La Geopolítica de las Pandemias (II)

Por Omar José Hassaan Fariñas

Radiografía de la Geopolítica Global Pre-COVID-19

Por debajo del manto supremo de la geopolítica global que cubre todo, existen una serie de procesos en el ámbito internacional que siempre se relacionan de una manera u otra a la rivalidad geopolítica global recién señalada. Aquí cabe destacar que las protestas violentas y desestabilizadoras en Hong Kong, por ejemplo, entran dentro de la rivalidad geopolítica antes señalada, y no como una categoría independiente.

A continuación, ofrecernos solamente un bosquejo general de los procesos geopolíticos más importantes que ya existían antes de la transformación del COVID-19 de una epidemia a una pandemia, asegurando que no es una lista exhaustiva:

  • El Medio Oriente, zona pesadilla de la geopolítica global (por lo complejo que suele ser), y que a su vez se divide en los siguientes conflictos (lista no exhaustiva):
    • La rivalidad geopolítica regional entre Arabia Saudita e Irán. Esta, como la rivalidad rusa/gringa y china/gringa a nivel global, es la que define la mayoría de los otros conflictos  a nivel regional, o por lo menos la que pone las pautas de cómo desarrollarían la mayoría de los conflictos regionales;
    • La agonizante y casi eterna guerra de mercenarios contra el gobierno sirio, la cual es un microcosmo de las rivalidades geopolíticas antes mencionada – tanto la global como la regional;
    • Turquía como potencia regional y su rol entre una alianza estratégica con Rusia sobre temas mundiales, pero a la vez una rivalidad indirecta con esta sobre el tema de Siria, asumiendo una postura agresiva contra el Gobierno de Al Asad y parte de los kurdos;
    • La gran tragedia humana (mas bien, inhumana), de la guerra en el Yemen;
    • La más eterna lucha del pueblo palestino contra la Entidad Sionista, y la relación de dicha entidad con el conflicto sirio y con las monarquías del golfo (salvo la de Qatar);
    • La rivalidad Teherán/Riad se complica y se extiende con la rivalidad Teherán/Tel Aviv, y las relaciones de cooperación y apoyo entre las monarquías del Golfo y la Entidad Sionista; 
    • La pobre Republica de Irak, lo que quedó de esta después de la calamidad de la invasión gringa del 2003, la cual fue tan devastadora como la invasión de los mongoles a ese país árabe en 1258;
    • El colapso económico y político/institucional en el Líbano;
    • La ilegitimidad y deficiencias del gobierno de Abdel Fattah el Sissy en Egipto, luego de un golpe de Estado en el 2013;
  • El conflicto esporádico con Corea del Norte, que se parece más a una competencia tragicómica entre dos superegos para determinar quién es más inestable psicológicamente, que un verdadero conflicto global o hasta regional;
  • El Brexit en Europa, que llevó a el gemelo de Donald Trump, el Señor Boris Johnson, al número 10 de la calle Downing, señor quien recientemente había declarado que  raíz de la crisis del COVID-19, los “ancianos” deben poner la vida para que los jóvenes prosperen, para caer con esa misma enfermedad pocos días después;
  • El continente europeo se enfrenta a varias situaciones que demuestran las múltiples personalidades de la entidad regional, entre odiar y/o cooperar con Rusia, independencia y sometimiento al Estados Unidos del Señor Trump, cooperar con Turquía sobre la crisis de refugiados desde Siria, pero después apoyar un golpe de Estado fallido contra Erdogan, luchando en contra pero a la vez apoyando la entrada del 5G de Huawei en el continente, favoreciendo los intereses gringos sobre sus intereses, o ignorando los gritos xenófobos del Señor Trump y cooperando con el gigante chino, y su inmenso banco de infraestructura.
  • La inestabilidad indo-pakistaní sobre Cachemira y otros elementos más importantes entre ambos países, con sus implicaciones para el rol de Rusia, China y Estados Unidos en esa relación altamente inestable entre ambas potencias nucleares del sureste asiático;
  • La firma de un acuerdo preliminar para ponerle fin a la guerra más larga de la historia estadounidense: la Guerra en Afganistán. Para inicios de la cuarentena en América Latina, ya se había firmado un acuerdo pero surgieron problemas en la implementación. Una clara victoria para los Talibanes, a pesar de lo que diga el Señor Trump;
  • Las guerras arancelarias del Señor Trump, las cuales efectivamente entran en el marco de la rivalidad geopolítica global gringa/china, pero no se nos debe olvidar que los ataques arancelarios son contra casi todo el planeta: la UE, Japón, países del sureste asiático, etc. Recordemos que el Señor Trump es muy generoso: “sanciones para todos, sin excepciones”, aunque naturalmente, ciertos países reciben poca o ninguna sanción: Gran Bretaña, la Entidad Sionista, Colombia, etc.;
