Zona Gris: el camino de Gedeón

Por Miguel Ernesto Salazar

Estados Unidos ha cambiado la forma de hacer la guerra a partir de las derrotas y las cuantiosas bajas –elemento amenazante para las campañas electorales-, causadas en su campañas militares en Irak, Afganistán y recientemente en Siria, y del avance de la influencia de su enemigo histórico. La guerra convencional pareciera ser algo del pasado o por lo menos constituye una opción lejana, no descartable, especialmente para los Estados que promueven la guerra como medio para mantener sus intereses en cualquier lugar del mundo. Entre las categorías surgidas con esta nueva forma de hacer la guerra figura la “Gray Zone” (GZ) o zona gris, muy emparentada al concepto de “Guerra Hibrida” ¿La zona gris una vertiente de la Guerra Hibrida?  No se trata solo de un cambio estratégico sino que tiene implicaciones tácticas y operacionales.

¿EE.UU., ha fomentado en la Región las zonas grises? ¿Es Venezuela una GZ? ¿En qué consiste la GZ?

En la región, durante los últimos 10 años, los EE.UU., han venido diseñando y ejecutando un conjunto de políticas con el fin de frenar los movimientos y gobiernos progresistas que en algún momento cambiaron la correlación de fuerzas a su favor. Estas acciones se entremezclan en una línea muy difusa entre la paz y la guerra (llámese esta, convencional o hibrida). Sobre Venezuela especialmente se han centrado las acciones, entendida, como epicentro de los cambios geopolíticos en Latinoamérica.  Venezuela, ha reunido el Consenso de Washington, Republicanos y Demócratas, están de acuerdos de utilizar todos los medios disponibles para aniquilar el proceso revolucionario venezolano. Así que buscar una respuesta al dilema de que será mejor en el futuro próximo (noviembre) de Venezuela ante las eventuales elecciones; ¿Trump o Joe Biden? Sería como preguntarle a la humanidad sobre su futuro ¿Apocalipsis nuclear o un Meteorito de 3 kilómetros de largo por medio kilómetro de ancho? 

Lo anteriormente señalado nos lleva nuevamente a develar otra mentira sobre Venezuela hecha por Donald Trump a raíz de la “Operación Gedeón”, al manifestar a los medios que su gobierno no tiene nada que ver con esta fallida intervención militar en suelo venezolano bajo el pretexto de que de haber participado tal, y como ha probado con suficientes elementos el Gobierno Bolivariano, “hubiera sido diferente”, “si algunas vez hiciéramos algo contra Venezuela, eso se llamaría invasión”. ¿Concuerda lo dicho por Trump con lo que los cuadros militares estadounidense han pensado los últimos 5 años para llevar la guerra a cualquier rincón del mundo? ¿Qué tanto está Trump familiarizado con la Nueva Doctrina Militar estadounidense?

Los Estados Unidos no desean una guerra abierta, que implicaría el protagonismo directo de otros actores internacionales o de organismos multilaterales que pudiera conllevar un costo político significativo.  ¿Para qué pasar el umbral de la guerra abierta con características hibridas en una primera etapa, si puede utilizar mecanismos violentos de manera encubierta con la participación de terceros?  Como diríamos en Venezuela ¿Están los Estados Unidos, la administración Tump o el Pentágono dispuestos a quemar todas sus naves en un primer momento? ¿Hemos llegado al punto de inflexión que permita traspasar todos los umbrales del conflicto armado que implique involucrar el resto de la opinión internacional?

Contrariamente a lo que plantean algunos actores sobre las zonas grises y quienes la fomentan y generan estos espacios, asumiéndolas a Estados lejos de la hegemonía occidental, incluso plantean escenarios actuales con Influencia de China y Rusia; en la relación a Ucrania y el Mar de China. Lo hasta hora sucedido en territorio venezolano nos lleva a contextualizar la gestación de una zona gris sobre la zona de influencia de Venezuela donde el Caribe cobra una nueva vitalidad como escenario para acciones que caracteriza una zona gris: actividades clandestinas o encubiertas de índoles políticas, económicas, comunicacionales y militares.  Proyectadas estas a largo plazo, con la finalidad de “…desgastar a los actores afectados, deteriorando su legitimidad, su modus vivendi, su cohesión social, su economía o todas esas cosas a la vez, en un proceso que puede (suele) conllevar varios años (e incluso muchos años) pero que es estratégicamente rentable en sí mismo considerado, ya que la relación coste-beneficio de esta estrategia es exponencial”. Recordemos el plan diseñado por el Almirante Kurt Tidd, quien fuese Comandante del Comando Sur y que durante su gestión se elaboró en febrero del 2018 el “Plan para Derrocar la Dictadura Venezolana”, denominado “Masterstroke” o “Golpe Maestro”.

