Sabiduría mata filosofía

Por Gregorio Pérez Almeida

¿Y será que disfrutaremos «de las cosas más sencillas»…?

Me pregunta Geraldine y la respuesta es complicada, porque ¿Qué tiene que ver la filosofía que es eurocéntrica, toda todita, con la cosas más sencillas de la vida? Más fácil entran las vacas al matadero que las cosas más sencillas a ese mundo tan serio y cotorrero… ¿Saben por qué?

Porque *las cosas más sencillas de la vida no tienen “vocación de universalidad”*, como exigen los pensadores eurocéntricos que debe tener todo pensamiento que se diga filosófico. No la tienen ni falta que les hace ¿Para qué?… Miren la cagada que han puesto en el mundo con su “universalidad científica y filosófica”, que ahora andan buscando bajo las ruinas de las comunidades que destruyeron los valores humanos que mataron con el dizque “desarrollo civilizatorio”, y un animalito microscópico que ellos mismos crearon en su afán de ser dueños y señores de la naturaleza, les tiene “los mojones en guerrilla y los pelos en guirisapa”, como decía mi mamá.

Los occidentales eurocéntricos se cogieron el término “filosofía” para ellos y nos lo echan en cara, diciendo “¡Ustedes no tienen ni inteligencia ni cultura para producir este tronco de pensamiento!”. ¡Gran vaina! ¡Quédense con su miasma! Que frente a su filosofía están las sabidurías de los pueblos colonizados, de donde ustedes han robado mucho y se lo han embolsillado. De manera que disfrutaremos de las cosas más sencillas, pero no gracias a la filosofía, sino a nuestras sabidurías.

Las cosas más sencillas con o sin tapabocas

Ayer fue una contra clase de mucho auditorio y entre las y los participantes, estaba Andrés Aguilar Pérez, que tiene la dicha de ser “contemporáneo de Aquiles”, por lo que esperamos festejar pronto sus 100 añitos. Miren lo que me dijo:

“La escuela en su “clase 22” -pongo comillas porque no sé cómo llamarla- me trae un grato recuerdo de libros muy sencillos, poéticos, de humor y muy filosóficos. Ellos por esas razones me pusieron a pensar que había un lenguaje diferente y por tanto una mirada al mundo con otros matices o verlo de otra manera.

Esos libros son de un tipo ruso que firmaba “M Ilin”, uno es “Un paseo por la casa” y el otro “Cómo el hombre se hizo gigante”. El primero tiene que ver con el descubrimiento de nuestra casa, encontrarse desde por qué vivir allí, hasta entender el entorno donde la imaginación, ergo pensar, es necesaria porque allí ronda la filosofía y una buena cantidad de ciencias, por ejemplo: ¿Por qué el queso tiene huequitos y por qué el pan se esponja?… y están el jabón, el vino, el techo, el tenedor, la cama, el sueño, la limpieza, la madre, en fin el recorrido hasta llegar al final a la biblioteca. Ese recorrido filosófico de viajar dentro la casa nos deja exhaustos y maravillados. Eso es filosofía y eso es lo que hacen los hermanos Nazoa, en Amor y Humor y Mis historias incompletas.

El otro libro habla de la manera más sencilla y profundamente filosófica de cómo el hombre apareció en esta pelota que llamamos mundo y ha llegado a lo que es hoy: un depredador insensato y mal agradecido con la naturaleza.

Cuando se toma el libro de Aníbal: “Mis historias incompletas”, uno está entrando en nuestro propio mundo verdadero que nos lleva a pensar en que nos estamos descubriendo y ese es un gozo indescriptible. Filosofía pura nuestra sin el bagaje eurocentrista. Con Aquiles Nazoa, en Amor y humor, El Caballito que comía jardines, o el niño que le describe a su hermanito ciego el tren que él miraba, o “Buenos días señor Ávila leyó la prensa ya… el Ávila lloraba llovía en la ciudad”. Esa es nuestra manera de ver nuestro mundo y las conjeturas que se esparcen cuando caminas desde tu cuarto a la cocina para sentarte a escribir y llegar luego al balcón, respirar profundamente y un árbol te mira para decirte: ¡HOLA, conmigo puedes hablar sin tapaboca!

El otro es Ottoniel: “Entonces llamemos sapiencia a esa forma de pensar con la mente y el corazón y entre la gente. Un saber vivir transformando las flores del pueblo, con sus pétalos y espinas, en sensibilidad y sensatez para ser feliz”.

Y digo yo, mezclando las tres opiniones: ¿Cuáles son las cosas más sencillas, qué son y cómo son al día de hoy? Hace dos meses tendríamos otra respuesta, porque la vida nos batía como pluma en ventarrón y donde menos estábamos era en nuestra casa, pero ahora que estamos enconchados(as), aunque el ventarrón sigue ahí, hemos tenido ocasión de descubrirla, de respondernos desde por qué vivir allí hasta entender el entorno donde la imaginación es necesaria para comprender, por ejemplo, cómo hemos vivido entre tantas cosas innecesarias que acumulamos en los anaqueles del baño y nos quitan el sueño cuando faltan ¡Coño, se nos acabó la pasta de dientes! ¡Mamá, casi no tengo toallas sanitarias!

No hay cosas sencillas universales, cada cual tiene las suyas en las relaciones íntimas entre su mente, su cuerpo y su entorno. Yo puedo contar las mías y tal vez coincida con las de otros(as) y festejarlo como un gran descubrimiento.

Ahora, mirando bien las casas, lo que nos ha “igualado” es el mercado, por eso consumimos las mismas cosas dizque “necesarias” que nos han formateado el gusto para que lo superfluo se disfrace de sencillo, por lo que nadie puede decirle a otro cuáles son las “cosas más sencillas” de la vida sin peligro de repetir el engaño. Cada quien tiene que escarbar en su interior para encontrar las suyas y no ruborizarse si descubre que entre ellas está el saludo de un árbol que te invita a conversar sin tapabocas porque crees, con Aquiles, que “la amistad es el invento más bello del hombre”.

Cada quien que aproveche este momento para buscar en lo profundo de sí pero sin dejar de mirar a las y los otros que constituyen su entorno y le ponen colores, sabores, y sonidos. Seguramente encontrarás que la cosa más sencilla y segura es “creer en ti, porque sabes que hay alguien que te ama”, pero si no compartes ese amor impedirás de nuevo que brote “la sapiencia” necesaria para que cuando estemos otra vez en las calles, codo a codo, hombro a hombro con o sin tapabocas, “transformemos las flores del pueblo con sus pétalos y espinas, en sensibilidad y sensatez para ser verdaderamente felices”.

29/04/2020

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