  • El tratado OPEP + se derrumbó a comienzos de marzo del año actual, lo cual aceleró el colapso del precio del crudo a niveles de la década de 1990. Este asunto – más allá de la supuesta rivalidad Riad/Moscú – apunta a la destrucción parcial de la industria del esquisto que solitariamente ha colocado a Estados Unidos en la cima de la industria energética, actuando geopolíticamente en contra de todos los otros productores de petróleo en el mundo. Justo por esta realidad es que Trump actualmente se encuentra – paradojamente – “gritándole” a los rusos y a los sauditas para que lleguen a un acuerdo y recuperen los precios del petróleo, con la finalidad de “resucitar” la moribunda industria gringa de los esquistos;
  • Quizás el factor más importante de todos, al mismo nivel de importancia de la rivalidad geopolítica o “Guerra Fría” Estados Unidos/Rusia & China: la economía global está entrando en una recesión severa (más aguda que la del 2008-2009), producto de varios factores, entre ellos la pandemia del COVID-19, pero existen varios otros factores que ya habían aplicado sus efectos de deceleración a la economía global antes de la pandemia, como las guerras arancelarias de Estados Unidos contra el Mundo entero, y otros factores;
  • Finalmente, la compleja dinámica geopolítica en Nuestramérica, reducida a las expresiones más banales y simplificadas por parte de la política exterior gringa. La totalidad de la política panamericana del Señor Trump se reduce a un solo factor: cambio de régimen en Venezuela, el cual debe ser logrado por cualquier medio posible, pero siempre con una innegable autoría gringa. Observando el énfasis que le coloca tanto la administración de Trump como los medios de comunicación globales, podemos concluir que Venezuela y su “régimen comunista”, constituyen el único tema de interés en todo el continente. La totalidad de la agenda panamericana se reduce a solo este punto, tanto para el departamento de Estado como para su “oficina anexa”, la OEA, reducida ahora un mero “cubículo” de la diplomacia gringa, ocupado por un solo empleado (Almagro). Si juzgamos solamente por la atención y el enfoque político de la administración supremacista del Señor Trump, podemos llegar a las siguientes conclusiones sobre las realidades políticas del continente, a saber:
    • No existe un brote catastrófico de drogas y una guerra de carteles en México, justo a raíz del rol de estos carteles en saturar el mercado gringo, dejando el país en condiciones de guerra;
    • El flujo de inmigrantes centroamericanos hacía Estados Unidos no es un grave problema socioeconómico y estructural, sino una conspiración del malvado Maduro (así mismo lo identificó el Señor Ilegitimo Juan Orlando Hernández, Presidente de facto de Honduras);
    • Honduras, después que tiraron al hermano del Presidente de facto en una cárcel gringa por tráfico de drogas y tener evidencias contundentes de la muy adecuada caracterización de “Narcoestado” que perfectamente merece ser atribuida al gobierno de Juan Orlando Hernández, podemos decir que es un paraíso de estabilidad y democracia. No hay nada que buscar ahí;  
    • El Salvador, desde que firmó el acuerdo migratorio con Estados Unidos para que ellos hagan el trabajo sucio de los gringos, se ha transformado en un paraíso de estabilidad y democracia. No hay nada que buscar ahí;
    • Colombia es un paraíso de estabilidad y democracia (quizás la única verdadera perfección política y económica de toda la región latinoamericana). No hay nada que buscar ahí;
    • Brasil es un paraíso de estabilidad y democracia. No hay nada que buscar ahí (con un Presidente que pretende ser una pobre imitación del líder gringo);
    • Argentina ERA un paraíso de estabilidad y democracia. No había nada que buscar ahí;
    • Paraguay y Uruguay: oasis de estabilidad. Suficiente con eso.
    • Bolivia vivió diez años de miseria y desastre. Luego el pueblo se reveló contra la tiranía y el “fraude” electoral, y ahora reina la democracia de nuevo. Nada que buscar ahí.
    • Ecuador y Chile tienen excelentes gobiernos, pero el malvado Maduro se infiltró en la población de ambos países y creó – junto a la organización terrorista “Foro de Sao Paulo” – el caos y la disensión, pero ya todo está bajo control en ambos países y Maduro fue derrotado una vez más. No hay nada que buscar ahí;
    • Quizás el único problema que queda en América Latina – más allá de los regímenes de Maduro y el castro-comunismo – es el del acceso que aún se le otorga a la China en los mercados regionales, a pesar de los tantos aliados que tienen los gringos en la región. Este problema, como el de Maduro, no ha demostrado tener una solución sencilla y factible, por los momentos.
    • La OEA ahora está mejor que nunca: acabamos de reelegir el mismo hombre que tanto acusó a Maduro de ser antidemocrático por querer reelegirse. El mismo hombre dedicado por igual a todos los problemas de la región latinoamericana, los cuales se reducen a solo dos: cambio de régimen en Venezuela, y preservación de régimen en países como Bolivia y Honduras. 

