegemonía Mundial? ¿O’Toole no está planteando acaso el desarrollo de armas de destrucción masiva como una medida “disuasiva” y “aleccionadora” para aquellas naciones que representan una “amenaza inusual y extraordinaria” para los intereses gringos? ¿O’Toole se piensa en el Proyecto Moonshot como una manera de “buscar soluciones radicales” a los grandes desafíos de los Estados Unidos? ¿Innovación disruptiva para las nuevas formas de hacer la guerra? Habría que hacer una investigación acuciosa para saber a qué tipo de “The Garage” nos enfrentamos en lo que hasta ahora parece ser el desarrollo de una biocolonización.

Referencias:

(2)          The Washington Post, “El memorándum de estrategia republicana aconseja a las campañas republicanas culpar a China por el coronavirus”, escrito por Colby Itkwitz (25/04/2020. Página web https://www.washingtonpost.com/politics/2020/04/25/senate-gop-talking-points-coronavirus-blame-china-not-trump/?utm_campaign=wp_main&utm_medium=social&utm_source=twitter

(3)          FAOSTAT, es la base estadística de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. La página web: http://www.fao.org/faostat/es/#home ofrece datos hasta el 2017 y proyecciones de datos sobre alimentación y agricultura de más de 245 países y 35 regiones.

(4)          Diario La Vanguardia, “Los 5 gases más mortíferos de la Primera Guerra Mundial”, (29 de enero de 2019). Página web: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20190123/47309721488/los-5-gases-mas-mortiferos-de-la-i-guerra-mundial.html

(5)          La carta del soldado alemán Willi Siebert figura entre las innumerables piezas que expone el Museo In Flanders Fields sobre la Primera Guerra Mundial.

(6)        Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales,  “Biología sintética y seguridad nacional: riesgos y oportunidades (PARTE 1 de 2)”, escrito por Andrew Hunter (20/04/2020). Página Web: https://www.csis.org/analysis/synthetic-biology-and-national-security-risks-and-opportunities-part-1-2

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