Bolívar y las Armas en la Guerra de Independencia

Por Equipo del Consejo Editorial

«El tema de las armas y su búsqueda, así como la entera problemática relativa a los elementos de la guerra, son de las cuestiones vertebrales del pensamiento y la acción del Libertador» .

A principios de la década de los 80, específicamente, en el año de 1983, el esfuerzo editorial de la «Fundación Sucre, Pío Tamayo, Carlos Aponte», publicaba en su primera edición con 3.000 mil ejemplares. La obra titulada «Bolívar y las armas en la Guerra de Independencia». Su autor, Guillermo García Ponce (1), un veterano de las luchas populares, un conocedor profundo del arte de la guerra y un investigador meticuloso de la historia patria venezolana.

Este genial libro fue prologado en esta primera edición por el historiador José Luis Salcedo Bastardo, quien señala que esta obra centra «El tema de las armas y su búsqueda, así como la entera problemática relativa a los elementos de la guerra,…», agregando «cuestiones vertebrales del pensamiento y acción del Libertador».

Salcedo Bastardo nos indica lo que Garcia Ponce recoge en este libro, es Bolívar, son los hechos que rodearon al Quijote de América. Hechos devenidos en obras y estas, soportadas bajo las armas. A través de estas el coloniaje fue «barrido y arrinconado desde la costa Caribe a la pampa de la Quinua en Ayacucho».

El libro que plasma la obra del «combatiente de la libertad», al «campeón de la igualdad y al «abanderado de la causa unitaria latinoamericana», está compuesto por diecisiete (17) temas o capítulos que engloban distintas miradas de la guerra llevada por el Libertador Simón Bolívar y miles de venezolanos contra el imperio español. Una de esas vistas que el pensamiento de Garcia Ponce nos deja en «Bolívar y las armas en la guerra de independencia», es aquella que explora es la referida a las «Armas y moral». A continuación un pasaje de lo escrito por uno de los creadores de la Junta Patriótica.

Como necesariamente ocurre en la guerra, los problemas relacionados con la posesión de las armas tenían una especial repercusión en la moral del Ejercito Libertador y de la población partidaria de la Independencia.

La moral en la guerra se expresa, principalmente en el valor del combatiente, en su voluntad de lucha, en el brío para soportar sacrificios, en el ánimo para llevar adelante operaciones militares. Con frecuencia ha sucedido la derrota de ejércitos no tanto por recibir estragos superiores a los que podían soportar, sino porque, antes de ser vencidos, ya se había desvanecido su espíritu de pelea. ¿Qué es lo que lleva una tropa a huir sin estar quebrantada físicamente? ¿Qué conduce a un hombre al desfallecimiento antes de sufrir más allá de lo que puede aguantar?

No es vencido por la acción material del enemigo ni por los tormentos. Estaría en capacidad de resistir golpes superiores, pero su espíritu de lucha se ha desplomado.

La moral en la guerra tiene un fundamento ideológico. Se inspira en el patriotismo, en una causa noble, en la fe en el triunfo propio. En la formación de la moral del combatiente juegan factores tan importantes como la confianza en la dirección política y militar, el apoyo del pueblo, los éxitos en combates anteriores, la convicción de estar en capacidad de vencer; la preparación, experiencia y entrenamiento para hacer la guerra, entre otros.

Los patriotas contaron con elevadas fuerzas morales para llevar a cabo la Guerra de Independencia. Algunas surgieron junto con el estallido del movimiento. Fueron los razonamientos políticos y humanísticos que inspiraron la acción de los precursores y, después, las actas separatistas de 1810 y 1811. Otros factores morales fueron incorporándose y madurándose en el curso de la propia guerra, a medida que la lucha armada tomaba un carácter popular y patriótico, se incorporaban a ella las masas del pueblo, levantándose una plataforma antiesclavista y democrática.