El Sars-CoV-2 empezó a infectar los seres humanos entre noviembre y diciembre de 2019. Se supo de su gravedad durante los primeros días del mes de enero, justo cuando Estados Unidos estaba buscando una guerra contra Irán, aunque en realidad no estaría dispuesta a asumir, por lo cual permitió que Irán le lance cohetes a sus bases en Irak sin escalar las tensiones.

El COVID-19 empezó a expandirse en la población china en enero de 2020, y con eso empezaron los muertos. El gobierno chino, asumiendo incorrectamente que esto sería como la Gripa A, demostró más preocupación por el contagio del pánico (algunas veces suele ser más mortal que la propia enfermedad), que por el contagio viral. Pocos días después de ese error táctico, las autoridades chinas se percataron del verdadero peligro que representa el nuevo virus, particularmente su capacidad de expansión e infección, y colocó toda su capacidad de movilización y respuestas – de manera bastante organizada y agresiva – a combatir el COVID-19, asumiendo todos los sacrificios necesarios para contener y eventualmente neutralizar el peligro. La China pagó el precio de combatir la enfermedad con muchos muertos y una paralización dolorosa de su economía, materia de mucha alegría para los gringos.

Lo Emotivo en las Relaciones Internacionales

En este punto del análisis es que entra una de las lecciones que siempre trato de impartir a mis estudiantes de relaciones internacionales en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Las teorías de las Relaciones Internacionales siempre hablan de balances de poder, de los Estados como actores racionales, unitarios, monolíticos en busca de su seguridad y supremacía, en regímenes internacionales para el libre comercio, la formulación y la aplicación del derecho internacional, y todos, como siempre, tarde o temprano, suelen elaborar una “lista de dos columnas” que simplifica todo: Los malos, y los buenos. Casi siempre los malos son quienes no comparten las posiciones y las políticas de ciertos países (o ideólogos), y los buenos son justamente los países que comparten estas posiciones y políticas. Quizás no siempre usan expresiones como “bueno” y “malo”, pero siempre de una manera u otra terminan empleando esta dicotomía clásica, y en ese escenario, por lo general el más fuerte siempre suele ser también el más “correcto”, “moral” y “acertado”.

Pero en las relaciones internacionales existen otros factores que deben ser tomandos en cuenta para analizar y comprender, elementos que siempre quedan por fuera del análisis realista y/o liberal, incluso hasta el marxista, en ciertas ocasiones. Estos elementos son fundamentales para el estudio de todas las sociedades humanas. Nos referimos a la avaricia humana, la lujuria por el poder, el odio, la rabia, el desprecio por el “otro” que automáticamente es declarado inferior o “inhumano”, para así poder justificar su destrucción y/o sometimiento y esclavización. Nos referimos aquí a la gran gama de elementos emotivos que guían las acciones de los hombres – y las mujeres, pues como seres humanos, ellas tampoco están libres de los deseos de poder, de avaricia y de todo lo demás.