Venezuela ha vivido los últimos 20 años, tras la llegada del proceso revolucionario por la vía electoral, un conjunto de medidas y métodos previstos en esos manuales hechos y rehechos que están destinados a quebrar la voluntad soberana de un país. Varios de estos métodos empleados son los que el miembro del Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI), el catalán Josep Baqués, autor de un ensayo titulado: “Hacia una definición del concepto Gray Zone (GZ)” publicado en 2017, ha caracterizado dentro la implementación de zonas grises: 1) “operaciones más propias de una auténtica IW (Information Warfare) que incluya a expertos en ciberseguridad, a miembros de los servicios de inteligencia e incluso a componentes de operaciones especiales”. 2) “elaborar un «relato» o una «narrativa» que, de hecho, pasará a ser uno de los principales ingredientes de la GZ”. ¿Qué relato se ha construido sobre Venezuela? ¿Cuál relato se ha difundido sobre la presidencia interina y un fallido Estado paralelo? 3) “medidas de presión económica y financiera”, “medidas tendentes a erosionar la legitimidad de los actores presentes en la GZ o bien a beneficiar selectivamente a alguno de ellos. Es decir, pueden abarcar desde sanciones hasta subvenciones, probablemente amparadas en la legalidad interna e internacional; asimismo pueden incluir desde la negación de créditos hasta la concesión de ayudas en condiciones más favorables a las del mercado. Tampoco son extraños a esta lógica los cortes de suministros de productos tan relevantes como las fuentes de energía (o la mera amenaza de llevarlos a cabo) así como la manipulación de sus precios”. Estas medidas, según Baqués, puede (en nuestro caso, el venezolano, no es un mero desarrollo conceptual), “abarca desde la mera alteración artificial de los precios, hasta la realización de pequeños actos de sabotaje, pasando por la manipulación de los canales de suministro de bienes y servicios (algo especialmente útil cuando comienza a notarse la escasez y la consiguiente carestía de los mismos), a lo que debe añadirse la capacidad de estas redes para condicionar e intimidar a la población local”. Finalmente, el catalán concluye con el siguiente señalamiento: “La suma (o la intersección) de los elementos citados hasta el momento facilita que en la GZ se produzcan movilizaciones de la población civil. En muchas ocasiones, la clave del éxito de la GZ será, precisamente, esa implicación”.

En el último punto planteado por Josep Baqués, pudiéramos encontrar algunos elementos para entender el adelantamiento de la “Operación Gedeón”, no como una acción unilateral o “aislada” “loca” o “desesperada” de Jordan Goudrou ante un arrebato producido por el incumpliendo de un contrato que en su contenido ha pretendido acabar con el Estado-Nación. La urgencia por los impulsores de esta zona gris “caribeña” por crear un frente interno que acompañe al “relato” o a la “narrativa” diseñada y difundida en extensas campañas comunicaciones y de diplomacia (como por ejemplo los fulanos 54 países que han reconocido a Juan Guaidó como “presidente interino”), por ahora han fracasado. ¿Cómo se construye entonces el frente interno y su soporte, el “relato” o “narrativa”?

Para entender lo complejo que lo tienen los que tratan de implantar la zona gris, basta el “relato” o la “narrativa” de quienes hacen frente a estos planes, veamos lo que deja uno de los pobladores de Petaquirito involucrado en la ubicación y captura de los ochos mercenarios encabezados por el sobrino de Cliver Alcala: “Lo importante es que sobre todas las cosas, todos los males internos, seguiré firme en contra de todo elemento y aún más con los que me he encontrado vestidos con banderas y botas gringas que entre otras cosas de poco le han servido para caminar en nuestro suelo con lo complejo de nuestra topografía. Terminaron caminando con nuestras alpargatas”. Esta lección por supuesto no la vamos a encontrar en los elementos del ensayo del catalán de  Josep Baqués ni en los trabajos ni mucho menos en las líneas de investigación  del  Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI).

Habitantes como los de Chuao, Petaquirito, Cepe o cualquier otra de estas poblaciones de la costa venezolana que han tenido que enfrentar en conjunto con la FANB y la policía estadal de Aragua, posiblemente han constituido una pieza que ha permitido colocar un nuevo obstáculo en la constitución de la “zona gris caribeña”. Pero no perdamos de vista que en lo militar aun quienes promueven el aniquilamiento de proceso revolucionario  cuentan con un conjunto de bases militares y unidades de despliegue rápido para apoyar futuras nuevas incursiones que hayan aprendido la lección del fracaso de la “Operación Gedeón”.  

Aun nos debatimos entre la paz y la guerra.

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