Por supuesto, la moral combatiente de la República no se mantuvo en un mismo y rectilíneo nivel durante todo el curso de los quince años de lucha armada. Sufría los efectos de los propios vaivenes de la guerra. Extremadamente sensible, debido a la naturaleza misma del movimiento independentista, a su falta de cohesión ideológica revolucionaria militante, la moral se alteraba con frecuencia con los reveses, los cambios de la situación internacional, las noticias de España y de Inglaterra, como era de esperarse. Pero siempre hubo sectores, más adheridos a la causa por razones sociales y políticas, que mantuvieron un ánimo más resuelto pese a todas sus vicisitudes.

Durante la campaña de 1813-1814, por ejemplo, las noticias llegadas a Venezuela sobre las derrotas de Napoleón, crearon una sensación de escepticismo en las filas Republicanas, contribuyendo a la desmoralización frente a los avances realistas. La reacción realista y la desbandada independiente coincidieron con el ascenso de los ejércitos aliados. Estas noticias llegadas a conocimiento de los venezolanos con dos o tres meses de retraso, significaban la restauración de Fernando VII, la posibilidad de España para enviar expediciones militares a someter la rebelión en sus colonias, el fin de la coyuntura que había permitido en 1810-1811 las proclamaciones de independencia. Tales noticias fomentaron más aun el derrotismo golpeando la moral de combate ya maltrecha con los reveses en las operaciones, la escasez de medios, la inferioridad numérica y la falta de apoyo popular.

Influye también en la moral, en épocas de guerra, la confianza en las armas que se tienen a la mano para luchar: su cantidad y calidad, su superioridad o inferioridad ante el enemigo. El hombre es superior a todas las armas; al fin de cuentas, las armas no son sino instrumentos del hombre. Pero un hombre pobremente armado está más expuesto al peligro y a la muerte. Excluyendo condiciones excepcionales, un hombre escasamente armado necesita una alta dosis de moral para enfrentarse a otro abundantemente pertrechado. El grado de dominio sobre el armamento, profusión y eficacia, son, evidentemente, elementos que de un modo u otro juegan cierto papel en la moral de un ejército. Por supuesto, sus efectos serán transitorios. Carecen del sentido estable y permanente de las fuerzas morales provenientes de factores ideológicos.

En la Guerra de Independencia, la existencia o escasez de las armas en las filas insurgentes influían sobre las perspectivas de los combatientes, en su convicción o escepticismo sobre la victoria. De igual manera los afectaba la situación de las armas en el campo enemigo, si éste se mostraba poderosa o débilmente equipado. El estado de correlación de las armas se reflejaba en la moral de los patriotas. Efectos semejantes no tenían por qué dejarse sentir también en el campo realista.

Cuando en 1815 llegó a las costas venezolanas la expedición del General Pablo Morillo, el despliegue de aquel poderoso aparato armado golpeó duramente el ánimo de los partidarios de la independencia. Era «el mayor y más hermoso ejército que ha visto la América», según la expresión del Mariscal de Campo Juan Manuel Cajigal, Capitán General de Venezuela. Una escuadra de sesenta buques, encabezados por el San Pedro Alcántara, navío de 64 cañones; las fragatas Diana e Ifigenia, 34 cañones cada una; una corbeta de 22 cañones y una goleta de 8, además de 13 cañoneras bien dotadas. Seis batallones de veteranos de las recientes batallas contra Napoleón, los de «León», «Valency», «Victoria», «extremadura», «Barbastro» y «Cazadores de Castilla»; dos regimientos de caballería: «Dragones de la Unión» y «Húsares de Fernando VII»; un escuadrón de artillería de campaña formado por 18 piezas y dos compañías de artillería de fortaleza. (2)

Y sin embargo el pueblo enarmas venció al imperio español y  con Bolívar al frente lo batió por toda la América irredenta.

1.- Guillermo García Ponce, nació en Caracas en el año de 1925. Fue un destacado luchar social, militante del PCV, protagonista de la lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, miembro de la Junta Patriótica, protagonizo la espectacular fuga del Cuartel San Carlos. Fue fundador y director del Diario VEA. Falleció en el año 2010.

2.- García Ponce, G., (2002). Bolívar y las armas en la guerra de Independencia, (pp 175-177) Caracas, Venezuela: Fundación Sucre, Pio Tamayo, Carlos Aponte.

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