La rivalidad gringa-china es sin duda alguna una de los principales motores del sistema internacional, más aún desde la llegada del Señor Trump al poder, pues esta rivalidad se intensificó pero también sufrió cambios cualitativos. Como siempre suelen ser los gringos (particularmente de descendencia europea e ideología de derecha), muchos (no digo que todos, pero muchos), empezaron a celebrar el fin del gigante asiático, a punto de colapsar por su propio “virus chino”, como los gringos denominan el Sars-CoV-2 virus y su enfermedad, COVID-19. Las noticias del congelamiento de una gran parte del aparato productivo de la económica china para responder a la calamidad viral, fueron una señal de la supremacía gringa y el justo fin de sus enemigos. Los muertos chinos son una evidente señal que el pueblo “elegido por la providencia” aún sigue protegido, y sigue siendo la personificación de la supremacía en el ámbito global, tanto por razones raciales o étnicas, como por razones culturales, institucionales, etc.

Pero cuando empieza a llegar el virus a Estados Unidos, también empezaron a surgir los ataques xenófobos y racistas contra cualquier persona que tenga los “ojos” asiáticos. Ahora los chinos saben cómo se sienten los musulmanes en el país de las “libertades” y la “civilización”. Pero poco a poco, desde mediados de febrero a finales de marzo, es la China que empieza a demostrar la superioridad de sus métodos para controlar la enfermedad, y se empieza a ver el declive en el número de muertos y contagiados, demostrando que la estrategia, la resistencia y la disciplina china son los elementos necesarios y más efectivos para controlar la enfermedad. Justo cuando se evidencia los primeros éxitos de la estrategia china, la epidemia pasa a ser una pandemia.

Nunca será la primera ni la última vez que los gringos demuestran la banalidad de sus “schadenfreude” (alegría por la desgracia ajena, celebrar la calamidad de los otros, etc.),  y en los peores momentos que vivó la China con el COVID-19 (entre enero y febrero), se vio el horrible rostro del odio, la supremacía, la vanidad, y el desprecio por el otro que caracteriza a muchos gringos (de nuevo, no todos), creyendo que el virus “chino” va a matar solo a “chinos”, y los chinos han estado cayendo como las moscas por desafiar los amos y dueños del mundo. ¿Qué evidencia este tipo de actitud? La avaricia, el odio, la mezquindad, la lujuria por el poder y las riquezas, todo lo que acabamos de señalar en los párrafos anteriores. El realismo político, el liberalismo internacional, la escuela inglesa y la escuela de “regímenes” (estas son las teorías dominantes del estudio de las relaciones internacionales) no tienen nada que decir sobre este triste y miserable schadenfreude, pero este no solamente forma parte intrínseca e innegable de las realidades internacionales, sino la causa de muchos males que actualmente se viven en el mundo, y muchos más que vienen. 

La “Caída” de Roma

La “cuna” de la civilización humana se encuentra en Grecia y Roma (para nada en Egipto, Mesopotamia, el río amarillo o Tenochtitlan), y su máxima expresión se encuentra en los países “nórdicos” de origen germánico, como Gran Bretaña, Alemania, etc., y por extensión natural, en las antiguas colonias de estas potencias: Estados Unidos, Canadá, Australia, etc. Esta declaración es quizás la piedra fundacional de la llamada “modernidad” (engendrada en Europa, qué alegre coincidencia), y sigue siendo un axioma prácticamente religioso para ellos, y aunque este se “reconfigura” y se lo ofrece toques de “maquillaje” en la actualidad para que no suene tan racista, tampoco se permite sacrificar la necesaria estratificación humana que esta implica, entre los más civilizados – los germánicos – los menos civilizados – los latinos y eslavos de Europa (aquí entrarían los griegos, no sé exactamente porqué) – y los no-civilizados – todo lo demás, empezando por los africanos, los amerindios y los aborígenes australianos, quienes quizás ni si quiera  entran dentro de la definición de “seres humanos”.

Dadas estas “realidades” metafísicas y casi teleológicas del mundo occidental, uno se pregunta, ¿Qué está sucediendo en el continente “civilizado”, en la actualidad? ¿Cómo puede ser que los civilizados son ahora quienes están “cayendo como las moscas” a raíz del “virus chino”, mientras que los propios chinos demuestran toda la disciplina y el éxito que solo se puede esperar de los “civilizados”? Roma, la gran Roma, la del imperio romano – la inspiración principal para el “imperio republicano” de los gringos – se encuentra actualmente con más muertos que los propios chinos. Más humillante aun, la cuna de la gloria europea se encuentra actualmente recibiendo ayuda de los chinos. España, la misma de los Reyes Católicos, la del imperio en donde nunca se oculta el Sol, se encuentra indecisa, caótica y avergonzada, porque no pudo ni siquiera emular a los no-civilizados chinos y ya a punto de superar a los italianos en su caos y desgracia. Los británicos, seguramente la “crema” de todos los arios supremacistas, ya tienen a su Primer Ministro – la versión británica del Magnate Trump – con la infección china. ¿Cómo es esto?

Tanto los venezolanos en general como quien suscribe en particular, no compartimos la necesidad perversa de alegrarnos por las miserias de los otros, pues la mayoría de los venezolanos ni saben que significa la palabra “schadenfreude”, ni mucho menos la practican. El dolor de todos los pueblos es nuestro dolor también, sean estos chinos, rusos, indios o estadounidenses, incluso hasta si fueran marcianos. Pero los interrogantes presentados en el párrafo anterior son completamente válidos, más allá de señalar la falacia de las concepciones supremacistas, racistas, soberbias y “orientalistas” (esta última se le atribuye a Edward Said) que pudieran tener los europeos y los gringos sobre el “Otro”.

La China fue la que tuvo que enfrentar la desagradable sorpresa de descubrir la nueva mutación del H1N1 que nos dio el novedoso Sars-Cov-2, y ellos fueron quienes tuvieron que “innovar” las respuestas adecuadas para esta epidemia que ahora es una pandemia. Pero como dice el refrán, “guerra avisada no mata soldados”, (claro, el refrán es incorrecto en su sentido literal, pero el punto que pretende hacer sí es válido), entonces, ¿por qué la pobre respuesta europea y gringa a la pandemia, si la exitosa respuesta china no se dio en secreto, sino enfrente de todo el planeta?

De nuevo, debemos regresar a lo geopolítico, lo geoeconómico, y lo emotivo en las relaciones internacionales, para poder entender este pequeño enigma. En lo emotivo, la rivalidad geopolítica y el odio al adversario explican la convicción errónea que tenían varios estadounidenses, insistiendo en que la desgracia china nunca llegaría a sus costas, y sus poblaciones nunca sufrirán lo que los chinos sufrieron y siguen sufriendo, pues el “castigo” se aplica a los “malvados”, y nunca a los buenos. Y al estar disociados de la historia y sus lecciones, los estadounidenses por lo general no extraen enseñanzas de las calamidades humanas como la del H1N1-18, la mal llamada “Influenza Española”.

Aunque esa pandemia del Siglo XX originó en Estados Unidos, nunca la llamarán el “virus gringo”, naturalmente, y nunca percibirán esta como un “castigo para los gringos y sus aliados”. Más importante, se les olvida a los gringos que la pandemia de 1918 exterminó tantos millones de personas en todo el planeta, sin ser selectiva con sus víctimas, en basa a las razas, los grupos étnicos, las nacionalidades, las religiones o cualquier otro aspecto sociocultural de los seres humanos, pues solo le importa que tengan células que pertenezcan a la especie denominada Homo sapien. Esas concepciones socioculturales, desprovistas de cualquier fundamento en la realidad científica o social, explican parte de la ausencia de las preparaciones absolutamente necesarias para responder a un “tsunami pandémico” que ya ofrecía todas las advertencias necesarias, pero todas fueron sistemáticamente ignoradas.

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